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13 de noviembre de 2017
por
El Chacarero
El henolaje de alfalfa es un método de
conservación química, que consiste en cortar el forraje realizando un oreado
hasta alcanzar un porcentaje de humedad comprendido entre el 45% y el 55%, para
luego embolsarlo o empaquetarlo, a los fines de crear condiciones de
anaerobiosis que permitan generar una fermentación láctica para su correcta
conservación.
De acuerdo al Instituto Nacional de Tecnología
Agropecuaria (INTA), esta tecnología llegó a Argentina a mediados de la década
del ?90 mediante la elaboración de rollos que luego eran embolsados con mesas
empaquetadoras. Si bien en un principio encontró aceptación como una
alternativa interesante en los lugares en los que era difícil producir heno de
calidad, rápidamente se difundió al resto del país por permitir una forma de
conservar la alfalfa con alta calidad nutritiva, proveyendo fibra (de alta
digestibilidad y nivel de consumo) y proteínas (verdaderas y nitrógeno no
proteico).
En Argentina, el henolaje evolucionó incorporando
bolsas con memoria (stretch) y luego con sistemas cargadores de rollos
frontales y embolsadoras de rollos con motor, que permitían agilizar el
trabajo. Si bien en otros lugares del mundo el henolaje en formato de rollo se
encuentra plenamente vigente y en continua evolución con rotoenfardadoras que
incorporan empaquetadoras en su parte posterior, la gran adopción masiva de
este forraje conservado en Argentina se logró cuando la recolección del pasto
empezó a ser realizada por picadoras de precisión y embolsado con máquinas
embutidoras en bolsa de polietileno, explicó el INTA.
En la actualidad, la técnica del henolaje
denominada erróneamente "silo de alfalfa", conservada en bolsas plásticas,
permite que el proceso fermentativo se desarrolle en condiciones adecuadas.
Pero además, brinda muchas facilidades de manejo, dado que al ser recolectado
por una picadora, permite ser incluido más fácilmente dentro de un mixer
mezclador, sumado a la disminución de tiempos operativos en la confección de
este forraje.
Un equipo de trabajo multidisciplinario e
interinstitucional buscó dar respuesta a diversas consultas sobre la
posibilidad de hacer corte directo de alfalfa para embolsado y permitió
dilucidar la técnica correcta y sus beneficios en la producción animal. En un
encuentro realizado en el INTA Manfredi en el que participaron especialistas en
forrajes conservados, redactaron un decálogo de buenas prácticas para la
confección de henolaje de alfalfa.
El informe fue elaborado por Fernando Opacak y Fernando Clemente de la
Cámara Argentina de Contratistas Forrajeros; Pablo Cattani, asesor privado
especialista en forrajes conservados, José Costamagna de Claas Argentina,
Javier Barnech y Patricio Villegas de la empresa De Laval, Guillermo Piñero de
HAB y técnicos de INTA, Federico Sánchez, Gastón Urrets Zavalía y José
Peiretti.
Así, surgió una guía de procedimientos, paso a
paso, para lograr un correcto henolaje.
El decálogo de las buenas prácticas en la
confección de henolaje de alfalfa
1.
Momento de corte: Un punto clave a la hora de lograr
calidad en el henolaje de alfalfa es el momento de corte, que debe realizarse
cuando se encuentra en botón floral, dado que debemos lograr la mejor
combinación entre cantidad y calidad de materia seca digestible.
2.
Porcentaje de materia seca para la confección:
Respecto al proceso de conservación, el factor determinante en este caso es el
contenido de humedad que presenta el material al momento del picado o
enrollado. El forraje debe picarse cuando contiene entre el 45 y el 55% de
materia seca, y para ello, en el caso de la alfalfa, debe realizarse siempre un
oreado previo al picado, teniendo en cuenta que en el momento óptimo de corte
la planta en pie contiene un porcentaje de materia seca de entre 18% y 24%, o
su equivalente en humedad entre el 82% y el 76%, respectivamente.
3.
Corte y acondicionamiento: A la hora de realizar el
corte para pre-oreado lo más conveniente es la utilización de segadoras
provistas de acondicionadores, dado que se logra un corte de calidad, un mínimo
repicado de hoja y el quebrado que provocan los rodillos en los tallos
facilitan la pérdida de agua favoreciendo la calidad del forraje.
Los cabezales de corte directo no son
apropiados para la confección de henolajes, como en el caso de alfalfa. Sólo
deben utilizarse para confeccionar silajes, donde el porcentaje de MS debe ser
mayor a 32% y menor a 40%, como es el caso de cereales de invierno en estado de
madurez avanzado y cultivos de verano como maíz y sorgo.
4.
Estructura de la andana: Un factor que influye en
forma directa sobre la uniformidad de picado es la condición de la andana, dado
que del volumen de la misma depende la eficiencia con que la picadora realiza
el trabajo. Para que las cuchillas realicen un corte neto y parejo contra la
contracuchilla, es necesario que los rodillos alimentadores entreguen una buena
cantidad de forraje, de modo tal que el material no se escape y quede
aprisionado por los rodillos. Cuando las andanas no son voluminosas, los
rodillos no pueden ejercer la suficiente presión sobre el forraje, por lo tanto
cuando la cuchilla pasa, arrastra y desgarra el material, dando como resultado
un henolaje con una gran variabilidad en el tamaño de picado. Es por ello que
resulta conveniente partir de lotes con pasturas bien densas además de juntar
una buena cantidad de material.
5.
Alimento sí, tierra no: A la hora de confeccionar
henolaje de alfalfa, deben extremarse los cuidados para evitar el agregado de
tierra al material a embolsar. Debe procurarse cortar con máquinas de gran ancho
de labor y pasturas de buen volumen, tratando de evitar unir andanas mediante
el uso de rastrillos estelares, ya que podrían incrementar la cantidad de
tierra dentro de la bolsa o rollo. Una herramienta que ayuda a juntar hileras
son lo agrupadores de hileras adosados a las segadoras, que permiten juntar
material sin contaminarlo con tierra, gracias a un sistema de noria de
accionamiento hidráulico que está montado en la parte posterior de las
cortadoras acondicionadoras.
6. El
rastrillado giroscópico: Otro gran aliado en la
confección de este tipo de forrajes, para aumentar el volumen de la andana, es
el uso de los rastrillos giroscópicos, los cuales permiten hilerar el forraje
casi inmediatamente después de cortado y evitando la contaminación con tierra.
7.
Tamaño de picado: El tamaño ideal de picado para
pasturas ronda los 15 mm, priorizando siempre la uniformidad de picado. De esta
manera se busca una mayor facilidad de compactación al momento de embolsarlo,
ya que el material no presenta aglomeraciones, evitando así las presiones
excesivas en las bolsas. Es importante recordar que si el forraje se destina
como fuente de fibra, el largo de picado debe superar los 20 mm.
8. Uso
de instrumental para correcta detección de % MS:
Cuando se confecciona henolajes de alfalfa no se debe subestimar la
identificación del correcto porcentaje de humedad del material. Para ello, la
utilización de humedímetros electrónicos es un sistema práctico con poco margen
de error, además de encontrarse disponibles en el mercado a precios accesibles.
9.
Embolsado: Cuando se confeccionan bolsas de henolaje
de alfalfa, se debe poner especial atención en contar con un adecuado terreno,
controlar el llenado del túnel de compactación y la formación de la bolsa y el
estiramiento en la regla graduada, ya que al tratarse de un material que no
fluye fácilmente se tienden a formar zonas flojas y zonas de sobre-presión, lo
que ocasiona un detrimento de las condiciones de anaerobiosis y del
estiramiento parejo de la bolsa.
10.
Inoculantes: que sean aprobados por SENASA: A la hora
de pensar en la inoculación del henolaje de alfalfa es importante recordar que
se trata de un cultivo difícil de fermentar por presentar bajo contenido de
azúcares y capacidad buffer, hecho que puede condicionar la fermentación
láctica. Por eso resulta indispensable la práctica de la inoculación
incorporando bacterias específicas a tasas mayores a 100.000 Unidades
Formadores de Colonia/gramo de silo, como respaldan todos los ensayos de
inoculación en el mundo, para mejorar las condiciones de fermentación y la
estabilidad aeróbica de estos henolajes.
Para garantizar la calidad del alimento que
luego serán transformados en carne y leche, es obligatorio y sumamente
importante usar productos aprobados por SENASA, identificados con marbete, y
que incluyan prospecto y recomendaciones de uso. Esa responsabilidad recae
sobre el productor, que debe velar por la inocuidad de los alimentos que
produce.
Fuente: INTA
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