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17 de julio de 2017
por
El Chacarero
Lucas Borrás es investigador independiente del Consejo
Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet). Se recibió de
ingeniero agrónomo en Buenos Aires y realizó un doctorado en Ciencias
Agropecuarias con una beca del Conicet. En 2004 se mudó a California, Estados
Unidos, donde se desempeñó en una empresa de semillas. Luego trabajó en la
Universidad de Iowa, EE.UU. por cuatro años. A fines de 2008 regresó a
Argentina a través del Programa Raíces, y actualmente se desempeña en el
Instituto de Investigaciones en Ciencias Agrarias de Rosario (IICAR,
Conicet-UNR), en la localidad de Zavalla.
Investigación y
transferencia inmediata
Las principales líneas de investigación del laboratorio
tienen que ver con distintos tipos de manejos de maíz, soja y sorgo: qué prácticas
de manejo tiene que realizar el productor para optimizar el uso de insumos para
mejorar el rendimiento y la calidad del producto final.
El grupo de trabajo está conformado por cuatro
investigadores y diez becarios doctorales. Durante el verano tienen entre dos y
cinco pasantes rentados que ayudan con la toma de datos.
"El productor
agropecuario tiene que decidir para cada lote qué cultivo va a hacer, y
después, para cada cultivo, tiene que definir algunas prácticas de manejo
básicas: fecha de siembra, densidad, qué genotipo siembra, qué fertilización
pone, si utiliza un fungicida o no. En los últimos años hemos trabajado
fuertemente en lo que es fecha de siembra. Tradicionalmente el maíz se sembraba
en septiembre, octubre. En la actualidad más de la mitad del maíz se siembra en
diciembre. Eso ha llevado a optimizar prácticas de manejo para esta nueva
situación. Por ejemplo, elección de genotipos para estas fechas nuevas. En
función de eso testeamos que variables de manejo tiene que modificar el productor
al cambiar la fecha de siembra", señaló Borrás.
Por ejemplo, el maíz Plata Argentino de color rojo y
consistencia dura -tipo flint- es reconocido internacionalmente por su calidad
para determinados productos finales como los copos de desayuno. "Realizamos muchas investigaciones para
apuntalar este maíz porque la industria lo sigue requiriendo para productos
premium, o de alta calidad. Trabajamos fuertemente en buenas prácticas
agrícolas y en elección de genotipos para maximizar la calidad del producto final.
El mejoramiento de los granos y el manejo que realizar el productor repercute
en los productos que llegan al supermercado", sostuvo el investigador.
Argentina es el único proveedor mundial de este maíz, y genera ingresos por más
de 100 millones de dólares anuales.
Desde fines de 2008 hasta la actualidad cuentan con más de
treinta convenios con empresas: a veces son servicios de análisis de datos o de
testeo de un producto. Hay otros en donde se sientan a ayudarles a los
productores a diseñar experimentos adecuados para resolver problemáticas que
tengan que ver con maíz, soja y sorgo. "Siempre
dentro del marco de buenas prácticas agrícolas, de sustentabilidad del sistema
productivo", afirmó Borrás.
Y dijo que: "Hay que
entender que el sistema de producción de Argentina es muy sustentable cuando
uno lo compara con el de otros países. Casi todo toda la producción está bajo
siembra directa, es decir, hay una remoción y erosión del suelo mínima, y a su
vez, el uso de fertilizantes es mínimo comparado con otras regiones del mundo.
Usamos poco fertilizante de manera eficiente, y a su vez, no se riega. La
región central argentina está basada en lluvias naturales. Por lo tanto, no hay
que gastar energía para regar los cultivos".
Docencia e
investigación: un círculo vicioso positivo
Borrás también es docente en la materia "Manejo de cultivos extensivos" en la Facultad de Ciencias Agrarias
de la Universidad Nacional de Rosario. "La
investigación que hacemos en el grupo de trabajo impacta en lo que comunicamos
en el aula, tanto en el grado como en el posgrado. El investigador siempre
tiene que hacer docencia, ya sea formando becarios o alumnos de grado como en
Agronomía. Hoy tengo tres becarios del Conicet: uno trabaja en calidad de
granos para molienda seca, otro en optimización de manejo de maíz temprano y
tardío. El tercer becario trabaja en una empresa en Venado Tuerto y se
especializa en girasol", explicó.
Según el investigador, estar cerca de los alumnos permite
extender los resultados a la parte de las aulas y facilita la búsqueda de
nuevos becarios que estén interesados en resolución de problemas como los que
tienen en el IICAR. "Es un círculo
vicioso positivo", sostuvo el investigador que tiene más de 40
publicaciones internacionales referidas a manejo y eco-fisiología de los
cultivos de maíz, soja y sorgo.
Su equipo de investigación fue conformado en principio por
un par de agrónomos, pero en función de los proyectos que surgieron necesitaron
incorporar personas de otras disciplinas. "En
los últimos años se sumó gente con habilidades en genética y personas del área
de procesamiento de alimentos. Tenemos proyectos que tienen que ver con la
industria procesadora de granos: soja o maíz. Ser un grupo multidisciplinario
nos da habilidades en el momento de resolver temas prácticos que es lo que la
industria muchas veces requiere".
Más allá del
laboratorio
Borrás y su equipo traspasa las paredes del laboratorio no
solo en casos de transferencia: realizan reportes de extensión al sacar notas
en revistas que llegan a los productores, brindan charlas a grupos de
productores sobre buenos manejos en prácticas agropecuarias. Además, organiza
jornadas de extensión una vez por año. "El
año pasado hicimos una jornada de manejo de maíz flint -que se exporta a
Europa- y asistieron 280 productores. Allí proveedores de insumos,
exportadores, parte de la industria procesadora nacional e internacional, y
productores dieron su punto de vista para optimizar la cadena en su conjunto".
El objetivo principal es generar información confiable y útil, para tomar
decisiones y definir estrategias productivas.
Después de casi nueve años de haber regresado al país,
Borrás no se conforma y mira para adelante.
"Los desafíos son que el grupo de trabajo crezca más allá de mí, que sea algo
sustentable en el tiempo y no dependa de una o dos personas. Eso es algo
importante para el laboratorio. Siempre hay preguntas nuevas, dificultades en
el sistema de producción, algo que limita a la producción y está bueno estar
abierto a contestar preguntas diversas". Hoy mira para atrás y piensa que
no era una idea vana, era una realidad. "Eso
se nota en cómo hemos crecido y como nos hemos relacionado con el sistema
productivo".
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