31 de mayo de 2017

PERSONAJES DE LA SEMANA

PERSONAJES DE LA SEMANA. Una vida de película

por
Mauro Carlucho

Pasaron toda la vida juntos,  si apenas se llevan un año de diferencia. Juan Carlos dirá que su madres los crió como si fueran mellizos y así siguieron hasta el presente. Primero en la casa de Centenario 180, la actual Fuerte Independencia.

La infancia la vivieron en pleno centro, a pocos metros de lo que fue su segunda casa: el salón parroquial.

En el edificio donde hoy funciona el Teatro del Fuerte, pasaron tardes enteras frente a la pantalla grande. Otros días iban al club Santamarina, donde también había proyecciones.

"La pasión vino inculcada de nuestra madre, aunque mi padre también lo disfrutaba. En aquellos años se veía mucho cine, por eso digo que estábamos en la película Cinema Paradiso. En Tandil llegó a haber 5 cines, iba todo el mundo", recordó ante ElDiarioDeTandil.

Vale remarcar que no había televisión prácticamente y no había demasiados entretenimientos. El cine era una atracción para muchísima gente.

"Cuando íbamos con nuestra madre, primero pasábamos por la plaza a comprar caramelos y después nos íbamos al cine. Nosotros nacimos en el 47 y en el 48, no llegamos a conocer el Cine Bar Americano donde había mesas y se podía tomar algo", mencionó el coleccionista.

Cuando hablamos de sus predilecciones en cuanto a sala, Juan Carlos, el portavoz de los hermanos, sostiene que "me encantaba el Cine Americano, ?de rompe y raja? como se decía en aquel tiempo. Las películas de cowboys, de acción, de romanos. ¡Se llenaba todo! Cuando los protagonistas se besaban siempre alguno gritaba ?chupa, chupa, que yo pago?, que buenos momentos", afirmó emocionado.

El encuentro con estos personajes se dio en la Biblioteca Rivadavia, otro lugar habitual de Juan Carlos. Acodados en un escritorio de la centenaria institución, de la Torre se emocionó en varios paisajes de la entrevista. También lanzamos bravas carcajadas que retumbaron el ambiente. Algún parroquiano nos miró de costado, pero al ver la figura de un personaje característico, solo atinó a bajar los ojos para zambullirse nuevamente en la lectura.

"Éramos tan asiduos visitantes al cine que en la mayoría nos dejaban pasar.  Como siempre competíamos mucho, al volver a casa nos desafiábamos a ver quien conocía más actores del film. Freddy empezó a escribir críticas para el diario cuando tenía 16 años bajo el seudónimo de Freddy Lee y yo fundé la agrupación TeC70 con los compañeros de la escuela. Para juntar fondos le pedimos una sala a Rubén Ferraro que era el administrador. Empezamos a pasar películas en la semana y la gente lo reventaba. Hacíamos publicidades en la plaza y las películas fueron un éxito", indicó tratando de explicar esa pasión que no paraba de crecer.

El menor de los de la Torre terminó la escuela y se fue a trabajar a Loma Negra, al tanto que Freddy lo hizo en la Compañía Agrícola Ganadera. La vida continuaba, pero el cine seguía presente. Todavía no entraban en escena los afiches tan famosos.

Cuando Ferraro dejó su lugar de amo y señor de los cines locales, enseguida los fueron a ver a los hermanos de la Torre que rápidamente aceptaron un trabajo soñado. La historia cuenta que Freddy tomó las riendas y Juan Carlos era su colaborador. Pero puede haber otras versiones de este momento histórico.

Lo cierto que agarrar la administración del cine los puso en contacto con un submundo escondido tras la pantalla. Primero significaba mirar el detrás de escena de una puesta en pantalla y por otro lado los colocó frente a un tesoro compuesto por más de 3 mil afiches de películas.

"Enseguida le hicimos una propuesta a los dueños del cine y los compramos. Estaban abandonados, algunos húmedos o comidos por las ratas. Pero enseguida los clasifique y me di cuenta que teníamos un material muy bueno. Ahora tenemos más de 7 mil, según mis cálculos, pero no lo sé con exactitud", dijo sobre los comienzos de un hobby que no conoce otro caso igual.

 Esa colección fue la llave de entrada a otro submundo desconocido: los festivales de cine. La primera exposición la hicieron en Tandil, pero rápidamente empezaron a traspasar las fronteras. Mar del Plata y Pinamar son los encuentros obligatorios, pero han sabido participar de muestras en todo el mundo.

En Cuba, Juan Carlos fue Jurado de un festival que tenía a gente como Gabriel García Márquez y Oliver Stone, el genial director norteamericano, entre los participantes destacados.

"Estuvimos 14 días como culo y calzón con García Márquez, hasta conocí y le di la mano a Fidel Castro. Comíamos caviar ruso y la pasábamos como príncipes. Fue algo insuperable", comentó.

Esta pasión lo llevó 5 veces por el viejo continente y otras 5 veces por los Estados Unidos. Sus afiches engalanaron la ciudad de Chicago, Nueva York y hasta realizó una exposición en Tucson, Arizona, la meca del western en un homenaje inédito al género del lejano oeste.

En el único lugar que les faltó exponer fue Cannes, pero Freddy se sacó el gusto en un viaje por Europa que incluyó el Gran Premio de Mónaco en el Principado.

Hoy a la distancia, reconoce que no ganaron un mango con los afiches, pero "lo hemos disfrutado. Estuvimos de encargados en un cine hermoso, viajamos por el mundo y disfrutamos de la vida".

En el presente siguen yendo religiosamente al cine todos los fines de semana (o casi). Se ponen la mejor pilcha y salen juntos a pesar de que se sientan en una punta cada uno. "Yo soy muy grandote y no me gusta que me molesten. Cruzo las piernas, me muevo. Yo me meto adentro de la película prácticamente. Por eso no voy con nadie al cine, ni siquiera con una señorita. En los festivales podía mirar 8 películas por día, pero lo hacía por placer. Hoy seguimos como podemos. A la madrugada siempre encontramos alguna de acción en el cable y nos quedamos uno a cada lado de la mesa", finalizó.

Ambo rondan los 70 años y siguen igual que siempre.  Una vida de película.

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