29 de mayo de 2017

NOTA DE TAPA

NOTA DE TAPA. ¿La salida o el tren de frente?

La actividad económica local tiene en la producción primaria su más elevada fuente de ingresos. Así, el pulso económico de la ciudad va unido a esa actividad económica relacionada con la transformación de los recursos naturales en productos primarios no elaborados llamada comúnmente "el campo".

El presidente de la Sociedad Rural, Ángel Redolatti, puntualizó un dato que no por reiterado deja de ser acertado: la suerte del sector está influida grandemente por los fenómenos del tiempo, como las lluvias excesivas o las sequías.

Como el clima no es homogéneo en todo el Partido de Tandil, incluso las buenas y malas rachas tienen matices, a veces muy marcados.

El riesgo de quienes trabajan este sector de la producción está presente y en ocasiones, ligado al azar. "A los que sembraron maíz a fines de octubre los agarró la seca, mientras que aquellos que se atrasaron hasta el 20 de noviembre les tocó buen clima", ejemplifica.

 

Redolatti explica que el rendimiento promedio por hectárea en Tandil está entre 2200 y 3000 kilos. "Un rendimiento de 30 quintales (1 quintal = 100 k) es aceptable, por debajo de eso ya entrás en una ecuación más cercana a recuperar la inversión y te acercás a la posibilidad de que te toque perder dinero, algo que no es infrecuente en nuestra actividad".

Y responde que los privilegios que les otorgó Mauricio Macri en los primeros meses de gobierno "están lejos de ser grandes ventajas porque la quita de retenciones para trigo, maíz y girasol y la reducción para la soja (bajó de 35 a 30 %) se compensó con el efecto de la devaluación y con los vaivenes del precio internacional". Se refiere a que la soja se cotizó a $4100 por tonelada en 2016 mientras que este año se vende a $3600.

No obstante, al hacer un balance reconoce una mejoría clara. "Antes para vender el trigo dependías de la situación política, ahora tenés libertad de producir y vender, por eso creció un 25 % el área sembrada de trigo". Aunque esta fue la principal zona triguera, por las restricciones de política económica y comercial había bajado, reemplazada por cebada, cultivo que llegó a ocupar el 60 % de ese espacio.

Mientras tanto, los precios para la ganadería comenzaron a subir en el último mes, mientras que "hasta febrero teníamos prácticamente los mismos valores que en 2016 a pesar de que habían tenido un leve repunte en noviembre y diciembre". Hoy el kilo vivo, en promedio, acusa un precio de $33 contra los $29 del año pasado.

A pesar de que el precio de la carne en el mostrador de las carnicerías es elevado, el productor no recibe una parte directamente proporcional. "Criar un novillo de 350 kilos toma unos cinco años", grafica el dirigente. Y enseña que es difícil hacer una proyección separando la agricultura de la ganadería porque "los productores solemos complementar ambas actividades".

 

HECHOS PURÉ

El productor papero Luis García (presidente de Federación Agraria) jura que el panorama zonal "se complicó con la lluvia anterior". La excepción era la franja que va desde La Pastora hacia Azul pero ahora la situación se emparejó, nivelando los rindes hacia abajo por las precipitaciones más recientes. "El daño que ha ocasionado la lluvia al sector es muy grande, pero se podrá evaluar cuando se meta la máquina para sacar la producción y ahí sabremos cuánto se pudrió", asegura. 

"Veníamos con precios prácticamente al costo, recuperando la inversión. Dos o tres años atrás era a pérdida, es decir, pagando cuentas y vuelta a sembrar, pero sin ganancias. Ahora con el tema de la lluvia algunos productores están perdiendo mucho y no sé si podrán encarar la próxima siembra". 

El precio por bolsa de 20 kilos en el Mercado Central de Buenos Aires es de $130. Los productores reciben $100. Son unos $5 por cada kilo del tubérculo cosechado y embolsado.

García eleva de voz crítica de los productores pues "mientras trabajamos a costo se enriquecen los eslabones del medio de la cadena. Desde el consignatario pasan dos o tres manos que hacen la gran diferencia". 

Pero el sector no reclama políticas especiales. "Pagamos los mismos impuestos que los demás productores, Ganancias, IVA, etc. Nuestro problema principal es que el costo es 90 % en dólares, desde fertilizantes y fungicidas, plástico de bolsa y los alquileres del campo".

 

En tren de transparentar los costos, García indica que "uno de los insumos más gravoso son las cargas sociales, porque la incidencia de la mano de obra en el negocio de la papa es muy grande". En este sentido concede que hace unos 20 años era mayormente personal golondrina que trabajaba en negro, pero en la actualidad sucede lo contrario. Y desafió "los que dicen que negreamos que vayan a preguntar al Ministerio de Trabajo cómo estamos los paperos con el personal". 

La papa se siembra desde fines de agosto hasta fines de octubre y se cosecha una vez al año. Hay un centenar de productores que trabajan una superficie de 8000 hectáreas. Producen un millón 600 mil bolsas por año.

Como los trabajadores se negaban a que los pusieran en blanco, porque bajaba la cantidad de dinero que recibían en mano, se hizo costumbre que el empleador hace el su aporte de ley y también pone la parte que le corresponde aportar al personal, una cuestión que los productores suman a lo que llaman costos extraordinarios.

Los empleados cobran $7 por cada 20 kilos embolsados. La papa se recoge de una pila, puesto que la recogida del suelo se hace a máquina. "Trabajando bien, un trabajador puede llegar a los $1200 por día". 

Otro costo que suman es el riego, puesto que "venimos de un año de gran sequía y hubo que regar durante todo el cultivo, ahí el costo es el combustible para los motores de riego".

Pero García pide que no se tomen sus palabras, que describen la producción papera en líneas generales, como un pronóstico agorero. "Simplemente, es un año para no tirar manteca al techo". Y recuerda que "la mayoría de los productores son mixtos, tienen cereal o ganado, pero también están sujetos a los vaivenes de esos sectores. Aún con los diluvios, la expectativa es mejor que los últimos tres años".

"No es miel lo que hemos recibido con el cambio de gobierno, de hecho, lo mejor es que podemos hablar y tenemos interlocutores. No hemos recibido grandes cosas, pero veníamos de doce años de ser los más castigados de todos".

 

CUANDO QUEJARSE "SE HACE DIFÍCIL"

"Con la cantidad de inversiones que se están haciendo en hotelería y gastronomía en Tandil, nos cuesta mucho quejarnos, se hace difícil sostenerlo", blanquea Luis Cerone, presidente del Instituto Mixto de Turismo.

Claro que mayo, por razones climáticas, es uno de los peores meses cada año para la industria sin chimeneas.

"Lo que escucho de mis pares, comparado con años anteriores, es que estamos complicados. Trabajo hay, pero es poca la rentabilidad por la subida importante de los costos, que no se pueden trasladar en la misma medida a los precios", sentencia el empresario. Pero aclara que "la visión de conjunto es que, si se sigue invirtiendo, tan mal no debemos estar". Se siguen construyendo cabañas y hoteles (está avanzado el importante Howard Johnson,  proyectos más chicos y el reciente anunciado hotel del centro de convenciones, aunque en etapa de proyecto). Sin olvidar "Agua Dulce" y el "Mulen Hotel". "En pocos años se invirtió todo eso, en una ciudad que no hacía hoteles desde la década del ?80. Hay una dinámica interesante", apunta Cerone. Y dice que las plazas que se pierden no se deben a una caída de la actividad: "El Crillón cerró por diferencias entre los socios, no porque no fuera negocio y el Torino es un hotel de 18 habitaciones, que solo es rentable si lo manejás en familia porque para que fuera rentable debería tener 30 plazas, que requieren solo una mucama extra del personal necesario para manejar las 18 actuales"

Sobre el Hotel Torino (comprado por el papero Milesi para poner un geriátrico) "no me sorprendería que en algunos años esa esquina, que hace una L y llega hasta el estacionamiento de Mónaco por Sarmiento, la derriben y hagan un edificio".

Además de los hoteles hay un gran despliegue en locales de gastronomía, puntualmente en cervecerías y en el "Bodegón del Fuerte", inaugurado en los últimos meses producto de fuerte inversión. Con estos datos sobre la mesa "me cuesta decir que es un desastre y vamos mal, si vos nos escuchás es todo un drama, pero si ves las inversiones"

 

"El turismo engloba unas 4000 personas entre propietarios, empleados y proveedores".

A Cerone le preocupa que "la división es cada vez más grande y el que está abajo, con subsidios o planes está muy mal. Pero en una casa donde dos trabajan entran 30 mil pesos, ahora, el problema es si viven más arriba de su nivel real".

Cree que la opinión pública, influida por una sobreoferta de información y un debate político caliente, declara una situación peor de lo que le marca la realidad. "En el discurso es todo deprimente, pero ves que cambian el auto, se van a comprar a Chile o de viaje a Brasil. Y si recorrés Tandil, ves negocios abriendo en todas partes, eso, sin expectativas reales, no existiría".

Remata con una reflexión que refuerza la idea sobre lo real y el relato del presente: "La televisión está llena de opinólogos que necesitan escándalo. Intratables, por ejemplo, toquen el tema que toquen, son siempre los mismos que van y opinan de todo y se arma un escándalo. Mientras tanto, hay una sociedad que llega el fin de semana largo y gana las autopistas para irse de paseo. Y también en los aeropuertos. En Chile tenés horas de cola. La gente se va a Brasil. ¿De qué van a hablar las clases sindicales que no representan a nadie? Arman bardo porque necesitan seguir ocupando sus lugares. No tienen elecciones. Creo que vivimos comprando en los medios algo que no sucede en la realidad. Tengo cerca de cien empleados y no están preocupados por Cristina, ni por Macri, ni por el modelo. Los fanáticos los vemos en la televisión y también muchos de ellos porque se quedaron afuera de algún ingreso económico".

 

DE LAS 12 CUOTAS AL TARIFAZO

El presidente de la Cámara Empresaria (CET), Patricio Fernández, calificó la situación económica local como "incierta". Dijo que, en líneas generales la actividad económica "está baja", aunque algunos sectores "están repuntando un poquito" pero que esos ?brotes verdes? (como llama el Gobierno Nacional a la incipiente reactivación) "no está marcando tendencia, no es pareja para todos los tipos de comercio y tiene momentos".

El dirigente remarcó: "Hay semanas cuando parece que va a repuntar, con una actividad interesante y hay otras semanas en que se plancha totalmente".

 

Fernández evaluó que tampoco se puede identificar un sector de la economía que "esté traccionando claramente", y relató que mientras la construcción "se está moviendo algo no es comparable a la actividad de años anteriores, la industria está bastante apocada y estamos esperando que el agro empiece a invertir en otro tipo de actividades, como construcciones".

Desde la entidad esperan que el nuevo Pro.Cre.Ar  impulse el repunte en las ventas de los corralones de materiales y la contratación de mano de obra de la construcción.

En el comercio se vive con la misma incertidumbre que en los otros rubros y con un adicional, la problemática principal hacia afuera es por restricción de la demanda, porque el consumo no arranca. Pero hacia adentro del comercio "los gastos son realmente muy importantes, por las tarifas, por contribuciones laborales e impositivas. Los márgenes de utilidad y la capacidad de reinvertir y reestoquearse se ven muy limitados".

Por otra parte, el vicepresidente de la organización, Agustín Usandizaga, es un tanto escéptico de los datos que habitualmente difunde la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME). Afirma que la muestra sobre la que está basados los estudios no es representativa: "Le piden datos a algunos comerciantes pero como son pocos los que responden la información no es del todo confiable". El secretario de Comercio de la CET sospecha, además, de la politización de esa entidad. Aunque reconoce que "hoy no sabés bien para dónde dispara", esa identificación política juega en contra de su objetividad cuando difunde datos que pueden influir en la opinión pública. "Yo no les creo mucho cuando informan la evolución mensual, y no soy el único", indica el dirigente y agrega que son más confiables los datos del observatorio de la Federación Económica de la Provincia de Buenos Aires, porque procesa con mayor rigor los datos crudos que obtiene sobre el territorio.

Dicho esto, Usandizaga no escapa al desafío de El Diario de Tandil de brindar información lo más precisa posible sobre el estado actual de la economía local desde la mirada de la entidad que representa.

"El consumo comenzó a despertarse en abril y  mayo de 2016 cuando se fueron gatillando las paritarias, porque hasta ese momento las gente tenía precios nuevos y salarios viejos". Esto ocurre todos los años y por eso es crucial que los ajustes salariales se den dentro de los primeros meses del año para que un atraso mayor no incida directamente en el consumo.

El día del Padre acompañó ese despertar y la tendencia siguió durante todo junio, pero los grandes aumentos de la tarifa de los servicios públicos volvieron a poner en una meseta al consumo y ese efecto negativo se sostuvo hasta entrado noviembre. Las señales de un repunte se extendieron a diciembre y enero de 2017, pero entonces el Gobierno lanzó el programa de Precios Transparentes y "fue un mazazo para todos y al rubro de bienes durables directamente lo congeló".

Además, La intervención destinada a que los consumidores tuvieran en claro el mayor costo de los bienes comprados en cuotas con respecto al pago de contado falló por partida doble. Por un lado detuvo las ventas y por otro, no logró que los precios de contado bajaran de forma significativa. "El gobierno eso no lo vio, le llevaron el proyecto y como son muy técnicos, les faltó saber lo que pasa en la calle, donde la gente compraba en cuotas calculando que le peleaba a una inflación alta, los argentinos estamos muy habituados a defendernos así del aumento de precios". A esto hay que agregar las paritarias agitadas y el ruido político. Todo eso frena el consumo porque "la gente está bombardeada de información, se asusta y frena. En una Argentina pendular, hay épocas de esperar y ver qué pasa".

Usandizaga asegura que los precios no bajarán poniendo regulaciones al comercio sino sumando competencia al mercado. E indica que la Secretaría de Comercio de la Nación tiene una noción errónea porque "ellos dicen que hay cartelización y es todo lo contrario, el comercio tiene mucha oferta, la cartelización está en la producción. Son tres fabricantes de televisores, tres de mermelada, tres de fideos... ahí es donde tienen que trabajar para sumar competitividad y bajar precios. En Argentina falta oferta, los precios, con competencia se acomodan solos".

La marcha atrás con el programa Precios Transparentes y el retorno de tres y seis cuotas sin interés en algunos casos ayuda para que sigan apareciendo "brotes verdes".

La reactivación de la obra pública empuja esa reactivación, en el rubro de la construcción y en menor medida en la rama industrial (según la Asociación de la Pequeña y Mediana Empresa  -APYMET- un 30 % de la metalúrgica produce bienes para el rubro de la construcción). La demanda se ve en despachos de acero y cemento. Usandizaga cree que este motor de la economía continuará en marcha un buen tiempo "uno lo puede ver, hay mucha obra pública en marcha en Tandil y en toda la provincia, eso genera gran impacto".

El dirigente es optimista sobre una recuperación pero cree que va a demorar "más de lo que previó el gobierno". Apunta errores grandes como el programa de precios transparentes y un elevado aumento de tarifas, pero concede que "el agujero que encontraron fue muy grande, íbamos a una de esas crisis cíclicas graves y al evitarla supusieron que el rebote por efecto de la confianza iba a ser más rápido". Opina que la recuperación está cerca, pero va a tomar tiempo y se esperanza en que el país sea menos pendular para poder aprovechar las oportunidades. Juzga que durante el gobierno anterior se desaprovechó una coyuntura internacional, que en vez de utilizarse para crecer con infraestructura se inyectó a la economía diaria y generó un consumo con buena cuota de componente artificial. "Eso lo estamos pagando ahora cuando el gobierno abre los cajones y encuentra facturas sin pagar. Eso lo pagamos todos ahora con menor consumo. Teníamos un nivel muy superior a lo que permitía nuestra economía, íbamos y comprábamos un televisor de 55 pulgadas y creíamos que era para cualquier integrante de una clase media trabajadora. A mí me sirve como comerciante pero no es normal. Esto no se puede decir porque es antipático, pero hay que afrontar la verdad".

Los países que crecen lo hacen con exportación, venden sus productos y su valor agregado al mundo. Ningún país crece por el consumo interno. Alemania es gran exportador. En EE. UU. ganó Trump porque dijo que no podían seguir importando y tenían que volver a producir para ser una nación grande otra vez.

Con todo, Usandizaga opina que "si esta tendencia actual se mantiene, vamos terminar alcanzando un nivel de vida igual o mejor en el largo plazo pero que sea sustentable". Aclara que "si la variable de crecimiento es infraestructura, cloacas, cordón cuneta y rutas en vez de cambiar el auto, el plasma y el celular todos los años, bienvenido sea".

Aunque los datos provinciales representan a Tandil, siempre se debe marcar que estamos un poquito mejor porque nuestra economía está muy diversificada.

 

LA MOSCA BLANCA

La industria local del software proyecta una facturación anual para 2017 que ronda los 95 millones de dólares (unos 1500 millones de pesos al cambio de hoy, superior al presupuesto municipal para el ejercicio en curso).

Mauricio Salvatierra, vicepresidente de la Cámara de Empresas del Polo Informático de Tandil (CEPIT), revela que ese motor de la economía emplea en esta ciudad 1700 personas y necesita aumentar la fuerza de trabajo.

Al contrario que lo planteado por dirigentes de otras actividades industriales, para la producción de software el valor del dólar está alto y le resta competitividad, ya que exporta el 98 % y compite en un mercado global. Electricidad y costo de acceso a Internet son los restantes componentes a tener en cuenta. Este último es costoso en Argentina y como hay solo dos proveedores se da un escenario de cartelización.

"La calidad de los programadores argentinos es muy buena, pero el mercado demanda mucha mayor cantidad", explica Salvatierra. La Cámara de Empresas de Software y Servicios Informáticos (CESSI) calcula una generación de 13 mil nuevos puestos de trabajo en el sector durante 2017, mientras que en Tandil "planificamos incorporar 1500 profesionales en los próximos cuatro años", número que duplicará la planta estable actual y llevará la facturación del sector a 176 millones de dólares anuales.

Un programador junior -recién ingresado y sin experiencia laboral- percibe $16.500 en bruto y en blanco. A los seis años esa cifra supera los $40 mil y las empresas compiten para retener al recurso humano, que en Argentina es muy escaso.

"La cuestión económica para el software es la misma en cualquier lugar del país, Tandil no tiene ventajas o desventajas en ese sentido, el problema es la falta de gente capacitada y por eso las nuevas tecnicaturas más cortas que la carrera de ingeniería van a ayudar a levantar la producción", apunta el profesional, gerente regional de Globant y jefe de gerentes de la compañía para todo el mundo.

Y reflexiona: "Estamos como en una burbuja, somos una especie de mosca blanca en la industria, pero también hay que ver las amenazas; el mercado mundial es híper competitivo y si no empezamos a hablarle a los clientes de procesos con inteligencia artificial nos quedamos afuera de la discusión, tenemos que innovar todo el tiempo".

A modo de epílogo, concluimos este reportaje sobre la actualidad económica local con una apelación a recientes trabajos de opinión pública donde es notable la diferencia entre la cantidad de gente que avizora un 2017 muy complejo en lo general, más no así en lo particular. Esta dualidad podría estar influenciada por un escenario de creciente conflictividad en la arena política, reflejada e influenciada por los medios de comunicación y replicada en las redes sociales por militantes (reales y trolls) que llevan a los demás a reforzar un discurso pre apocalíptico que, es probable, no tenga sustento en el plano material.

 

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