14 de marzo de 2017

LA SUERTE Y LA MUERTE

LA SUERTE Y LA MUERTE. Un diálogo informal en la puerta de Antonino para un recital que no fue

Fue a fin del año pasado en un encuentro casual en la puerta del bar Antonino. Allí se cruzaron el intendente y el dueño de la productora Chacal. En ese momento ya había empezado a sonar el nombre de Olavarría para el nuevo recital del Indio Solari.

Lo cierto es que Lunghi y Peuscovich hablaron de vaguedades.  Ninguno de los dos -y por distintas razones- estaba interesado en que la tercera misa fuera en nuestra ciudad. A la ya célebre intuición del jefe comunal, a Lunghi lo había definido el episodio que ocurrió en un comercio de la zona de la Terminal de Ómnibus, cuando luego del recital un ricotero protagonizó un hecho de violencia más propio de su desequilibrio mental que otra cosa. En ese momento el intendente tuvo la corazonada de la decisión: si venía una propuesta por otro recital, la respuesta sería negativa.

Ahora que se conocen los términos del contrato con el municipio de Olavarría, se entiende mejor por qué Peuscovich no eligió Tandil, aunque se pueda inferir que fue Solari el gestor del nuevo destino de su imponente misa. Primó el negocio, lo cual no es una mala palabra (no es un pecado que Solari sea multimillonario); el problema es que el fabuloso negocio descuidó a su clientela. El árido potrero donde se agolparon trescientas mil personas presentó falencias garrafales de todo tipo. Aunque también es cierto, como dijo el propio Lunghi, que una tragedia así puede ocurrir en cualquier lugar. Políticamente, es un desastre en condiciones de voltear a un gobierno, o dejarlo al borde del abismo.

Para los tandilenses el caso aún resuena más fuerte pues dos hombres nacidos en nuestra ciudad, ampliamente vinculados por su historia a Tandil, son los que ahora están en el centro de la tormenta. Marcos y Matías Peuscovich acaban de ser imputados, por el momento, bajo la carátula "averiguación de causal de muertes" de Javier León y Juan Francisco Bulacio. Peuscovich no es Chabán pero ese espectro parece acompañarlo en esta hora y desde hace años, habida cuenta de que como productor de un recital de La Renga arrastra la muerte de otro joven por el disparo de una bengala que realizó un espectador, luego condenado por la justicia, Fue el 30 de abril de 2011 en el autódromo de La Plata. 

Los hermanos Peuscovich, como mucha gente sabe, son hijos de la recordada profesora de matemática Marta Peuscovich, aunque el apellido paterno responde a un inolvidable linotipista del diario Nueva Era. Los tres hermanos (uno de ellos se dedica a otra profesión) pasaron su infancia en la casa de calle Maipú donde hoy fija su residencia la sede de la Policía Federal.

La vida de Marcos y Matías cambió para siempre cuando conocieron a Solari y desde la productora Chacal empezaron a gerenciar las multitudinarias misas del músico y todo el negocio que gira en torno a sus recitales. Les tocó tener la llave de la caja del  artista con  mayor poder convocatoria del país, creador de un fenómeno social y popular tan misterioso como imposible de explicar. Un hombre que logró hacer bailar en un mismo metro cuadrado a un ejecutivo de una multinacional con un albañil de Hurlingham.

Quizá en Solari haya pesado también la afrenta que le hizo el finado Helios Eseverri, cuando en los 90 prohibió la actuación de los Redondos en Olavarría, como si hubiera querido conjurar aquel mal trago con una actuación que habría de romper -como pasó- todos los récords de público. O lo perdió el ego o lo perdió la codicia. No vio aletear detrás de sus lentes negros el pájaro negro del mal presagio, como tampoco lo intuyó Marcos Peuscovich, artífice principal de que las misas ricoteras fueran en nuestra ciudad. Mientras 500 policías buscan en el predio de la tragedia y sus alrededores a personas que todavía no regresaron a sus hogares, Lunghi sabe de memoria el célebre corrido mexicano que lo acompaña desde la cuna: La muerte no mata nada, la matadora es la suerte.

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