23 de febrero de 2017

MISCELÁNEAS

MISCELÁNEAS. El paro de inspectores y la patrulla perdida

Fue a fines de 1979 y para la época su implementación produjo severas crisis no sólo en los vecinos, quienes se negaban a cometer la herejía de pagar para estacionar el auto, sino en los comerciantes del centro que veían que uno de sus "derechos" adquiridos -dejar el auto en la puerta de su negocio- terminaba de un día para otro. Y así, de un día para otro también, a las calles se sumaron  las inspectoras municipales de entonces, mujeres recordadas por sus uniformes azules, una pollera que llegaba más allá de las rodillas y un sombrero al tono. Desde ese día todo lo que pasó fue que la ciudad creció y se extendió aún más el radio del estacionamiento medido. Y se multiplicaron los agentes de tránsito y -de manera inexorable- las multas, las discusiones y lo último de lo último en cuanto a tecnología: la aparición del parquímetro.

Pero este jueves las calles lucieron prácticamente desiertas de inspectores. Sólo 4, dos a la mañana y dos a la tarde, parecieron ser los huérfanos integrantes de una patrulla perdida, pues la mayoría del personal de Control Vehicular entró en huelga. Piden un canon en el sueldo por los operativos nocturnos que desempeñan como trabajadores de una de las áreas más insalubres del Municipio: como se sabe son innumerables los episodios de insultos y hasta violencia física del que han sido víctimas los inspectores, en medio de un clima social híper crispado donde los altercados y las escenas de pugilato y afines en la vía pública están a la orden del día.

Lo cierto es que luego de muchísimo tiempo hoy el centro apareció como una zona liberada. El "centro" en términos de estacionamiento ya avanzó hacia la Avenida España, a instancias de uno de los grandes temas que fastidian a la gente: encontrar un lugar para estacionar, pagar una playa de estacionamiento o, como lo hace una gran mayoría, dejar el auto fuera del radio medido.

Sólo la habitual presencia de los dúos de policías comunales pareció reemplazar en el paisaje urbano a los inspectores de todos los días, quienes además han multiplicado sus funciones: a menudo dirigen el tránsito, o intentan neutralizar (corriendo de un lugar a otro) a motociclistas o automovilistas adictos a las picadas, o emboscan disimulados detrás de un árbol a algún conductor que dobló por la izquierda, o acompañan como recursos de logística a sus compañeros que a bordo de la antipática grúa municipal se lleva algún auto mal estacionado. De noche, dicen, la cosa es más áspera que de día en cuanto a interactuar con el prójimo al volante, y quizá de allí provenga el canon pretendido que hoy los tiene manifestándose y en huelga. Para que centenares de automovilistas que frecuentan la zona de exclusión zafen este jueves de la multa obligada. Salvo que justo pase por allí alguno de los cuatro inspectores que no adhirieron al paro.

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