23 de diciembre de 2016

COMO EN MACONDO

COMO EN MACONDO. Las moras del absurdo

A veces Tandil es Macondo. No pocas veces. A veces unos emprendedores que arriesgan una pequeña (o no tan pequeña) fortuna en prácticamente la restauración y decoración a nuevo de una casona histórica, deben estamparse de frente con esa forma irreparable que tiene el grotesco. Y sobre todo el grotesco institucional.

Porque si hay algo grotesco es que un organismo denominado INTA (léase Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria), y dedicado precisamente al silvestre mundo rural, por decirlo así, haya condicionado la habilitación del Bodegón del Fuerte a una suerte de capricho o carencia absoluta de buena voluntad vecinal. ¿Cuál era la queja del vecino de la vuelta? Un viejo árbol de moras. O más precisamente las tres ramas que sobresalían por la medianera de los fondos del Bodegón del Fuerte ubicado en calle Belgrano dejando caer sus moras al patio del inmueble del INTA ubicado en calle Rodríguez.

"Vendí un departamento, pusimos con nuestros socios dinero y sobre todo muchísimo trabajo en este proyecto, en un año dificilísimo desde lo económico para intentar algo nuevo, y esperábamos muchas contrariedades menos ésta. Por supuesto que nos causó risa: que el INTA te haga cortar por la fuerza tres ramas de un antiguo árbol de moras es casi ridículo. Las cortamos y se terminó la historia, pero ¿era necesario?", se pregunta retóricamente uno de los dueños del Bodegón del Fuerte mirando el añoso y bello árbol que corona los fondos del lugar.

La casona en cuestión está ubicada dentro de lo que fue el perímetro donde en 1823 se erigió la Fortaleza de la Independencia, y tiene un altísimo valor en cuanto a su patrimonio histórico. Su árbol de moras es parte de esa riqueza que deviene de la memoria del pasado. El presente busca su nuevo rostro, entre el emprendedorismo de los que hacen y el absurdo de los que atrasan.

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