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11 de noviembre de 2016
por
Rodrigo Podestá
Que muchos adolescentes y jóvenes estén en la calle y no sepan bien para dónde ir ni qué hacer con su futuro es una situación que se repite en muchas ciudades del mundo, no solo en la nuestra. Hay mucho desamparo e incertidumbre en generaciones que no tienen referentes claros, ni ejemplos que seguir. Están ahí, un poco perdidos, y esto se da sobre en todo en las zonas más periféricas de las ciudades, marginales, donde las carencias pintan aún más oscuros los cielos cada noche y las mañanas reciben y despiertan a jóvenes desorientados. En Tandil, en el barrio de Villa Aguirre, se creó hace algunos años un lugar distinto, que busca imaginar y crear nuevos colores, ilusiones, esperanzas. Se llama La Tribu, y en un punto es eso, un grupo de almas que se junta a hacerle frente a la vida con voluntad, que comparte un mismo sentir, que cree en las posibilidades y potencias de cada uno. Una tribu, una certeza de que algo nuevo puede suceder cada mañana en nuestra ciudad.
"Hace 16 años empezamos con un grupo de gente a ver lo que estaba pasando en Villa Aguirre con los adolescentes, y empezamos con la problemática que tenían con la policía. La policía los agarraba por portación de cara, y como soy abogada, empezamos ideando unas tarjetitas que les dábamos a los chicos para que llevaran en la billetera o en el bolsillo, con instructivos básicos sobre qué tenían que hacer cuando los agarraba la policía, que podían llamar a alguien, todos los derechos que tenían" cuenta Cecilia Juliarena, una de las fundadoras y propulsoras del Centro de Referencia La Tribu. Como cuenta, esos comienzos fueron casi de confrontación, de choque, había que terminar con ciertas prejuicios y estigmas con los que cargaban muchos chicos del barrio, con esa portación de cara que los condenada de antemano, que ya les ponía un freno a sus ganas y sueños.
"A partir de ahí empezamos a ver la cantidad de chicos que había en la calle, no en situación de calle, sino que iban al colegio y después quedaban a la deriva, entonces empezamos a pensar en formar un centro de referencia y comenzamos a ver dónde podíamos ubicarnos, y como yo tenía contacto con la gente del Hipódromo, les pedí a ver si había algún lugar donde poder estar y nos dieron un espacio debajo de las tribunas, por eso se llama "La tribu", porque nació abajo de las tribunas", dice Cecilia mientras rememora esos primeros pasos que se dieron entre saltos y tropezones pero con una convicción muy grande.
"Esto nació charlando con otras personas y diciendo ?tenemos que hacer algo en Villa Aguirre?, veíamos muchos chicos dando vueltas y nos pusimos en la esquina de Darragueira y Peyrel con Fabio Labriola, que es el actual coordinador de la Tribu, a captar chicos, todo se fue armando, empezamos repartiendo las tarjetitas para que defiendan sus derechos del atropello policial, después nos fuimos debajo de las tribunas del Hipódromo", cuenta Mario Raimondi, otro puntal de este equipo y este sueño hecho realidad.
Como ellos cuentan, Cecilia y Mario, en el principio todo se reducía a juntarse, conectarse, generar relaciones entre las almas que daban vueltas por el barrio, "las primeras actividades que empezamos haciendo fue juntarse y hablar de lo que le pasaba a cada uno, de las inquietudes que tenían los chicos, y la primera actividad formativa que hicimos ahí en el Hipódromo fue una panificadora que hoy en día sigue funcionando con los chicos que la iniciaron, nos donaron un horno de pan, harina, y empezamos a hacer panificados", cuenta Cecilia.
Así, de a poco, de esas primeras conversaciones se pasó a la acción: hagamos pan, hagamos algo que demuestre que estamos acá, vivos, presentes. "La panificadora también empezó de a poco, con un horno de barro y luego a través de ayuda y subsidios se transformó en un emprendimiento laboral", agrega Mario Raimondi, "también en el deporte empezamos con fútbol, que era al principio en lo que más se prenden los chicos, y después la demanda fue para otro lado y hoy tenemos una escuela provincial de karate que tiene más de 40 alumnos del barrio. Casi todo lo que se hace acá viene por diagnóstico y demanda del barrio, y algo que seguimos siempre es el apoyo escolar y seguimiento de trayectoria educativa porque para nosotros la educación y el trabajo es lo que te puede transformar en la vida".
De las tribunas al Domo
Con el paso de los años, como toda tribu nómade, se fueron mudando y cambiando de lugares por diversas razones, hasta que lograron asentarse en su espacio actual: Rosales 2150, Villa Aguirre. Un lugar que encierra acción y vida, allí se cocinan proyectos, se planean sueños, se cultivan ilusiones, "hoy es un centro de formación y capacitación donde se han dado cursos de carpintería, electricidad, otros que se juntaban a arreglar motos. Hoy hay cursos de karate, tela, apoyo escolar, la murga, la panificadora, taller de computación, campamentos. Van chicos del barrio a partir de los 12 años, y la idea es llegar a un público adolescente, y que en vez de estar en la calle, estén ahí haciendo algo que les divierta. Hoy más de 100 chicos hacen alguna actividad en la Tribu", dice entusiasmada Cecilia Juliarena, y confiesa que "uno de los logros que nos da más orgullo es la panificadora que empezó con un horno de barro que donó alguien y una bolsa de harina también donada y hoy los chicos están haciendo panificados, vendiendo, todo aprobado por Bromatología, y es una fuente de trabajo para más de cinco chicos con sus familias, que se están formando y hoy hacen pastas, pizzas, tortas, un montón de productos. Es muy bueno sacar a un chico de la calle y que no esté tomando, con un arma o drogándose".
Además, se suman otras actividades que se realizan: una es la ya tradicional murga que es una institución y orgullo, "desde que arrancamos a trabajar tenemos cuatros ejes fundamentales que son: lo que tiene que ver con cultura, todo lo que es educación, deporte social y lo laboral. Y todo eso va variando de acuerdo a la demanda de la gente del barrio, lo que se mantuvo siempre fue la murga "La tribu", que fue creciendo, hoy tiene distintos niveles de canto, percusión, escenografía, baile, ya que le gusta a los chicos, se suman los padres, y también a partir de ahí surgió una capacitación en maquillaje artístico, las chicas aprenden maquillaje y lo ensamblan en la murga", explica Mario.
"Los chicos también están aprendiendo a diseñar una revista que nace a partir de un taller literario que tenemos", agrega Raimondi, "también el año que viene queremos hacer algunos cursos de computación para adolescentes y también para adultos, que sea una herramienta laboral, que sea un centro de formación laboral donde una parte sea basada en la tecnología y la computación, la otra en la panificadora, y también en una capacitación en soldadura y herrería porque es una demanda que nace del propio barrio".
Esta gran usina de proyectos y sueños cumplidos, que nace como un programa de la Asociación Civil Campamentos Educativos "Padre José Koltun", no para de crecer y contagiar nuevas ganas en Villa Aguirre: "es un proyecto que tiende a referenciarse con los pibes que tienen pocas posibilidades y que apunta a promocionarlos a través de la educación y el trabajo. Empieza como un lugar de encuentro, sigue como un lugar de referencia fuerte para estos pibes con pocas posibilidades, y el gran objetivo es con la educación y el trabajo poder darles otra calidad de vida", resume Raimondi. Que así sea.
Por el Domo
El gran proyecto actual de la Tribu es construir un salón de usos múltiples con forma de domo en su sede para poder realizar más actividades y sumar más chicos al espacio: "ahora estamos haciendo una campaña para recaudar fondos porque queremos hacer un salón de usos múltiples, necesitamos un lugar más grande para que todos los chicos puedan realizar las actividades y talleres, vamos a hacer un SUM con forma de domo que es una construcción sustentable, de forma redonda, que tiene muchas ventajas en la construcción con relación al medio ambiente y el clima. La gente puede ayudar con una lista de materiales que necesitamos para la construcción, con dinero, con trabajo. También pueden ayudar comprando los productos de la panificadora, que se llama "El Molino", la pueden buscar en Facebook", explican Cecilia y Mario.
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