29 de octubre de 2016

DOLOR

DOLOR. El último adiós a Américo Reynoso

El féretro pasó por el Palacio Municipal, lugar al que llegó como intendente en 1983 junto con la democracia recuperada. Allí lo esperaban Miguel Ángel Lunghi, distintas autoridades municipales, concejales de todos los bloques y público en general. 

Hubo un sentido aplauso para Américo Reynoso, quien siguió su camino hacia el cementerio rodeado de claveles que los presentes le arrojaron. 

Américo Reynoso se fue de este mundo silenciosamente, y que su momento de mayor esplendor político, para sorpresa de muchos en el ámbito político, fue en 1983 cuando la memorable elección de Raúl Alfonsín y el conocimiento que del candidato local de la UCR se tenía en varios estamentos populares de la ciudad, lo catapultaron como intendente municipal. Aquella elección fue histórica porque por primera vez un partido político doblegó al peronismo en las urnas. Con su verba encendida, Reynoso recorrió la ciudad y el mundo rural contándoles a los vecinos sus proyectos de gestión, mientras competía palmo a palmo en la preferencia de la voluntad popular con el candidato a quien finalmente derrotó por estrecho margen, el escribano peronista Nicolás Gino Pizzorno.

Reynoso cumplió su mandato en medio de una realidad económica y social convulsionada, pero nunca se alejó de la política y mucho menos de su partido. En varias ocasiones el radicalismo lo distinguió, como tampoco fue olvidado por los vecinos de su entrañable Villa Italia y las centenares de personas que lo trataron y lo quisieron.

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