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10 de octubre de 2016
por
El Chacarero
Los pastizales naturales ocupan más de la
mitad de la superficie de la Cuenca del Salado. Esto los convierte en el
principal recurso forrajero de la zona. Entre sus ventajas los técnicos del
INTA destacan que "no se siembra,
resiste eventos de sequías y anegamientos, y produce todo el año" y, "si bien los máximos de producción se
producen en la primavera, principalmente, y en el otoño, la coexistencia de
distintos grupos forrajeros, de ciclo estival como invernal, permiten su uso
todo el año".
Contemplando estas ventajas y como aporte de información para el manejo de los recursos en la empresa ganadera, desde la Estación Experimental Cuenca del Salado del INTA se realizan estacionalmente monitoreos de estado de pastizales naturales sobre diferentes ambientes, en establecimientos ganaderos privados, distribuidos en algunos partidos de la Cuenca del Salado.
El monitoreo "se realiza identificando ambientes, dado que en cada uno de ellos la comunidad predominante es diferente, y también su funcionamiento", indican los técnicos que impulsan desde hace tres años este trabajo.
A partir de las observaciones los
profesionales del INTA señalan que "durante
el año y entre años la vegetación presenta distintos estados más o menos
estables que pueden intercambiarse por acción de diversos factores".
Persisten bajo constante desequilibrio debido a fluctuaciones ambientales y
disturbios, como los eventos de sequía, inundaciones o sobrepastoreo. En
algunas situaciones, en algunos veranos, por ejemplo, "la sequía potencia el efecto del sobrepastoreo llevando el pastizal
hacia situaciones de deterioro".
En cuanto al manejo indican que "el sobrepastoreo sería, precisamente, uno
de los factores que lleva al pastizal de un estado determinado a otro más
deteriorado". Este tipo de disturbio es capaz de modificar la estructura
del pastizal creando espacios de suelo desnudo, que alterarían las relaciones
de competencia entre las especies vegetales promoviendo aquellas de porte más
rastrero y frecuentemente poco atractivas para el ganado y de menor valor
forrajero. En esos casos, para lograr una recuperación del pastizal se deben
provocar disturbios favorables que permitan manejar esas inestabilidades. Al
respecto los profesionales hablan de manejo cuando se refieren, por ejemplo, "a las decisiones sobre los animales: el
momento, la duración y la intensidad del pastoreo". "En qué momento de la fenología del pastizal entramos, durante cuánto
tiempo, cuánto remanente dejo, cuándo se vuelve a entrar a cada potrero".
Por
el campo:
El monitoreo es realizado por los referentes
de la Experimental Cuenca del Salado del INTA identificando ambientes, dado que
"en cada uno de ellos la comunidad
predominante es diferente, y también su funcionamiento".
Los sectores más elevados en el paisaje, lomas y medias lomas, presentan los suelos con menores limitaciones para el desarrollo de las plantas. Estos ambientes, señalan los técnicos, "son capaces de producir abundante forraje todo el año, y son los sectores seguros en caso de inundación". Estas características lo convierten en potreros óptimos para su uso durante el invierno, para lo cual es necesario un pastoreo estratégico a fines de verano, que elimine el forraje estival remanente, favoreciendo la emergencia y rebrote de las especies invernales, que iniciarán su nuevo ciclo de crecimiento y aporte de forraje. Este manejo de recambio debería hacerse a la inversa en los potreros conocidos como bajos dulces, que son los que pueden permanecer encharcados durante el invierno, y están dominados por especies de verano de muy buena calidad nutricional, por lo cual son excelentes productores de forraje a la salida de la primavera y durante el verano, siempre que se garantice la persistencia de las especies forrajeras. Finalmente, los bajos alcalinos son menos productivos debido a fuertes limitaciones edáficas, y están dominados por especies estivales de baja calidad nutricional, si bien producen mayoritariamente en el verano se recomienda comerlos en diferido en otoño, de forma que en verano se asegure una mayor cobertura del suelo para reducir la evaporación y en consecuencia el ascenso de sales.
En los monitoreos "se evalúa el estado general del pastizal a través de diferentes
variables como son la cobertura vegetal, proporción de gramíneas, leguminosas y
malezas, disponibilidad de forraje y material muerto; y se registran las
especies más abundantes de los diferentes grupos florísticos". Con el
trabajo "se ha observado, por ejemplo,
que el principal componente de la cobertura y aporte de forraje en nuestros
pastizales son las gramíneas y graminoides, que cubren entre el 60 y el 80% del
suelo durante todo el año".
En general los profesionales distinguen "una mayor disponibilidad de forraje durante la primavera-verano", como también "una mayor cantidad de material muerto luego de ese período". Muchas veces, esto responde a una decisión de conservar recursos para cubrir las demandas en el invierno, pero cabe recordar que esta práctica impide la correcta llegada de luz a los estratos inferiores del pastizal y, entonces, debilita el establecimiento de las especies que rebroten o germinen en otoño, ofreciendo pasto de mejor calidad que aquel diferido.
Según comentan los profesionales "se encuentran en el pastizal especies invernales nativas de buena calidad como las flechillas, cebadillas, poas, gaudinias, y naturalizadas como el raigrás", algo que es posible promover si se hace un pastoreo intensivo con el rodeo de cría entre los meses de marzo y abril, y luego se hace "descansar" el potrero hasta que se haya acumulado suficiente forraje de calidad y muy útil para la parición e inicio de lactancia.
La falta de planificación en el manejo de los potreros "impide que las especies deseables presentes en el pastizal se expresen o lo hagan de forma muy disminuida respecto de su potencial". En este sentido el porcentaje de suelo cubierto por leguminosas representa alrededor de un 5 %, con una gran considerable variabilidad que indicaría que es posible aumentar su participación considerablemente.
De la misma manera, identificando las especies problemáticas a la producción y conociendo su comportamiento a lo largo del año en su ambiente, se pueden plantear varias estrategias de manejo que dificulten su permanencia. La observación de especies "indeseables" en el tapiz responde a causas en el manejo del potrero y en el sistema en general, y en promedio, en los censos correspondientes al año anterior, entre un 15 y 30 % están cubiertos por malezas, ocupando el lugar en el que deberían encontrarse especies de alto valor nutricional, como son las gramíneas y leguminosas nativas.
Estos indicios dan idea del escaso control del pastoreo sobre los pastizales naturales y la idea de marginalidad que los involucra aun siendo un recurso fiel, resiliente, de producción durante todo el año, y con especies de muy buen valor nutricional.
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