5 de octubre de 2016

LO DE CARLITOS

LO DE CARLITOS. Siguiendo los pasos de Beto

Por mandato familiar, Carlitos Rolando abrazó el oficio de plomero. Siguió los pasos de Norberto, un hermano mayor que también hizo de padre y amigo.

Hablamos de una familia numerosa que vivía en la zona del estadio, allí donde se cruzan Brandsen y Velez Sarsfield. Carlitos era el menor de 9 hermanos. Su viejo partió cuando apenas era un pibe, pero por suerte estuvo Beto para marcarle el camino.

Carlos Rolando nunca le "esquivó al laburo". Primero entró en la carrera militar y tuvo un paso por el ejército, pero no fue lo que esperaba.  También trabajó en una fábrica de cuchillos e hizo changas por donde salieran. Nunca se le cayeron los anillos por arremangarse y salir a buscar el mango.

Por eso no dudo cuando Beto lo invitó a trabajar con él. Siempre es bueno conocer un oficio. Uno nunca sabe cuándo lo va a necesitar. Así entró al mundo de la plomería.

Se podría decir que es su as bajo la manga. Cuando los vaivenes de este país ponían la situación complicada, Carlitos salía con la bici a repartir tarjetas. Siempre hace falta un plomero en casa para arreglar una canilla o cambiar un cuerito.

"Era lo que había en casa. No sé si elegiría de nuevo este oficio, pero es lo que me tocó y la verdad que me ayudó siempre", comenta a ElDiariodeTandil.

Los años fueron pasando y "el cuerpo tiene su desgaste", nos dijo. Por eso comenzó a pensar la idea de un retiro voluntario. Había que seguir laburando, pero la idea era poner un negocio que trabaje con el rubro. Tanto tiempo entre gasistas, plomeros y oficios, le habían abierto un panorama más amplio del negocio.

"Yo estaba con la idea de poner una ferretería, pero en ese tiempo vinieron dos amigos a proponerme este negocio de los sanitarios y la grifería. Ellos son gente del rubro, ya tenían un comercio en el centro y querían poner otro en la ciudad. Me dijeron que empiece a buscar un local y apareció este de Balbín 1363. Hoy, mirándolo a la distancia, creo que ellos no necesitaban otro negocio, sino que lo hicieron para darme una mano a mí", conjetura.

Estos gestos solo son posibles en un país como Argentina. El culto a la amistad que le decimos.

"Primero tuve que acondicionar el local. A la mañana seguía trabajando de plomero y a la tarde me venía a lijar o pintar. Fue mucho esfuerzo, pero salimos adelante. La sociedad duró más de 5 años, hasta que el año pasado me vendieron su parte. La verdad es que me lo cedieron. Siempre voy a estar agradecido a Sebastián y Félix, dos tipos de oro", dice un poco emocionado.

El nombre surgió de la nada. Todos los clientes asocian este comercio con Carlitos Rolando. A veces lo atiende su mujer o su hija, pero Carlitos es el alma. El apasionado de la pesca, del río y ese ritual mágico de contacto con la naturaleza.

Si alguna vez estuviste en Lo de Carlitos sabes de qué te hablo.

"Esa es nuestra historia. No tenemos mucho para contar.  Agradezco a lo que nos dieron una mano y por eso honramos el laburo.  Acá estamos para darle soluciones a la gente. No se trata solo de vender. Yo corro con ventaja porque conozco el oficio. Sé como te puedo ayudar y no voy a chamuyar, ¿de qué me sirve?", se pregunta.

En Lo de Carlitos encontrás  todo lo referido a grifería, sanitarios, gas y cloacas. La lista de accesorios es interminable. Como las historias de un pescador.

A veces vale la pena frenar y mirar por el espejo retrovisor. Es importante agradecer a la gente que nos da una mano y nos alienta. También sirve para estudiar donde estamos parado y que hemos hecho de nuestra vida. 

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