23 de agosto de 2016

ENTREVISTA PICANTE

ENTREVISTA PICANTE. "En Tandil los comensales no son clientes, son nuestros vecinos. Hay otra relación y otra responsabilidad"

Hace unos días compartíamos en el Diario de Tandil la primicia de la vuelta del Bar Firpo. Cuentenos por favor como se dio esta posibilidad.

Cuando comenzó el proyecto de Lavie para recuperarlo, estuvimos en conversaciones. Tenemos una buena relación, porque venía seguido a mi restaurant y surgió esta idea. Después no nos pusimos de acuerdo o yo no lo veía, algo así.

Ahora que volvió a cerrar se reflotó esta posibilidad de abrirlo y nos pusimos con todo.

¿Cómo será el Bar Firpo de González?

La Idea es que vuelva el viejo Bar Firpo. Es muy importante conservar esa magia que lo caracterizaba. La magia hace al lugar. Yo soy consciente de que uno se puede mandar macanas o puede tener errores. Si al parrillero se le quema un bife de chorizo o sale duro lo puedo salvar, pero si atendemos mal estamos sonados.

Si vos venís a La Pulpería sabes que hay asado, está la guitarra, el bombo. Los clientes son como nuestros familiares. Esa es la magia de este lugar

El Firpo tiene que volver a como era antes. No estoy reformando nada. Al contrario, hay que dejarlo como era. Siento como que me alquilan la magia, los 100 años que tiene ese lugar. Es una de las esquinas más viejas de Tandil, no podemos perderlo de vista. Hay que volver a eso.

Adelántenos alguna sorpresa, por favor.

No sé si son sorpresas, porque es volver a lo que era. Hoy mandé a comprar mazos de cartas por ejemplo. ¿Cómo vas a poner cartas en esta época?, me dijeron enseguida. Y si es un bar - se responde solo- En el bar se juega a las barajas, se toma vermouth y se sirve una picada.  También estoy buscando un TV viejo de 29 pulgadas para ver los partidos. No quiero plasmas ni nada nuevo. Me gustaría que la gente venga a tomar algo y se ponga a hablar, a debatir. Que hablen de futbol, de lo que sea. 

Tampoco va a haber mucha música, quiero un tocadiscos y algunos discos de tango. Mortadela, cinzano con fernet y barajas. ¿Se entiende el concepto?

Entiendo. Quiere hacer el inverso de lo que pasó con el Bar Ideal. ¿Se arrepiente de haberlo vendido?

En ese momento no se podía hacer otra cosa. El Bar era de mi viejo, falleció y a nosotros nos quedó un poco grande. Éramos jóvenes, no teníamos la experiencia de hoy. También se vencía el contrato y teníamos que decidir rápido.

Cuente por favor su historia con el Bar Ideal, ¿cómo llegan los González a la esquina más tradicional de Tandil?

Nosotros somos de Quilmes donde teníamos una pizzería. Después mi viejo también tenia bares por la zona de Lavalle y Suipacha en la Capital. En el año 1986 le ofrecen el Ideal a mi viejo y nos venimos a verlo.

Vinimos buscando tranquilidad y no nos fuimos más. Era un furor el bar. En las fechas de Semana Santa o en las carreras de Turismo de Carretera no dábamos abasto. Fue así que empezamos a abrir las 24 horas.

Los viernes se juntaba todo el mundo. La gente que salía de los bailes, del Italiano, las chicas de los cabarets. Llegamos a poner un policía adentro de tanta gente que venía. La gente de campo venía mucho.

Con todo esto que me contas, no puedo entender cómo fue que desapareció?

Mi papa murió en noviembre del 93 y a los pocos meses lo vendimos. Nos quedaba grande, como te decía antes. Los que vinieron después lo reformaron mucho y le sacaron la magia.

Era un bar mágico, pero lo modernizaron mucho. Creo que pensaron más en la parte comercial que en lo espiritual. Pusieron comidas para llevar,  quizás se quisieron comer a los chicos crudos, como se dice, y no les salió.

Al principio, Maxim, laburaba bien, pero después perdió el encanto y cayó.

Estas hace 30 años en la ciudad, ¿le agarraste el gusto al tandilense?

Me costó muchísimo. Yo venía de un mundo totalmente distinto. En Buenos Aires viene un cliente y después no lo ves nunca más en tu vida. Imagínate en pleno centro de la Capital Federal. Acá es distinto, la gente te conoce. Para muchos todavía soy el Luisito que los atendía en el  mostrador del Ideal en la década del ?80.

A fuerza de golpes nos fuimos acomodando. Tuve que entender que el cliente no era un cliente, era un vecino. Hay otra relación y otra responsabilidad. El comensal es un tipo que vive al lado de tu casa. Si alguien se va mal del restaurant te mata con el comentario y si te quemas no lo levantas más. Acá podes ser Gardel en un día o te llevan a la tumba.

También hay que entender que nunca sale todo bien. Puede salir mal un plato, pero hay que hacerse cargo y darle respuesta al cliente. Yo siempre digo que es más importante la calidez que la calidad.

¿Cómo ves la gastronomía local?

Hay mucho, te diría que sobra oferta para la realidad de la ciudad. Para mí, ojo, es una opinión. Los que laburan son siempre los mismos.

Hay muchas alternativas. Parrillas, cocinas gourmet, mariscos, pizzerías, hay de todo. Tanta oferta estaría bien para una ciudad que está llena siempre, pero en la semana sobran mesas. No se labura igual.

Hay muchos chicos que estudiaron gastronomía, ponen un salón y ganan la misma guita como si fueran empelados. No está mal.  Pero si te pones a ver somos casi siempre los mismos.

Hablemos de la terminal, hace años que estás ahí?

Si, estamos desde el 93. Vamos como podemos. Dependemos mucho de Provincia que paga un derecho de plataforma. Estuvimos 10 años sin aumento, una locura. 

Cuesta hacer entender a la gente para que cuide el lugar. Ensucian todo. Le llevan comida a los  perros y la tiran en el hall. Es como se dice un No lugar. No hay limpieza que aguante porque no cuidan nada.  No exagero si te digo que cambio seis vidrios por mes. Se han llegado a robar inodoros.

No cuidan los que vienen y tampoco los de adentro.

Subscribite para recibir todas nuestras novedades

data fiscal  © 2026 | El Diario de Tandil | Sarmiento 291