25 de julio de 2016

MISCELÁNEAS

MISCELÁNEAS. El bar a nuevo y las costillas viejas

El Café Mariano parece otro pero es el mismo. Instalado desde hace años sobre calle Belgrano, a pasitos de Chacabuco, se convirtió en un ámbito masculino por excelencia, a la manera de los venerables bares de barrio del siglo pasado como los pocos que aún resisten: el Campeones o el bar del Quilo Aurón. Conducido por un ex futbolista (y su hijo), el bar del Negro Conti tiene una clientela fija donde todo el mundo se conoce entre sí, y un tópico suele ser prioritario a la hora de las conversaciones que son bulliciosas y de mesa a mesa, democrática costumbre muy propia de los bares de hombres. El fútbol, como estrella principalísima, la política y algunas otras pasiones populares están a la orden del día. El bar, además, atravesó un cambio bienvenido mediante una profunda lavada de cara. Remozado e iluminado a tono con la época, el local lucía hoy habitado por una gran cantidad de parroquianos. Obviamente, la derrota del boxeador Matías "La Cobrita" Rueda dominó la charla. También lo que ganó en términos económicos, más allá de la paliza que se llevó en los cuatro minutos donde se consumió su esperanza de ser campeón mundial y las ganas de volver a Tandil subido a una autobomba.

Dicen -teoría que podría ser aplicada a todos los pueblos de la provincia de Buenos Aires- que la tentación de contarle las costillas al vecino deviene de algún rasgo irreversible de la condición humana. Rueda no escapó de los cálculos de los parroquianos.

La bolsa del crédito local, haciendo un promedio de las especulaciones, habría oscilado entre 20 y 30 mil dólares. "No se salvó", dijo alguien como un homenaje a la obviedad. Más bien que frente al gran show de semejante pelea en Las Vegas, la plata parece poca. Según el crítico de boxeo Marcos Vistalli, el gran negocio de este combate lo hizo el promotor de Rueda. Vistalli, hace un año, había profetizado a este portal de noticias algunas cuestiones que le han dado la razón, con críticas al entorno del boxeador, que hoy el periodista Osvaldo Príncipe en La Nación también puso sobre la mesa. Cierta vulnerabilidad de Rueda y una aceleración del proceso natural del boxeador, explican parte de la terrible noche del sábado.

En el bar hubo además una coincidencia generalizada: si Rueda no encamina su carrera afincándose en el exterior y poniéndose en manos de profesionales responsables, lo suyo habrá sido un sueño efímero para una carrera de cabotaje.

Como ocurre a menudo en los bares -remodelados o no- tampoco faltó el ingenio popular sobre una de las cuestiones ocurridas el fin de semana. "Che, el que la hizo bien fue ese fenómeno de Forrest Gump, ¿no?", lanzó un conocido parroquiano de los bares céntricos. Se refería al homónimo del fundador de la ciudad, Martín Rodríguez, quien después de correr de punta a punta el país fue recibido como un héroe por una multitud en las puertas del Palacio Municipal. A cincuenta metros del boliche del Negro Conti.

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