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18 de julio de 2016
Son alrededor de una docena las redes de vecinos organizados en torno a la seguridad de las que tiene noticias el Municipio. Así reveló el subsecretario de Protección Ciudadana, José Denisio, ante una consulta de El Diario de Tandil.
El funcionario comunal las ubica en una zona muy amplia: "Están distribuidas por toda la ciudad, principalmente en los distintos barrios". Y reconoció que "seguramente debe hacer más que no conocemos y otras que se van formando".
Esta nueva dinámica vecinal se origina en los picos de inseguridad. Por lo general, las redes aparecieron como respuesta a una seguidilla de hechos delictivos en las distintas vecindades y lo hicieron poco a poco pero de manera sostenida en los últimos cinco años.
La mayoría de los grupos se estructura a través de WhatsApp y de las pocas experiencias que comenzaron en Facebook, ninguna parece haber resistido el paso del tiempo y la preferencia por los dispositivos móviles y la red de mensajería número uno en Argentina.
"Con el WhatsApp estamos todos conectados, cuesta encontrar algún vecino que no tenga un celular con el programa cargado. Es la forma más rápida de estar todos enterados de lo que pasa, como si fuera la plaza donde se juntaban antes los ciudadanos, ahora nos encontramos ahí", explica un vecino de Uncas, y agrega que "la usamos exclusivamente para ayudarnos en la vigilancia, tratamos de no hacer comentarios sobre otros temas para que el uso de la red sea eficiente y la gente no se canse y abandone".
Esa zona, según confirmó la Secretaría de Protección Ciudadana, tiene la red de vigilancia vecinal más grande que se conozca en esta ciudad, con más de un centenar de contactos que intercambian datos cuando ven movimientos sospechosos, gente merodeando y cualquier situación que resulte extraña al movimiento habitual del barrio.
"Hay vecinos conectados en todos los barrios prácticamente y nosotros conocemos unas diez o doce de estas redes, aunque seguro hay más", explica Denisio. El ex comisario asegura que contribuyen a que los vecinos se sientan más seguros y agrega: "No es solo una sensación de seguridad sino algo real, porque cuando hay un compromiso el vecino mira por la ventana y si ve algo raro, en vez de restarle importancia avisa por la red y alguien llama al 101 y otro le avisa al dueño de la casa en la que se ve algún movimiento y enseguida ya hay un montón de gente atenta".
DOS
ES MEJOR QUE UNO
La aparición de la policía de prevención local sirvió como refuerzo para fomentar el uso de las redes vecinales. Es que para que estas no decaigan los participantes tienen que sentir que su participación tiene alguna utilidad y esto es imposible si las fuerzas de seguridad no responden a los llamados. Y este, el llamado a la policía, es finalmente el punto destacado de las redes organizadas. Porque el paso final es que, alertados los vecinos de una anomalía, alguien reporte al número de emergencias de la policía. Claro que como los recursos siempre son escasos, no pocas veces el patrullero más cercano está ocupado y no hay otro disponible. Pero con la policía de prevención los recursos se amplían y hay menos posibilidades de que el llamado de los vecinos no sea atendido de forma rápida por alguna de las fuerzas.
"Los llamados siempre son al 101 o 911, pero nuestras operadoras están conectadas a la frecuencia policial y cuando desde la base de emergencias despachan la orden de ir por un llamado a algún barrio, nosotros también nos enteramos y podemos enviar agentes si la policía de seguridad no está en condiciones de hacerlo más o menos rápido", asegura Denisio.
Pero las redes de seguridad no solo se usan para vigilar el barrio sino para controlar la eficiencia de la policía. Cuando el patrullero demora en llegar siempre hay repercusiones. "Llamamos al 911 y dejamos constancia de la demora o nos contactamos con la policía local o con los funcionarios que nos dejan su número y les decimos que no viene la patrulla, la red la usamos para cuidarnos y también para que nos presten el servicio de seguridad por los impuestos que pagamos", explica Laura, que vive en el Barrio Palermo y participa en la red de la zona a través de WhatsApp. No es la única en su casa; su esposo y su hija de 16 años también están en el grupo.
"Nosotros les decimos en las reuniones que usen las redes, que llamen a la policía cuando ven algo que les parece anormal", remarca el funcionario. "La policía está para servir y no se tiene que pensar el vecino que se va a molestar el agente porque lo llamen por movimientos extraños porque eso es hacer prevención, mejor llamar diez veces y que no sea nada a no llamar y que se cometa el delito", señala.
EN MOTITO
Y CON CAPUCHA
La hiperactividad de los residentes a veces da lugar a falsas alarmas, como cuando "empezó a circular un mensaje sobre un joven sospechoso con capucha y mochila y al rato saltó un integrante para avisar que, por la descripción de contextura y vestimenta que daban, era su hijo que iba a visitar a la novia", recuerda Mauricio Sigampa, quien se encuentra en el grupo de vecinos en red de Villa del Parque.
A pesar de estos "falsos positivos", es mejor pecar por exceso de celo cuando se trata de dar aviso a la red y a la policía. Lo contrario, el desinterés o la falta de atención, pueden terminar en un robo porque "los delincuentes están circulando todo el tiempo y en distintos horarios, hasta que saben bien cuál es el movimiento de las casas, los horarios, si hay alarma, perros, vecinos cerca; es raro que se manden a robar al voleo", señala desde su experiencia en las fuerzas de seguridad José Denisio.
Sigampa acuerda con esta observación. Indica que en el grupo tienen por norma dar aviso cuando ven un auto que no es de la zona o que hace varias pasadas; si pasan dos personas en moto en actitud sospechosa (despacito y mirando las casas) o cuando una o dos personas transitan sin apuro y controlando las viviendas. Es obvio que, como se dijo antes, a veces se equivocan o el prejuicio los hace obrar apresuradamente. Porque esos muchachos que van con capuchas pueden ser desde pibes del barrio siguiendo la moda adolescente hasta albañiles que pasan rumbo a una obra. Y los motociclistas quizá simplemente van de paso y no necesariamente están haciendo tareas de inteligencia criminal.
Aún así, la máxima que rige estas organizaciones vecinales está clara: "Dar aviso ante cualquier cosa que haga sospechar sobre un posible delito, porque a veces nos equivocamos y no es nada, pero otras veces sí son ladrones que andan viendo donde entrar y el hecho de que los vecinos salgan a mirar y marquen presencia o que pase un patrullero ya los hace irse para otro lado".
Como la mayoría de las redes, la de Villa del Parque nació a consecuencia de una serie de hechos delictivos y la resultante sensación de desprotección. Sigampa recomienda a los vecinos de otros barrios organizarse de idéntica forma porque "no cuesta nada y realmente los resultados son muy buenos, aunque no se pueda evitar el delito al cien por ciento".
Una de las cuestiones que tuvieron que resolver fue el uso de la red para no desvirtuarla y que perdiera efectividad, lo que termina siendo bastante común en los grupos de WhatsApp, donde al final se terminan posteando comentarios que nada tienen que ver con el tema de la convocatoria.
"Pensamos en hacer un protocolo pero al final se fue llegando naturalmente a un cierto acuerdo en cuanto a las normas de uso del grupo", dice Sigampa. Con el tiempo lograron que los mensajes que circulan a través de ese grupo de más de 80 contactos, seas estrictamente relativos a la seguridad del barrio. Claro que también terminan usándola para otros fines, pero siempre comunitarios: "Encontramos muchos perros perdidos o que se escapan, ponemos una foto y decimos si lo tenemos en nuestra casa si lo vimos pasar y hacia dónde iba, funciona muy bien".
Crear la red no fue tan difícil como mantenerla operativa. "Hay que ser muy cuidadosos con la comunicación porque somos muchos integrantes y no es lo mismo decir algo en persona que por texto, se puede malinterpretar, eso pasa a veces de a dos, imaginate cuando hay 80 en una charla. Otro tema es atenernos a pasar información y no ponernos a opinar porque hay gente apolítica pero también hay simpatizantes y hasta integrantes de distintos partidos y no queremos que se armen discusiones que no llevan a ningún lado, apuntamos a que esto sea un servicio comunitario para todos". Sigampa pone énfasis en la cuestión política porque "termina ensuciando todo". Opina que "cada uno quiere llevar agua para su molino y hablar mal del otro, y nosotros necesitamos soluciones y propuestas, no que se peleen para ver quién tiene más culpa".
Por otra parte reconoce que desde el Área de Seguridad "nos prestan mucha atención, llaman cada tanto para ver cómo está el barrio, nos reciben cuando pedimos reunión y ponen sus números a disposición para que los llamemos cuando sea necesario". Pero por otra parte critica al Municipio porque "el estado de estas calles hace que los patrulleros rompan amortiguadores o el tren delantero y también nos falta iluminación, o sea, están los faroles pero falta más luz". En este sentido reconoce que "cuando Marcos Nicolini estaba en el gobierno (el actual concejal fue jefe de Gabinete) le pedimos cinco reflectores y nos cumplió, pero en el tema servicios estamos muy mal y eso también tiene que ver con la seguridad".
LOS
SOSPECHOSOS DE SIEMPRE
¿Cuánto hay de cierto en eso de que quienes se dedican al delito son siempre los mismos? Según "Bastante", según este vecino de la calle Picheuta, en el límite invisible entre Las Tunitas y Villa del Parque. "Es cierto que es un número bastante chico y que acá en el barrio están identificados (da nombres y enumera la especialidad de cada uno), aunque a veces vienen de otro lado. Pero lo más común es que sean los que viven en este barrio y que roban las casas cuando ven la oportunidad porque no hay nadie".
Sigampa menciona que, amén de los delincuentes irrecuperables y consuetudinarios, hay muchos adolescentes y jóvenes que caen víctima de un sistema que no les dio ninguna oportunidad (vuelve a mencionar un par de nombres, algunos de ellos emblemáticos pibes chorros). "Son chicos con historias de vida durísimas, que mucha gente ni se podría imaginar, no parece raro que hayan terminado en el delito", manifiesta, abonando la teoría social que indica que extraño sería que hubiera pasado lo contrario.
Sobre ese punto señala que la Secretaría de Protección Ciudadana comenzó un trabajo "muy bueno" cuando se sumó al equipo el licenciado en Trabajo Social Rubén Diéguez, ex subsecretario de Desarrollo Social y hoy en la mira de la Justicia por el uso irregular de fondos en el área. "Ni bien llegó Diéguez se notó un cambio, se tranquilizó bastante la cosa porque algunos pibes empezaron a tener más contención con distintas acciones que pusieron en marcha, pero ahora no se si eso podrá continuar por el juicio que le están haciendo, yo espero que sí porque me parece que estos chicos necesitan una oportunidad para salir del delito y de la mala vida que les ha tocado".
Claro que no todos piensan como este vecino con respecto a las maneras de enfrentar las causas del problema. El mensaje 'hay que meterles bala' caló hondo en una sociedad que se siente abandonada del Estado que debe darle protección.
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