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29 de junio de 2016
por
Mauro Carlucho
FOTOS DE NICOLAS PROCOPIO (AL FINAL DE LA NOTA)
Por obvias razones vamos a poder contar las anécdotas que respeten el espíritu de este medio de comunicación, pero como muchos saben, Carucha es un tipo abierto a este tipo de imponderables.
Con apenas 51 años tiene más noches encima que las que tendrá la mayoría de nuestros lectores en toda su vida. Con esto no queremos decir que vivió en Las Vegas o que pisó los exclusivos boliches de Ibiza, pero les aseguro que supo sacarle jugo a la compañía de la luna y las estrellas.
Lleva toda una vida en Tandil, pero no nació acá, sino que vino junto a su familia de Balcarce Cuando apenas tenía dos años.
En un principio se afincaron en una casa alquilada en Chacabuco y Pellegrini, pero luego de mucho esfuerzo, su padre pudo levantar el rancho en Villa Italia. Allí sobre calle Urquiza gira su vórtice. Nunca pudo escaparse por mucho tiempo de ese lugar. Probó con la vida en pareja, durmió en muchos barrios, pero su cama está a pasitos de las vías, donde la familia Caro echó raíces.
Rápidamente se hicieron de amigos en el barrio y ahí pasaron la infancia. Luego de terminar la escuela primaria, Carucha probó con la secundaria pero "era imposible hacerme estudiar", reconoció en la entrevista.
En aquellos años no había muchas alternativas, si no querías estudiar había que salir a trabajar. Fue así que a los 14 años consiguió empleo en la imprenta de La Minerva, tradicional comercio de nuestra ciudad que marcó una época.
Los talleres estaban por calle Sarmiento. Su ingreso en el mercado laboral fue festejado por la familia, de alguna manera los padres creían que podían encauzar a Fernando, quien era un poco "plaga" como se decía comúnmente.
Estuvo casi 20 años trabajando en la imprenta. Empezó como cadete y así fue ascendiendo hasta manejar la maquina Offset, una de las vedettes de la compañía.
Al paso que ganaba sus primeros pesos, Carucha fue descubriendo una de sus pasiones: la noche.
Al principio sus viejos se ponían estrictos y no lo dejaban salir de Villa Italia. Debía volver a horario y no salir de un radio de giro que ellos consideraban cercano. Así fue redescubriendo las escaleras de Unión y Progreso, los bailes barriales y recuerda un punto destacado de aquella época. Menciona el pub Atila que atendía "Chupete" Romeo. No hacía falta demasiado para ser un lugar mágico. Dos pooles, una barra y los amigos que se acercaban a conversar de la vida.
"Yo siempre digo que salí una sola vez. Salí a los 16 años y me quedé en la noche para siempre. ¿Qué le voy a hacer? ¡Me gusta la noche!, me divierto, la paso bien. Al carnicero siempre se lo asoció con la noche, será porque vende la carne para el asado y nos invitan. No lo sé realmente, pero te puedo asegurar que me gusta más la noche que el día", comenta abiertamente.
Cuando se hizo mayor y logró más independencia le agarró el gustito del todo. "La época de La Minerva fue muy linda, porque éramos un grupo bárbaro. Trabajamos de corrido y a la tardecita ya nos quedábamos en el centro. Íbamos al Grill, al Cisne, a Dionisio. Todas las noches cenábamos afuera, pero la plata alcanzaba. Yo estaba soltero y siempre había alguno más para completar el grupo. Me animo a decir que la mejor época fue a principios de la década del ?80. Recuerdo con mucho cariño esos años", sostiene.
Esta relación tan cercana con la nocturnidad y todos sus eventos, lo alejó de una familia tradicional establecida. Sus compañeras a lo largo de la vida notaban este profundo deseo de visitar pubes, peñas y cuanta reunión de amigos apareciera en la agenda.
"Mi
otra gran pasión es la pesca, y hubo épocas en que lo dejé de lado porque
prefería acostarme tarde. No me pongo a pensar si está bien o mal, es lo que me
gusta y lo sigo haciendo. Salgo de lunes a domingo y disfruto de la vida que
llevo".
Todas las noches cuando cierra la carnicería, pasa por su casa y enseguida enfila para el centro. El destino puede ser Molly Mallone, Cinema, Ginebra o la casa de un amigo. No puede contabilizar los días que se acostó antes de las 00 de la noche. Su horario habitual es en medio de la madrugada.
Volvamos a su historia cronológica. A mediados de los ?80 la imprenta entró en crisis y le dieron el retiro voluntario. Con el dinero estuvo un año sabático (sic) y de tanto visitar a un amigo aprendió el oficio de carnicero.
Fue Daniel Gómez quien lo introdujo en el trabajo de despostar medias reses y afilar los cuchillos. Gómez tenía una carnicería en calle Quintana al 800 que marcó una época. "Cuando me quedé sin laburo iba a la Carnicería Daniel a tomar mate y pensaba que iba a hacer de mi vida. Fue así que empecé con este oficio. Antes lo único que sabía de la carne era comerla", relató.
Estuvo tres años en ese comercio, luego se fue una época con José Ramil quien le enseñó todos los secretos de los chacinados. Ya que se iba a dedicar a esto quería saber bien de que se trataba.
Cuando ya había juntado bastante experiencia como empleado, quiso probar como dueño. Así abrió en sociedad su primera carnicería ubicada en Buzón y Tierra del Fuego. Un punto complicado en aquella época, ya que era el punto de trabajo para el incipiente colectivo de travestis que horrorizaba a las señoras paquetas.
"Estuve
como 7 años en esa carnicería. No era lo que esperaba. Un negocio muy
complicado y difícil para hacer las cosas bien. Aparte todas las noches
teníamos kilombo con la policía, los travestis. Fue una etapa muy divertida,
pero no resultó comercialmente. De ahí me fui a trabajar a un supermercado
chino. Me llamaba la atención su idiosincrasia, unas costumbres totalmente
distintas a las nuestras. Aguante tres años, pero la pasé bien. Eran terribles,
cuando te enfermabas me venían a buscar a casa. Son unos locos del trabajo".
Luego de probar suerte en distintos comercios, concluye que le gusta trabajar en los negocios de barrio. "Hay otra relación con la gente, no es lo mismo que ir a un supermercado. A Monarca no voy ni a comprar una promoción. Lo mío es el boliche de barrio que te conoce y tenés un código en común. Igual cambió bastante la relación entre carnicero y cliente. Ahora ni te saludan, no hay tanto dialogo. Ni hablar de que bajaron mucho las ventas. La gente tiene más variedad para comer y las mujeres cocinan menos. Eso es innegable. Prefieren llevar hamburguesas congeladas que comprar la carne. Todo va cambiando", afirma.
No se guarda nada cuando le preguntamos por el oficio y los vaivenes que se ven en el mundo de la carne. "El que hace plata con la carne es porque ha sido muy vivo o la hizo de otra manera. Hay muchos que son como Alejandro Fantino, que hizo la plata con Animales Sueltos", sostiene irónicamente sobre el histórico cuatrerismo que sobrevuela este mundo.
"Nunca me quise prender en ningún negocio raro. Nunca arreglé con un frigorífico o con un matarife, con nadie. No quiero vivir al filo de la navaja. Por eso ves que abren muchas carnicerías a todo trapo y cierran enseguida. No es un negocio fácil", advierte.
Hay una anécdota muy buena para el día del
carnicero, Carucha la recuerda con cariño: "No somos un gremio de juntarnos mucho, ni siquiera sabemos cuál es
nuestro día, pero hace un tiempo nos juntamos todos para salir a festejar.
Éramos una banda importante, porque estaban muchos de los carniceros históricos
de la ciudad y además los colaboradores y amigos. Resulta que pedimos vacío en
la parrilla y la moza viene con un rost beef cortado al medio que buscaba
engrupirnos. Sabes cómo nos dimos cuenta al toque. Le dijimos a la moza y esta
salió a buscar al parrillero. Cuando se dieron cuenta que éramos todos
carniceros se querían matar, mirá que nos iban a pasar con ese tema".
Para terminar la nota le pedimos que nos cuente alguna andada en la noche, de esas que cuentan en cada peña de amigos. Accedió a contar una pero sin mencionar a su compinche: "En una época agarré un curro de taxi boy, me contrataban para animar despedidas de soltera y ese tipo de fiestas. No era porque necesitara la guita, sino porque nos cagábamos de risa y la pasábamos bien. La joda era en una quinta a las afueras de la ciudad, con mi compañero le quisimos meter un poco de fantasía y conseguimos trajes de Batman y Superman. Bueno, resulta que salimos en la moto para la fiesta y en el trayecto a mi amigo se le engancha la capa de súper héroe en la rueda trasera de la moto. Nos dimos un palo terrible en la calle y casi que terminamos en el hospital".
Así
es la vida de este personaje. Risueño, carismático y amigo de sus amigos. Su
tiempo gira en torno al laburo, la noche, la peña de amigos y la pesca. El
hombre no necesita mucho para ser feliz. Es solo una
cuestión de actitud y de hacer lo que nos gusta
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