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22 de junio de 2016
Con las subas enormes en los alimentos y descomunales en el precio de los servicios públicos el poder adquisitivo sufrió una caída notable. El impacto en los más vulnerables es notable. ¿O no? El marketing político de oposición hace foco en estas cuestiones, como es lógico ante la magnitud de los tarifazos y lo que implican. Pero en Tandil, aunque se replican estas consignas sobre el hambre del pueblo, los que entienden del tema se niegan a aceptar esas aseveraciones. Es cierto que hay mucha gente con necesidades. Son 21.000 los chicos que reciben parte de su alimentación en comedores estatales o dependientes de organizaciones no gubernamentales. Pero no es menos cierto que la red de contención funciona muy bien y, contra lo que se pueda pensar por pura lógica, no recibe mayor demanda.
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Liliana Cagnoli asumió este año la presidencia del Banco de Alimentos, luego de trabajar una década en la institución en distintos roles, desde su ingreso como voluntaria.
El Banco de Alimentos de Tandil (BAT) integra una red de 16 filiales que funcionan con una administración central que recibe donaciones de multinacionales y luego distribuye a las sedes, pero cada filial tiene gestión independiente: "Formamos parte de la red pero manejamos nuestra política de funcionamiento interna, aunque tenemos un protocolo entre los bancos de alimentos para fomentar el intercambio". La filial local asiste a 148 organizaciones con productos comestibles y -desde hace dos años- también con artículos de limpieza.
El bien de cambio principal de Tandil son los productos del sector agrícola y ganadero. A través de las donaciones de granos el banco elabora harina, polenta y aceite. "Lo primero que se hizo fue harina en Molinos Clabeq", recuerda Cagnoli. Y en la elaboración también es importante la donación de la empresa, ya que "lo único que pagamos son las bolsas, porque no son estándar sino que identifican la procedencia, con una leyenda que indica que la venta está prohibida".
Sobre el proceso detalla: "Nosotros vemos cuánto grano se va acumulando en nuestra cuenta de Usandizaga, Perrone y Juliarena, cuánto en Dos Caciques, en Ceres Tolvas, en la Cooperativa o Pam Redolatti. Cuando hay suficiente para moler pasamos al proceso de elaboración de la harina, que es nuestra moneda de cambio con otros bancos. En definitiva, el producto final es resultado de una cadena de valor solidaria".
El BAT nació con dos grandes programas. El de donación de cereales ya citado y otro de donación de vacunos. Este último puso a Tandil en un lugar destacado del radar mundial, ya que de los bancos de alimentos que funcionan en 47 países es el único que instrumentó un proceso de elaboración de carne picada.
Los productores agropecuarios donan los vacunos en pie y cuando se consiguen diez animales un transporte lleva la carga al Frigorífico Mirasur, donde se lleva a cabo la matanza. La res faenada se envía entonces hacia la planta elaboradora de Cagnoli en el Parque Industrial para la parte final del procedimiento, que culmina con la carne molida lista para distribuir. Ninguno de los eslabones de la cadena cobra por su participación.
La transparencia es uno de los puntales del Banco de Alimentos. En atención a este detalle la organización lleva un estricto registro del rendimiento de las donaciones de granos y animales en pie, que envía en forma de reporte a los donantes para que conozcan el destino de sus aportes.
Cagnoli define a los donantes como "héroes anónimos", y reconoce que "lamentablemente son muy pocos si tenemos en cuenta el universo de productores agropecuarios que hay en el Partido de Tandil".
PRODUCTORES SOLIDARIOS, SE BUSCAN
De los aproximadamente 1200 productores registrados en Tandil los que participan como donantes cada año no exceden los 25, número que no crece desde la apertura del banco en el año 2002.
"Son pocos y grandes", asevera la dirigente y confiesa: "Nuestro desafío es desarrollar la red de pequeños donantes - aquellos que ceden un volumen inferior a los 5000 kilos de granos- y aunque estamos haciendo campañas en los acopios no lo hemos logrado".
La manera de poner en práctica la participación de estos sectores de la producción agropecuaria sería similar al "vuelto solidario"; por ejemplo, un emprendedor que lleva 10.500 kilos puede decirle a su acopiador que transfiera 500 kilogramos a la cuenta del Banco de Alimentos. Esa media tonelada por sí sola es un volumen muy pequeño, pero no se la debe contemplar en términos relativos sino como parte de un sistema en el que, si muchos participan, el volumen de donaciones crece hasta convertirse en algo significativo.
"Nosotros al pequeño productor le pedimos entre 1000 y 5000 kilos, pero si no puede y nos ofrece el residual, lo que está por debajo de los mil kilos, nos sirve también, porque tenemos cuenta abierta en todos los acopios y vamos juntando granos, el tema es expandir la cantidad de gente que dona porque siempre son unos pocos que donan mucho y la mayoría nunca entra al circuito de la donación".
La necesidad de Tandil se cubre con 450.000 kilos de granos. Siete camiones de trigo, seis de soja y dos de maíz, a 30 toneladas por carga. "Cuando les llevamos el objetivo a los acopios, a ellos les parece que se llega muy fácil porque es poquito para los volúmenes que se mueven en Tandil, pero sin embargo nunca hemos podido alcanzar la meta porque apenas logramos que 25 productores por año se sumen al programa", se aflige la presidenta de la institución.
NÚMEROS QUE SORPRENDEN
Entre las 148 organizaciones asociadas al Banco de Alimentos (Caritas, comedores escolares, comedores privados y el Municipio) se asiste a 21.000 niños del Partido de Tandil. El 80% de ellos ubicados en la planta urbana. También son alcanzados sectores de tercera edad, principalmente los ancianos que se alojan en el Hogar San José.
Claro que el banco no garantiza el abastecimiento total de los comedores porque lo que produce se reduce a carne picada, harina, polenta y aceite, que no solamente distribuye sino que intercambia con otros bancos por otro tipo de productos que se producen en cada zona. "Enviamos 10.000 kilos de harina al Banco de Alimentos de Tucumán y el camión vuelve con una cantidad igual de azúcar que es lo que ellos producen allá y a nosotros nos falta", ejemplifica Cagnoli.
A pesar de la eventual falta de algunos productos, los artículos que efectivamente provee el banco local son la base de los servicios de alimentación que prestan sus asociados y el precio es un factor determinante. Los productos salen del banco local a un valor casi simbólico de $3 por kilo de producto. "Antes lo regalábamos pero como era gratis se desperdiciaba o hasta lo vendían, al ponerle un precio, aunque sea muy bajo, se valora y se cuida más", apunta la referente. El costo de productos frescos o congelados es de $6.50, porque hay que sostener el almacenamiento en cámara frigorífica, con el costo asociado de energía eléctrica. Si las instituciones asociadas debieran recurrir a la cadena de comercialización, pagarían 400 por ciento más.
De nuevo, más allá de los logros en la recolección de cereales y carne y la transformación en materia prima para los comedores, nunca se ha logrado cubrir la necesidad de forma completa. "Necesitamos 30.000 kilos de arroz para todo el año y nos dicen que es un número muy accesible porque con 30.000 kilos de lo que elaboramos en Tandil podemos hacer el intercambio con los bancos de alimentos que son fuertes en ese producto, pero nunca llegamos a esa meta". Otra vez se pone de manifiesto que no pasan de 25 los donantes anuales, sobre un total de 1300 productores. Puede ser que el banco no esté trabajando con eficiencia, o que aquello de que los argentinos somos solidarios no sea más que un lugar común que resurge cuando llevamos una frazada o la ropa que no usamos para las víctimas de alguna inundación.
O, por qué no, también es probable que los menos solidarios sean los que más posibilidades de ayudar tienen.
Y esto pasa con los granos pero también con los vacunos. "Lo máximo que hemos conseguido son 40 por año, que provienen de unos 20 productores". Nadie cuestiona la cantidad de animales que dona un productor sino que un número elevadísimo nunca hizo ninguna donación.
Otra herramienta del programa de carne picada es el remate anual solidario que cada noviembre hace Martín Lalor, quien dona la comisión que recibe ese día. Entonces, otra forma de ayudar es enviando tropa el día que se realiza el remate solidario, porque aun sin donar algo de forma directa harán que la comisión donada sea más grande.
NO SOLO DE POLENTA SE VIVE
Con el proyecto de recuperación de frutas y verduras el BAT logró algo similar a lo alcanzado con el de elaboración de carne picada; hacer punta en el cosmos de los bancos de alimento del mundo. Un transporte viaja dos veces por semana - miércoles y viernes -al mercado central de Mar del Plata, donde el banco de alimentos tiene un puesto con dos personas a cargo, quienes recorren la nave en busca de las frutas y verduras que se descartan. Van acopiando los productos en el puesto hasta que los miércoles retira el Municipio y los viernes la ONG.
No se trata de mercadería en mal estado sino de aquella que no cumple los estándares mínimos que requiere el comercio minorista. Explica la dirigente social: "La mercadería que rescatamos es apta para consumo humano pero que por razones de calidad estética no puede entrar al supermercado".
Se refiere a cuestiones de forma, tamaño y color. El rescate de esos alimentos para redistribuirlos es un acto de coherencia porque, de otro modo, terminan en la basura. Cinco contenedores diarios de estas frutas y verduras aptas para consumo humano se botan a diario solo en ese mercado concentrador; en período estacional ese número sube a ocho.
Este programa de rescate y redistribución es otra de las herramientas que distinguen mundialmente al banco de Tandil desde 2010, cuando lo pusieron en marcha. Por el mismo se hicieron merecedores a un vehículo utilitario cedido por la Red Global de Bancos de Alimentos (Global FoodBanking Network). "Arrancamos con un vehículo que cargaba 1500 kilos". En vistas del desarrollo y los alcances que ha tenido el proyecto la misma red les entregó ahora una combi con capacidad para 2500 kilos.
Estas frutas y verduras recuperadas desde hace 6 años han contribuido a bajar 5% el índice de obesidad de los niños de Tandil, al ser incorporadas a la dieta a través de los comedores afiliados.
¿HAY HAMBRE EN TANDIL?
Es claro que si el BAT tiene 148 organizaciones asociadas que brindan servicio de comedor hay mucha gente que no alcanza a cubrir las necesidades básicas de alimentación en la ciudad. Es gracias a ellas que aquí resulte muy difícil encontrar gente con hambre, literalmente. La red de contención es enorme y funciona muy bien. Incluso al hablar de necesidades básicas, como el acceso a la alimentación digna y necesaria de las familias de escasos recursos Cagnoli apunta que "vivimos como en un paraíso, una isla, una burbuja. Tenemos la suerte de no conocer lo que se vive en otros lugares del país, el conurbano bonaerense, sin ir más lejos".
Y a contrapelo del discurso que se está instalando sobre el aumento del hambre como necesidad apremiante asegura: "Nosotros no hemos tenido mayor demanda alimentaria". Con un promedio de entrega (y demanda) de 35.000 kilos de alimentos mensuales, el talón de Aquiles del banco es la escasez de donantes. "Tenemos dificultades para conseguir donaciones y eso no hemos podido revertirlo en todos estos años. Tenemos que lograr más pequeños donantes, no pensar que solo donan los grandes, porque si el grande dona, pongamos, 10.000, el pequeño no tiene que pensar que sus 10 no sirven porque entre mil pequeños igualan el volumen de un grande y al banco le permite duplicar lo que recibe".
Quizá esa falta de compromiso venga por el lado del reclamo al Estado para que cubra esas necesidades. "Entendemos que hay una cuestión de percepción por la que se puede pensar que es responsabilidad del Estado hacer esto, nosotros creemos también que es así, pero el Estado somos todos. A mí me disgusta y me molesta ver un chico con frío o con hambre y no hacer algo al respecto", objeta, y recomienda: "Creo que en vez de quejarse hay que hacer lo que esté al alcance de uno e invitar a que más personas, Pymes y productores se sumen en esta movida con lo que puedan".
"No estamos en el 2001, nadie nos viene a golpear la puerta diciendo que tiene hambre. Yo viví la época de 2001 y fue muy fuerte, a nosotros en Cagnoli nos tocaban el timbre para pedirnos comida. Hoy eso no está pasando, es decir, hay mucha gente que necesita ayuda pero está contenida en los comedores. Tenemos una asistente social que monitorea a los asociados y no tenemos reportes de emergencia o desesperación. En 2008 hubo crisis alimentaria pero en Tandil no nos golpeó y en este momento ni siquiera se puede hablar de de algo parecido a una crisis alimentaria".
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