26 de abril de 2016

Sociedad

Sociedad. Los payamédicos de Tandil

Ensayando en la sala de espera “Todo nació porque el Doctor José Pellucchi hacía teatro, y también hacía guardias en el Hospital y necesitaba ensayar las escenas”, cuenta Laura Metilli, una de las integrantes del grupo en nuestra ciudad. “Hacían las ensayos de una obra en la sala de espera, y vieron que se generaban situaciones locas y des-estresantes para los que estaban en esa situación antes de atenderse, y empezaron a ver qué pasaría si a esto se le daba una vuelta de tuerca más”. Acá en Tandil surgió con un grupo de amigos que hacían clown y participaban en el “Festival de la Payasada”, y justamente en uno de esos festivales participaron los “Payamédicos” haciendo una obra sobre prevención y vacunación, y es así como los conocieron. “Nos interesó lo que hacían y  nos capacitamos con ellos en el 2005”, dice Laura, “éramos tres y todavía el Hospital de Niños no existía. Luego nos presentamos con el proyecto de llevar las intervenciones en un concurso de Extensión de la UNICEN y lo ganamos”. En 2010, gracias al premio y el aval que se habían ganado, trajeron a los “Payamédicos” para capacitarse con ellos. En ese momento eran solo cinco, entre ellos el Flaco Lazarte, Jorge Montagna, Martiniano Roa y Laura Metilli. Y es así como lanzaron una convocatoria a la comunidad para formarse y convertirse en “Payamédicos”, y hubo más de 30 inscriptos: docentes, enfermeros, jubilados, entre otros. El mundo Paya Finalmente, en 2011 comenzaron las intervenciones en el Hospital de Niños de Tandil, y para muchos de ellos cambió su vida. Maricel Dinelli, otra de las integrantes, explica qué le atrajo de este trabajo voluntario, que además de alegría y momentos de mucha risa, tiene mucho esfuerzo y dedicación. “La vocación, el amor y el cariño”, dice Maricel, “soy psicopedagoga y trabajé siempre con bebes y con niños, siempre tuve mucho amor por los más pequeños. Me gusta ayudar, estar, me di cuenta que desde la alegría, la comprensión, desde una mirada, una sonrisa y un simple choque de manos se pueden lograr un montón de cosas que quizás no se pueden lograr de otra manera. Es por eso que creo que hay que ir con amor, con alegría, nosotros siempre funcionamos como un espejo, mi sonrisa le brinda la sonrisa al otro”. Jorge Gulino, otro del equipo, dice que “llegué a Payamédicos hace muchos años por Clara Albarracín del Hospital de Niños, que me contactó con ellos. Hicimos el curso y salí de ahí con un dolor de carretilla increíble porque había tanta alegría, tanta payasada y tanta cosa linda. Hice el curso porque quería dar algo pero a la vez recibir algo que me hacía falta, y eso lo encontré y es una alegría muy grande. Todos tenemos nuestros problemas personales pero yo llego a la puerta del Hospital, y voy a ver un montón de situaciones complicadas, pero es una alegría muy grande cuando le sacás una primera sonrisa a un paciente. No solo a él, sino también al acompañante, y los sacaste 15 minutos de la intervención, los sacás un rato del mal momento que están pasando y esa es la felicidad más grande que te llevás a tu casa”. Para lograr su objetivo, que es acompañar a los pacientes, ellos mismos crean su propio universo, lleno de palabras que comienzan con “paya”: los “payatrajes” (que son muy coloridos y donde tienen en cuenta cuestiones de prevención a la hora de confeccionarlos), la “payaintervención” y el “payamigo”, hasta palabras que deforman para darle un sentido más positivo a las cosas, como por ejemplo, ellos usan “bienetín”, en vez de “maletín”. Como lo afirma,  María Noë Alonso, otra payasa médica, “esto es algo mágico y no se compara con nada. Cuando uno se pone ese traje, y se transforma en ese ser tan mágico, tan de risa, uno es eso y no hay nada más alrededor, lo otro quedó aparte. Uno cuando está en ese mundo, no hay nada más, es eso, es ese instante, es el juego, es la risa, es la diversión, es la mirada con el otro, es la expresión, porque la expresión habla. Las palabras también, pero la expresión es fundamental”, cuenta la Doctora Nina, el “payanombre” de Noë . Pero, ¿cualquiera puede convertirse en un “Payamédico”?, ¿o es necesario ser un experto en chistes, tener una cara graciosa o ser un gran malabarista? Laura o “Doctora Flor”, como es su nombre artístico en los Hospitales, confiesa que “cualquiera puede ser un “Payamédico”, claro que hay que formarse, pero más allá de hacer la formación completa, todos podemos serlo ya que todos los seres humanos sabemos lo que es la compasión. Y no es necesario saber contar chistes y divertir, ya que nosotros trabajamos desde la ternura, la belleza, lo poético, desde mil cosas. En este caso, siempre es la alegría lo que nos convoca, pero hemos atravesado situaciones fuertes, de tristeza, de gente que llora, y donde uno está para acompañarlo. Nosotros no vamos a hacer un espectáculo, vamos a un encuentro con alguien, y lo primero con lo que nos encontramos es con la mirada del otro, y si el otro no ve, va a ser otro tipo de mirada pero va a ser un encuentro real. Un encuentro que va a ser único, va a ser mágico y en donde vas a estar a disposición del otro”. Acompañar al otro Como ella aclara, “sacamos sonrisas siempre, pero no es nuestro objetivo, el nuestro es ir a compartir y al encuentro, y a veces vas y hay gente grande que llora, y se acuerda de que no ve a sus nietos hace tiempo. Y le preguntamos, ¿qué te gustaría hacer?, ¿qué le gusta a tu nieto? y se genera un diálogo, un encuentro: “y bueno a él le gusta jugar al fútbol” nos dice, y “¿cómo es el arco de fútbol?” le preguntamos, y conseguimos un afiche, que se lo pedimos a la enfermera, y ella se lo pide a la kiosquera de enfrente, y se lo alcanza y lo trae, y ahí ya cinco personas se movieron para hacer algo. Y dibujamos con ella el arco de fútbol , y le preguntamos “¿de qué color es?”, “es blanco”, y “¿de qué color es la camiseta que le gusta a tu nieto?” y “¿de qué juega?”, y en todo ese recuerdo es probable que haya lágrimas pero hubo una producción, hubo un exponer lo que le estaba pasando a esa abuela, y es probable que después de que ella pueda hablar y tal vez llorar, se generen endorfinas, adrenalina, se generen un montón de organismos fisiológicos que está comprobado que sirven: baja la presión, mejora la circulación, termina siendo un des- estresante fisiológico que mejora la situación, está comprobado y es algo que escuchamos de parte de los médicos y las enfermeras después de nuestras visitas. Nos ha pasado que tenían que sacarle sangre a un nene y justo en ese momento los estábamos acompañando, y tal vez el nene en el encuentro se olvida que le estaban sacando sangre. Hay un montón de otras cosas, no es solamente que vamos a divertir. Nosotros no vamos a “dar”, vamos a “encontrar”, y en ese encuentro siempre te llevás algo del otro”. [gallery ids="125043,125044,125045,125046"] AUSPICIAN ESTA SECCIÓN: [gallery ids="125047"]

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