26 de abril de 2016

Política

Política. Balas que pican cerca: el cuñado monotribustista offshore de Bossio

Carlos Loira, el cuñado de Diego Bossio, se interesó por adquirir una sociedad en Bahamas y una cuenta bancaria en un paraíso fiscal para concretar una inversión inmobiliaria de varios millones de dólares en Uruguay durante 2013. Pero su plan se desvaneció cuando Mossack Fonseca, la agencia especializada en crear firmas offshore, advirtió su relación familiar con el entonces titular de la Anses y exigió revelar la identidad de sus clientes.

"Están pensando en una cuenta donde recibir los importes que va a destinar finalmente a un emprendimiento de viviendas sociales en Uruguay (...) los fondos serán transferidos a la cuenta que una sociedad participada abrirá en Uruguay", se explayó el cuñado de Bossio. Y agregó: "Pensamos en un depósito inicial de US$ 50.000 y luego se depositarán entre US$ 100.000 y 150.000 mensuales, no superando en principio los US$ 1.500.000 al año". Luego, detalló que serían "tres o cuatro operaciones por mes". El trámite entre Loira y Mossack Fonseca se empantanó unos días después, cuando el vínculo con Bossio encendió las alarmas del estudio panameño, que suele analizar la situación de las "personas políticamente expuestas". Sus empleados le enviaron un correo el 3 de julio de 2013 para pedirle explicaciones por cinco artículos periodísticos que revelaban el supuesto crecimiento patrimonial de Loira. Los textos apuntaban a la compra de una estación de servicio de 1400 metros cuadrados en Chacarita que pertenecía a una sociedad de Cristóbal López. "Todo mi patrimonio se consolidó mucho antes de que mi cuñado llegara a la función pública, incluso antes de que se incorporara a la familia casándose con mi hermana", se defendió Loira, en un largo correo electrónico enviado a Mossack Fonseca. Y atribuyó todas las sospechas que lo rodeaban por entonces a "una operación mediática". De hecho, afirmó que tenía años de experiencia en la explotación de estaciones de servicio, aunque para concretar la adquisición, Loira utilizó EESS Nueva Borghetto SA, una sociedad argentina que creó dos meses antes de la operación. En aquellos días de 2013, con el kirchnerismo todavía en su apogeo, Valeria Loira, la mujer de Bossio, era una de las pocas personas que integraban el círculo íntimo de la entonces presidenta Cristina Kirchner, a quién asesoraba desde sus días como senadora. La confianza entre ellas fue un trampolín político para Bossio, que a los 30 años asumió al frente de la Anses. Para justificar su incremento patrimonial y el origen de los fondos, Loira envió varios documentos a Mossack Fonseca. Entre ellos, una hipoteca con el Banco Macro por medio millón de pesos. También adjuntó su declaración jurada 2012 ante la AFIP. En esa presentación, en la que se detallan bienes con valor fiscal, el cuñado de Bossio informó activos apenas superiores al millón de pesos. Actualmente, Loira está inscripto como monotributista categoría H. Loira entregó toda la documentación requerida por Mossack Fonseca, salvo la identidad de sus "clientes", que ya había calificado en anteriores mails como "confidencial". A pesar de que finalmente recibió la aprobación de los panameños para concretar la inversión, el cuñado de Bossio no volvió a responder los correos electrónicos. Así, aunque ese contacto inicial le valió el número de cliente 37384 en Mossack Fonseca bajo la denominación de intermediario, esa categorización despertó otra larga discusión interna entre los panameños, que primero lo habían identificado como un cliente directo. Antes de cortar las comunicaciones con Mossack Fonseca, Loira completó un extenso cuestionario en el que declaró que los fondos de la sociedad eran fruto de "ahorros personales". También adelantó que con esa sociedad también pretendía concretar futuras inversiones en Estados Unidos y aclaró que la compañía no tendría "clientes directos". Luego, desapareció. Fuente: La Nación. Con la colaboración de Mariel Fitz Patrick, Ricardo Brom y Romina Colman.

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