11 de marzo de 2016

Cultura

Cultura. Los tambores retumban en las sierras

“Al año nos juntamos con otros cursos, otros pibes y aparecieron Los Murguientos, murga muy representativa a nivel nacional. Entendimos que cualquier persona podía hacer música y en carácter horizontal. No había superiores ni unos que decidieran por los otros. Me llamó la atención todo el movimiento, como fluía la música y nos conectábamos con los demás”, sostuvo a ElDiariodeTandil. Al poco tiempo llegó un ‘extraño’ personaje a la escuela con tambores e instrumentos traídos de África e India. Fue un flash para Rampoldi. “Hasta ese momento no se veían estos instrumentos, no había grupos locales en Mar del Plata ni en Tandil. Era una novedad y me gustó mucho. Luego no vi ningún tambor más hasta que volví a Tandil y en la feria de Semana Santa encontramos a un hombre que traía djembes africanos. Saulo se compró uno y yo me compré un tamborcito medio raro. Así empezamos con lo africano, nos juntábamos a estudiar los golpes, buscábamos lo que se podía en internet en aquel entonces, era todo muy experimental. Desde ese momento no paré nunca más”, dijo entusiasmado. Al poco tiempo las vueltas de la vida le pusieron una oportunidad de oro. Por intermedio de familiares contactó con un maestro africano que daba clases en México. No lo dudó un minuto. Tenía clara su meta. “Ese paso significó encontrar un mundo totalmente diferente a lo que conocía. El djembé era solo una parte de la melodía. La música se vive de otra manera, se enseña diferente y tiene otro significado a lo que estamos acostumbrados. La música africana se canta y recién después se toca, pasa de la voz a las manos y comprende una vivencia. Hay todo una cultura en la trasmisión de la música, recuerdo que el maestro decía que había que ganarse a la música. A veces solo me hacía sentar y escuchar. Tenía que transportar los instrumentos y después no me dejaba tocar. Es un poco como la historia del Señor Miyaghi en Karate Kid, pero es así realmente. La música no es solo el sonido, es su vida, su cultura”. Así entro de lleno en un mundo nuevo. Sacó todo el jugo que pudo y volvió a la ciudad. Aquí lo esperaban los integrantes del primer grupo de percusión. “Empezamos con Piedra Libre, integrado por Saulo Mariano, Diego Churruca, Esteban Conte, Sebastián Hubert, Soledad Orellano, Natalia Camio, Pablo Avendaño, Nicola Rampoldi y Rosario Rodríguez. Lo hicimos con mucho respeto, sin modificar la esencia de la música. La creación queda para los maestros, para los ancianos. Nosotros reproducíamos los ritmos tal como marcaba la cultura, teniendo en cuenta nuestras posibilidades. Con el tiempo fuimos comprando los instrumentos originales, éramos respetuosos y quizás por eso se dio el fenómeno y continúa hasta ahora”. Pero las horas de ensayo con el grupo no alcanzaban para frenar la energía de Rampoldi. Sentía que tenía mucho para dar y quería trasmitirlo. Así empezó con las clases.  Mario Alba le dio la posibilidad de dar un taller en la Escuela Popular de Música. En un principio tuvo 7 u 8 alumnos, desde aquel día el número fue en aumento y sigue hasta el día de hoy. Walter Barbosa también hizo lo suyo, Trasante. No eran muchos, pero lo daban todo. Fueron los padres de este movimiento en las sierras. “Todavía era un adolescente y tenía mucha energía, me sobrepasaba la ansiedad y quería ir por más. Siempre aclaré que no era un maestro, ni siquiera un profesor, pero tenía toda la intención de transmitir lo que había aprendido y a la vez de seguir aprendiendo”, explicó. Piedra Libre y Parche & Solución fueron los grupos pioneros. “Fueron el punto de partida. Walter Barbosa venía dando clases de candombe desde los ’90 y la gente se fue acercando.  En el 2007 hicimos el primer encuentro, pero recién en el 2010 se armó la movida definitivamente. Pudimos llegar al teatro, ya venía mucha gente y podíamos traer grupos de afuera, talleres, dábamos clínicas. La música está para compartirla y se creó una linda mística”. Hoy el fenómeno sigue en aumento, Rampoldi da clases en La Compañía, antes lo hizo en La Vía. Hablamos de centros culturales muy comprometidos socialmente. “Son espacios de conexión, la gente viene de trabajar o de estudiar todo el día y tienen un momento para relajarse y compartir. Por eso se da en ensamble, no me gustan las clases particulares. La gente viene a distenderse. Tocamos, aprendemos y respetamos el trabajo en conjunto. Si alguno va atrasado lo esperamos. Todos pueden tocar”. Esa es la clave. No hay limitantes, todos pueden participar. Solo se hace hincapié en el respeto y en las ganas de abrirse a disfrutar de la música. GALERIA DE IMAGENES - CLIC PARA EXPANDIR [gallery size="medium" ids="120307,120306,120305,120304,120303,120298,120299,120300,120301,120302,120297,120296,120295,120294,120310,120309,120308"]

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