10 de marzo de 2016

Política

Política. Construyendo la empatía

“excelente, cálida y afectuosa”. No son palabras para la diplomacia. Lunghi la sintió así, tal como –por ejemplo- la percibieron los dirigentes de la Cámara Empresaria las dos veces que Vidal visitó la Institución el año pasado antes de las elecciones. El destino quiso que Vidal y Lunghi se crucen en dos momentos muy distintos de la vida de un político. La primera en pleno ascenso y recién conociendo los resortes del poder, el desgaste de gobernar con responsabilidad (a simple vista tiene entre 10 y 15 kilos menos) una provincia fundida, monumental y compleja. El segundo, con la experiencia de doce años de gestión e intentando cerrar un ciclo histórico de la manera como lo empezó: privilegiando su perfil de hacedor, pero debiendo timonear la última travesía del viaje con viento en contra y mar incierto. Pero los dos también tienen algo en común: navegan en el mismo barco, más allá de la cuestión partidaria. A la hora de la gestión y de la responsabilidad, ambos saben que la camiseta del partido queda en un segundo plano. La reunión de ayer en La Plata visibilizó también algunas cuestiones netamente políticas: la idea de la gobernadora de descentralizar y profundizar la autonomía de los municipios, a la vez de fidelizar cara a cara el vínculo con los intendentes. En este punto la empatía resulta vital para ambos. Lunghi lo pudo lograr con Kirchner, porque a pesar de su impronta de caudillo (o por eso mismo) era un político cálido y generoso a la hora del trato en el mano a mano. La tranversalidad no nació por azar. También con Scioli, debido al pragmatismo a toda prueba del ex motonauta: Scioli iba donde estaban los votos y como no tenía ningún corsé ideológico sino una máquina de calcular en su cabeza de ajedrecista, construyó una relación inmejorable con Lunghi, quien a su vez muchas veces se ha definido como un soñador pragmático. Va de suyo también que en la reunión de ayer se ha hablado de política hacia el interior del espacio Cambiemos. De gestos y de cuestiones concretas para una fuerza que nació unida por el espanto (al kirchnerismo) y terminó derrotándolo y llegando al poder local, provincial y nacional, provocando un rotundo cambio de época para la política argentina. Tandil sigue siendo –hoy quizá más que nunca- una de las ciudades estrellas de la provincia. Por lo tanto requiere de una sintonía fina entre los estados municipal y provincial que le permita construir políticas públicas en común para las obras pendientes. El primer paso de ayer en La Plata es el punto de partida que tanto Lunghi como Vidal necesitaban a la hora de ejercer la tarea más ardua y estresante de todas: el arte de gobernar con la política como sustancia.

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