9 de marzo de 2016

Opinión

Opinión. Los medios hegemónicos de #ElRelato

lograr la noticia, genera un caldo de cultivo gigantesco para un estado de ansiedad que día a día se ve acrecentado. No es cuestión de definir si fue primero el huevo o la gallina, si los medios de comunicación incentivaron al estado de ansiedad, o viceversa; la cuestión que debemos plantearnos es qué nos está pasando como sociedad. Estamos ansiosos, nos brota la ansiedad por los poros. Algunos buscan y esperan las soluciones a los grandes problemas surgidos durante el último gobierno, otros tienen ansiedad para que al gobierno actual le vaya mal, muy mal. El problema recae en que si al gobierno le va mal, nos va mal a todos… Una pequeña muestra de esto fue el “super-rápido-pseudo-paro” nacional de la semana pasada, promovido por ATE y algunos gremios afines a CFK, donde los puntos de lucha eran los despidos producidos en el Estado y la liberación de Milagro Sala. Hago un breve paréntesis y sigo: el Estado no es un lugar para atiborrar gente de cierta afinidad política, al punto tal de no asistir a su lugar de trabajo por no tener lugar para poder tan siquiera sentarse, como, a modo de ejemplo, sucedió estos últimos años en el Congreso de la Nación, duplicando la planta sin siquiera incrementar un 5% las actividades a desarrollar. Luego querido lector, lo de Milagro Sala, lo dejo a su criterio. Retornando al cuarto poder que sigue subiendo peldaños, fueron los medios de comunicación la clave del éxito del anterior gobierno nacional. El eje de lucha centrado en los monopolios comunicacionales, sumado a la hegemonía concentrada del grupo Clarín y las necesidades de impartir relato a diestra y siniestra, obligaron a incrementar el gasto público en pauta oficial por doquier, para introducir su más preciado tesoro, el fanatismo político. Eso se hizo creando sus propios medios hegemónicos, a costillas de la plata de todos. Muchos de ustedes tendrán presente la frase “no hablemos de política porque nos peleamos todos”. Varios amigos y familiares han dejado de hablarse por cuestiones políticas, según ellos: irremediables. Si buscamos una definición, podemos encontrar que el fanatismo es una actitud que se manifiesta con pasión exagerada, desmedida y tenaz en defensa de una idea, una teoría o un individuo. Un fanático son personas profusas en su proselitismo hacia una causa política o hacia una persona a quien idolatra. Psicológicamente, la persona fanática manifiesta una apasionada e incondicional adhesión a una causa, un entusiasmo desmedido y monomanía persistente hacia determinados temas, de modo obstinado, algunas veces indiscriminado y violento. Fanatismo y ansiedad son dos bastiones que nublan la razón (populista o no) e impiden ampliar el horizonte de las ideas y proyectos. Este fanatismo ansioso es lo que dificulta separar la paja del trigo de las decisiones que está tomando el gobierno actual. Seamos prudentes, pacientes y entendamos que las soluciones inmediatas y a corto plazo sólo se transformaron en apósitos para tapar heridas, pero que hoy se están pensando soluciones a mediano y largo plazo, que tengan un impacto positivo sobre la Argentina. La educación, la salud y la justicia son bienes públicos que fundamentalmente dependen de una honesta administración. Sólo en 80 días lograron que comiencen las clases en la provincia que concentra el 40% de la población educativa y hacía 5 años que no comenzaban en tiempo y forma. En 80 días liberaron un cepo cambiario que afectó a la producción desde el 2011, afectando puestos de trabajo. Sólo en 80 días no podemos esperar milagros.  

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