17 de febrero de 2016

Sociedad

Sociedad. Petra Marzocca y su lucha por la defensa de los DDHH

¿Cómo vive estos nuevos días de gobierno? La verdad que estamos un poco asombrados.  Sospechábamos que algo podía pasar, pero no tanto y tan rápido. Sabíamos que destruirían algunos de los logros alcanzados en los últimos años, pero tampoco a este nivel. Vemos con tristeza que se destruyen organismos que garantizaban  derechos. Una política de estas características solo busca implantar un régimen autoritario que no tenga cuestionamientos desde los distintos sectores de la sociedad. Por eso el avance contra el que piensa distinto, contra el que se opone. Supongo que piensan que les va a ser más fácil implantar su modelo de esta manera, es muy preocupante lo que está pasando. Se trata de generar un pensamiento único, autoritario, que arrasa con las políticas de DDHH. Acá no hay argumentos válidos, la lucha de DDHH tiene un apoyo internacional. Esto es un avasallamiento que lleva adelante el macrismo. ¿Cómo se afrontan estas circunstancias? Pienso que la comunicación debe ser una estrategia. Por eso agradezco a ElDiariodeTandil que podamos compartir nuestra opinión con los vecinos, aun con miradas distintas. Se trata de temas muy delicados que no podemos abandonar a la deriva. En estos tiempos vamos a tener que agudizar nuestras defensas y recurrir a la justicia con amparos y reclamos, con movilizaciones. No podemos soportar este tipo de atropellos. Vemos que se están instrumentando medidas que se aplicaban en la dictadura. Que este gobierno haya sido elegido democráticamente no significa que no pueda avanzar sobre nuestros derechos. Muchos seguidores macristas avalan estos atropellos. Los vemos en cartas de lectores o en charlas corrientes. No son argumentos sólidos, generalmente se trata de inventos de los medios hegemónicos con expresiones xenófobas y racistas. ¿Qué temas la inquietan en estos momentos? El otro día compartimos una jornada en contra de la violencia institucional junto a distintas fuerzas políticas. Allí vinieron especialistas en cárceles y seguridad.  Se habló de la dominación, temas que a veces no nos detenemos a pensar. ¿Alguno visitó las cárceles? muchos ni se imaginan lo que ocurre en esos lugares. Es una maquinaria de destrucción para el individuo, si seguimos con esa lógica no vamos a poder salir de este atolladero. El sistema carcelario es un sistema de impunidad. Nadie sale recuperado de las cárceles. Nunca hubo políticas de estado que contuviera a los sectores más desprotegidos, ahí nace el delito. Hay gente violenta en Tunitas, la Movediza, como en cualquier barrio, pero nadie dice que hay que dejarlos delinquir. Un comentario muy común es que los derechos humanos estamos a favor de los delincuentes, algo tan absurdo que da risa. El otro día nos acusaban de que habían herido a un policía en Las Tunitas y nadie de los DDHH había salido a repudiar el hecho. Lamentamos muchos que este oficial haya sido herido. Pero es parte de su función, está preparado, está formado, tiene un arma. No nos corresponde a nosotros como organismo salir a hablar de esto. Nosotros no defendemos a los delincuentes. Pero si considero que hay que buscar un sistema que readapte a estas personas. Hay mucha gente que debería sacarse la careta y decir que avala un paredón de fusilamiento. Nosotros nunca vamos a pedir eso y nos vamos a plantar contra el que lo diga. Soterradamente se comienza a plantear nuevamente la teoría de los dos demonios. Son temas que parecían en el olvido. En este momento y con las políticas neoliberales reivindicando la dictadura militar, hay dos dichos que comienzan a repetirse nuevamente: “Estábamos mejor con los militares” y después “que había que juzgar igual a la gente que cometió abusos contra los militares”. Esto hay que volver a aclararlo, para que no haya dudas, a nivel mundial se entiende la figura del genocidio y terrorismo de estado. Allí aparecen los crímenes de lesa humanidad que no prescriben, esa es la diferencia. Los militares utilizaron todos los recursos del estado, la logística, la justicia, las distintas dependencias. Todo el aparato estuvo al servicio de un estado represivo. Los demás ciudadanos comunes estaban totalmente desvalidos ante el accionar del aparato represivo. Eran terroristas además, porque utilizaron métodos que no eran los legales. Todo el mundo sabe de los operativos nocturnos, los desaparecidos, las apropiaciones ilegales, etc. El terrorismo se dio en toda Sudamérica, recordemos que el Plan Condor se aplicó en todo el continente. De ahí la diferencia. Estos crímenes no prescriben y nosotros seguimos buscando a nuestros familiares desaparecidos. ¿Cómo fueron aquellos primeros años, a la vuelta de la democracia en Tandil? Yo vuelvo a la ciudad durante la intendencia de Américo Reynoso en el año 1984. No conocía a casi nadie en Tandil con familiares desaparecidos. Pero de a poco me empiezo a anoticiar de otras personas, de una PDH que se estaba nucleando y llevaban reclamos a Mar del Plata, La Plata o Buenos Aires. Luego comienzan a venir referentes de los DDHH, viene Hebe de Bonafini invitada por el Credicop y empezó a hablar de todos estos temas. En general no había un respaldo desde el gobierno municipal. Recuerdo que había 10 personas dando vueltas  a la plaza del centro y tiraron volantes acusándolos de subversivos. Con acusaciones a periodistas y abogados comprometidos con esta lucha. Había todo un servicio de inteligencia puesto en ese sistema. Se hacían llamar la Logia de San Ignacio, pero en realidad nunca tuvimos un interlocutor válido para debatir estos temas. Eran amenazas anónimas. Después llega Pizzorno… Ahí empezó una mirada más abierta, pero desde la áreas de cultura o educación. Pasaban los años y se iba hablando más. La sociedad estaba marcada con este tema, imagináte que son temas taboo en algunos sectores y encima habían generado el terror social. Pero en buena medida la gente se comenzó a sentir más contenida y de a poco comenzó a salir a hablar. Ahí llega Zanatelli con pasado militar. Una locura, Zanatelli pasa a ser elegido democráticamente. Esto marca, como en Tucumán, un perfil de la población que necesita una tutela fuerte, un papa que ejecute determinadas obras públicas. Allí no interesa el control de la ciudadanía ni el aval del consenso, sino que lo que hace papa está bien. Ese perfil de ciudad, que no profundiza los temas conflictivos, muestra que es una sociedad muy particular en ese contexto. Por aquellos años hicimos el primer escrache a los Méndez. Había aparecido la Agrupación HIJOS y veíamos que desde la vía legal no teníamos respuestas. Allí dijimos, si no hay justicia, habrá escrache. Esa fue nuestra formula de defensa. ¿Qué mecanismo tiene una sociedad para poner en escena estos hechos vividos?. Recuerdo que el escrache se hico en una casa sobre la calle Necochea. Vinieron los hijos de Moreno, gente de La Plata. Fuimos con la murga, con mucha gente de todos los partidos políticos, había radicales, peronistas e independientes, que entendieron que había llegado el momento. Fuimos hasta su casa y lo escrachamos. También lo íbamos a hacer con Zanatelli pero funcionó la inteligencia y no lo pudimos hacer. En Tandil nadie habla del rol de Zanatelli en el terrorismo de estado. Esas son las hipocresías que mantiene nuestra sociedad. Como si todo estuviera bien. Y no es así. Con argumentos hay que decir lo que está mal. Con este trasfondo llegamos a los 20 años, cuando aparecemos como organización con el grupo de Memoria. Empezamos en la universidad con 400 personas. Se armó un acto muy fuerte, con mucha militancia, artistas. Partimos del dique con pancartas. No teníamos un peso, nunca tuvimos recursos como organismos de DDHH. Hay que aclararlo. El municipio colaboró con vales de nafta para los abogados en los juicios y aportó unos mínimos recursos. Nunca fuimos bancados por nadie. Siempre nos movimos con buena voluntad y sin recursos. De a poco fuimos investigando lo que pasó en Tandil. A los 20 años recién, Eduardo Frechero, militante de lujo y una persona valiosísima, con una ética fuera de lo común, habló por primera vez en la plaza sobre aquellos trágicos días. Habló de los centros clandestinos en Tandil y se comienza a destapar la olla públicamente. Se instaló el tema y al poco tiempo sacamos en los diarios los nombres de los detenidos desaparecidos de nuestra ciudad. Teníamos resistencia, pero salió en todos lados. Con sus historias. ¿Cómo fue la relación con el gobierno de Lunghi? No acercamos formalmente cuando se conformó la Regional del Sudeste de la Provincia. Eso fue en su primera gestión. Ellos manifiestan un compromiso con los DDHH. Hablamos con él, con Elichiribehety, ellos rescatan el juicio a las juntas, la CONADEP, pero también tenemos una mirada crítica sobre esto. Cuando propusimos crear el monumento a los desaparecidos en la plaza hubo cuestionamientos sobre el estilo arquitectónico, hablaban del estilo francés de la plaza cuando tenemos luminarias que no tienen nada que ver. Recuerdo que estaba Betbeder en cultura y nos engrupían con cuestiones dilatorias, no había un compromiso real. ¿Es ingrato militar por los DDHH en Tandil? Tandil tiene un perfil parecido al de la provincia. Mira lo que es Bahía Blanca. Los defensores de los DDHH no somos bien vistos en un sector importante de la sociedad. Pero cuando uno está convencido no importa. Sabemos que el que cuestiona el orden establecido nunca tiene el aval del 100%. Nos manejamos con la verdad, somos respetuosos con el que piensa distinto, creemos en construir una mirada colectica, a futuro y veraz que aporte a la construcción de la ciudadanía.

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