17 de febrero de 2016

Sociedad

Sociedad. Manejate (como quieras)

El centro, un caos Un escenario clásico de la ciudad es el microcentro lleno de autos parados en doble fila, cruzados en la calle y otros tantos tratando de esquivarlos. Un desorden enorme provocado por los propios conductores que, deben reconocerlo, manejar bien es hacerlo de forma ordenada y respetando todas las reglas. Por eso, hasta los que dicen que mejor manejan debieran hacer un autoanálisis para corroborar que esto sea verdad. Raúl Ituarte, reconoce que “aunque nos consideremos los mejores conductores, todos nos mandamos alguna macana al volante”. Hay que saber que las señales y normas de tránsito se hicieron para respetarlas. Pero si sumamos todas las faltas resulta en un caos que ya se ha vuelto bochornoso. Puteadas van puteadas vienen, bocinas que suenan y gente apurada que quisiera que su auto vuele. Sí quiere llegar a tiempo a donde va, como dice el aforismo, mejor salga temprano.  ¿NUNCA LO HICISTE?
  • Parar en doble fila
  • Cruzar con el semáforo amarillo
  • No ceder el paso al peatón en la esquina
  • Doblar sin poner guiño
  • Girar a la izquierda en una avenida sin semáforo
Manejamos mal Este medio salió a la calle y habló con los tandilenses para llevar adelante una investigación y poder entender la opinión de los conductores respecto de las condiciones de manejo. ¿Cómo manejamos? La mayoría cree que maneja bien y que los demás lo hacen mal. Todos somos un poco responsables de lo que ocurre en las calles. ¿Cómo conducimos? Ya no es novedad que el consenso general en Tandil es que  se maneja mal o muy mal. Así opina el 81% de los entrevistados, contra un 16% que considera que lo hace bien o muy bien. Paradójicamente, cuando se les pregunta a los conductores cómo se evalúan personalmente, la gran mayoría (77%) responde que manejan bien o muy bien, mientras que sólo el 17% opina que maneja mal o muy mal. En este caso, los conductores hombres se muestran algo más confiados que las mujeres (81% contra 68%, respectivamente). Los jóvenes También se indagó sobre las causas de los accidentes de tránsito entre los jóvenes. Para ello, se mostró un listado de posibles causas, y se les pidió que indicaran cuál -según su opinión- es la más importante. Como resultado, el consumo de alcohol (43%) fue el causante de accidentes más señalado. Otras causas mencionadas por 1 de cada 10 entrevistados fueron la imprudencia o impericia (13%), la falta de respeto a las normas (10%), el consumo de drogas (9%), el exceso de velocidad (8%) y la falta de educación o el mal ejemplo de padres y familiares (5%). Analizando los resultados, puede decirse que existe una clara disociación entre cómo las personas evalúan la forma de manejar de los demás y la propia. Para Hugo Urdampilleta, uno de los entrevistados, “trabajar sobre el sentido de la responsabilidad personal es una dimensión clave para mejorar la seguridad vial”. Por su parte, varios con los que dialogamos destacaron el papel de la educación. En ese sentido, Claudio Alzueta, comentó que “para lograr cambios en las conductas es muy importante trabajar en la educación, en la capacitación y en la toma de conciencia de los ciudadanos”. ALCOHOL, IMPERICIA E IMPRUDENCIA Lo dicen las estadísticas nacionales y este semanario elaboró el año pasado un reportaje sobre la tasa de accidentes en Tandil y su relación con el consumo de alcohol. En la recorrida de El Diario de Tandil consultando a los automovilistas de la ciudad sobre cuáles creen que son las causas más probables de los incidentes de tránsito, precisamente la ingesta de alcohol aparece en el primer escalón del podio y las menciones en este sentido aumentan a mayor edad de los entrevistados. Por otra parte, señalan la imprudencia o impericia al volante de los jóvenes. La falta de respeto a las normas de tránsito también es mencionada y finalmente llegan algunas menciones de los entrevistados referidas al consumo de drogas como causa probable. El fenómeno de "Te escracho por Forro" El grupo de Facebook "Te escracho por forro - Tandil" tuvo en poco tiempo un crecimiento notable, en proporción directa con el hastío que generan los convecinos que infringen normas de tránsito de forma habitual y sin vestigios de culpa. La indignación que sobreviene de esa displicencia típica de nuestra época en cuanto al cumplimiento de las más elementales reglas de convivencia encuentra en esa página un lugar para hacer catarsis en la denuncia, con detalles de la infracción y una foto como prueba del testimonio. La página es abierta y los denunciantes son personas con perfiles reales en la red. Es decir, no se trata de denuncias anónimas. El escrache es bien nuestro. Nació con la agrupación de Derechos Humanos "HIJOS", para denunciar la impunidad que gozaron los genocidas de la última dictadura al ser indultados por Carlos Menem. Los diccionarios modernos lo definen como argentinismo, exportado luego a Uruguay y España: "Acción intimidatoria que realizan los ciudadanos contra personas del ámbito político, administrativo o militar, que consiste en dar difusión, ante los domicilios particulares de estas o en cualquier lugar público donde se las identifique, a los abusos cometidos durante su gestión". A mediados de los 90 era la denuncia por las aberraciones cometidas en nombre del eufemístico "Proceso de Reorganización Nacional". Veinte años después el escrache amplió sus horizontes. Con metas menos augustas y un horizonte más accesible, se lo utiliza hoy para cuestiones cotidianas basadas sobre la falta de respeto al espacio de todos. La tecnología ayuda. Cualquiera con un celular toma una foto, describe la situación y sube los datos a la página de la comunidad, que a fines de 2014 tenía 700 "Me gusta", hoy ostenta una marca que supera los 5000 y sigue en ascenso. El administrador  prefiere mantener en reserva su identidad porque "yo no soy el protagonista y no quiero que se pierda de vista que lo importante es la página y la participación ciudadana".  Explica que creó el espacio "para que la gente se percate de que existen reglas de convivencia, que la otra persona también es importante y que tome conciencia de que lo que está haciendo no está bien. Todos somos importantes y a veces por desinterés le complicamos la vida a los demás, hay que ponerse en el lugar del otro para ver cuán equivocados solemos estar, cuando, por ejemplo, estacionamos donde no corresponde y le causamos una molestia a otros por nuestra comodidad". El catálogo de infracciones que detectan y denuncian estos justicieros de Facebook es amplio pero se puede hacer una especie de lista indiciaria, entre cuyos primeros puestos están los que dejan el vehículo obstruyendo rampas para ascenso y descenso discapacitados; paradas de colectivos; garajes; ochavas y hasta sobre la vereda. No hay solamente vecinos de a pie entre los infractores. También hay fotos de móviles de la Policía y distintas áreas estatales. Algunos casos son paradigmáticos, como el de un vehículo de Control Vehicular de la Provincia de Buenos Aires escrachado dos veces; una por estacionar sobre todo el ancho de la vereda, la otra por dejar el utilitario naranja en una ochava; en esas fotos no solamente hay un desinterés patente del Estado sino la vulneración de su principios fundacionales. Es demasiado explícito para servir como metáfora. Pero suficiente para explicar la desazón que lleva a los ciudadanos a convertirse en vigilantes. Como Batman, pero a cara descubierta y a plena luz del día. [gallery ids="118440,118441,118442,118443,118444"]

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