13 de noviembre de 2015

Política

Política. Gane quien gane, la misma grieta

(24.420.000), el ganador debería conquistar, entonces, los 12.210.000 votos.-Con este panorama, a Scioli le faltarían 3.200.000 votos y a Macri 3.820.000 votos. Es decir que la diferencia entre ambos es de unos 620.000 sufragios. De los 5,2 millones de votos que consiguió Massa el domingo, Scioli necesita para ganar 3.200.000, significa que tendría que conseguir casi el 62 por ciento de los votos de Massa; pero Macri necesitaría seducir un 73 y pico por ciento de los votos de Massa. En un balotaje, los únicos votos que se cuentan son los afirmativos, por lo que si hay votos en blanco y/o hay una mayor inasistencia de votantes, la cantidad de votos necesarios para para consagrar al próximo presidente de los argentinos sería inferior. Si hubiera en total 4 millones de votos no afirmativos menos, habría alrededor de 20 millones de votos válidos. Entonces a Scioli le hacen falta menos de un millón para llegar, y a Macri le faltarían un millón seiscientos. Las preguntas que nos hacemos mientras tanto: ¿A dónde irá el voto de los que eligieron a Massa, Stolbizer, Del Caño y el Adolfo?. ¿Cambiará el voto quien eligió a Scioli y Macri. ¿Influirá la participación de los candidatos y candidatas ganadoras en la campaña del balotaje o sólo importa los dos jugadores que están en la cancha?. ¿Tendrá consecuencias sobre el balotaje desde que piso electoral llega cada uno?. ¿A quién le conviene que se politice de manera intensa esta segunda vuelta?. ¿Qué tiene más efecto, las campañas “anti” o “pro”?. ¿Cómo se llega a ese casi 30% de los votantes que eligieron otros candidatos, repitiendo sus propuestas, jugando al temor, desde lo positivo? ¿Tiene peso lo que hoy llaman la “ola victoriosa”? ¿Cuánto dura la misma, un día, tres, una semana, cuánto? ¿la ciudadanía valorará más la continuidad con cambios de elencos o los cambios a secas? ¿Es la argentina una sociedad amante de los grandes cambios como se plantea en estas horas? ¿no existe un electorado más conservador que teme perder lo conquistado? Los que durante varios años criticando la existencia de una grieta responsabilizando al gobierno de haberla creado, la tendrán nuevamente expuesta este domingo 22.  El país, casi con seguridad, tendrá partidarios (duros y de los otros) de uno de los dos lados de las opciones electorales. Es decir, gane quien gane, la misma grieta existirá. Sabemos que de triunfar la oposición, se titulará el fin de un modelo y por ende de la ficción de una grieta. Y si ganara el oficialismo, se dirá que el país “continúa partido en dos mitades”. En definitiva la grieta de siempre es la puja distributiva, el acceso de las mayorías o no a la educación, el trabajo y el salario remunerado, la protección del estado a los más débiles. La grieta por supuesto que no es la discusión formal de Jorge Lanata y Víctor Hugo Morales. Es lo que ellos representan en el fondo. Lo que queda claro es que la elección del 22 de este mes se trata, sin más, de una nueva y última elección. La decisiva que va a diseñar el futuro de los argentinos en la próxima década. No es el segundo tiempo de un partido comenzado; es otro partido. Ya no están los jugadores que fueron parte de los primeros 90 minutos. Están sólo dos. Se pasó de un partido de fútbol, a una pelea de box. Y quedará en manos de la mayoría decidir si quieren un país de pocos o de continuar un proceso duro y esforzado de inclusión y desarrollo. Así es la democracia.  

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