12 de noviembre de 2015

Sociedad

Sociedad. La escuela de la buena onda

“Desde aquel momento todo el camino fue de progreso. Antes compartíamos el edificio con la Primaria. Después pasamos a la parte vieja, construimos dos aulas y estamos en reforma permanente para mejorar las condiciones. En estos tres años aumentamos un 20% la matricula estable”, nos cuenta orgulloso. Los alumnos llegan de muchas partes de la ciudad. Hay de Movediza, Maggiori y El Tropezón. “Algunos se toman dos combinaciones de micro para venir. Pero quedó como una costumbre de venir a Cerro Leones. Creo que hay algunas zonas muy desprotegidas que nos ven como un barrio tranquilo y desde hace años mandan a los chicos a  esta escuela. Vinieron sus hermanos, sus primos y mantienen su elección. Lo más raro es que muchas familias del cerro mandan a sus chicos al centro”. Paradoja recurrente en Argentina. “Por supuesto que estamos contentos con el crecimiento de la matrícula y apostamos a más, pero nos gustaría que se queden todos los alumnos de la zona. Buscamos generar ese sentimiento de pertenencia en el barrio. La escuela, junto al club Figueroa, son las dos instituciones más relevantes del Cerro”, asegura. Uno que no lo conoce pensaría inmediatamente que el Director es un vecino de toda la vida. Hoy mientras la gran mayoría de su población trabaja en la planta urbana, muchos maestros deciden pedir el traspaso. “Fue una sorpresa, porque más allá de todo, sabemos que la escuela está alejada y tiene ciertos rasgos de ruralidad, a pesar de que los docentes ya no cobran este beneficio. Los micros no tienen la frecuencia suficiente y tenemos algunos alumnos en situación de vulnerabilidad”. Las distancias conspiran contra los encuentros extracurriculares, porque a veces es difícil juntar a la tropa. Pero el cuerpo de docentes se las ingenió para generar una dinámica de actividades que generen lazos entre la comunidad. Así, fueron promotores y organizadores de la Regata Ecológica, trabaron relaciones con el Embajador de Montenegro en su paso por las canteras, organizaron una jornada de concientización junto al Ministerio de Asuntos Agrarios y trabajaron junto al área de turismo para marcar los puntos históricos del barrio. El trabajo es constante. “No creo que estemos haciendo cosas espectaculares”, sostiene, “tratamos de cumplir con lo que marca la ley de educación, acompañar a los alumnos y hacer mucho hincapié en los grupos vulnerables”, la clave está en la palabra inclusión. “De los 85 alumnos que tenemos en la secundaria conozco el nombre, apellido, apodo y la problemática de cada uno de ellos. Ellos también conocen a todo el equipo”. Este dato explica el bajo índice de conflicto. El seguimiento de los chicos es casi personal y la respuesta que obtienen es la esperada. Para el futuro buscan ampliar la cursada a un turno tarde o conseguir la jornada completa. Federico destaca también los fondos que llegaron de Nación para financiar las obras que se ven en el edificio. “Tenemos que ser agradecidos, lo mismo con los padres que siempre están para colaborar. Hay veces que nos enojamos y queremos que participen más, pero sabemos que ellos están en la mayoría de los casos”. Con 33 años Federico Martínez fue el director más joven del sistema de educación pública en nuestra ciudad, a la distancia no se arrepiente de haber encarado este desafío: “Para mí es un gusto poder hacer este trabajo, quizás me motiven los contextos adversos. Trabajo en el Penal de Barker, pasé por otras escuelas con muchas carencias y siento que debo encarar mi laburo con alegría. Hay que estar convencidos de lo que tenemos que hacer y ponerle buena onda”. Los resultados están a la vista.

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