21 de octubre de 2015

Sociedad

Sociedad. Con el sudor de su frente

Pensé que era ayer la entrevista”, nos dijo a los gritos. Rápidamente nos invitó a sentarnos en la oficina, “Se me traspapelaron las fechas, pasa que ahora soy el encargado de atender a la prensa y manejar las relaciones institucionales”, agregó entre risas. Esta pequeña introducción sirve para ejemplificar las relaciones dentro de la organización. “Desde el comienzo que somos una cooperativa, acá nadie manda, somos todos iguales y opinamos desde el mismo lugar. Cada tanto nos vamos cambiando las tareas, un día podes ser el Presidente y al siguiente estar preparando la mezcla en la maquina”. A nadie se la caen los anillos por meter la mano entre el cemento. Muchos de ellos la pasaron mal, muy mal. “Era el año 2001 y había una miseria espantosa. Apenas que podíamos llevar algo para comer a casa, íbamos al trueque y no había laburo”, recuerda. Impopar, la tradicional firma de calefactores, atravesaba momentos turbulentos, Eduardo Usandizaga buscaba seguir produciendo pero el descalabro financiero de la firma lo hacía imposible. En ese momento decidió armar otro galpón y afrontar los compromisos asumidos. Montani cuenta que “se trajo dos o tres empleados de la fábrica y nos acercamos un grupito de vecinos que estábamos en la mala”. “La mayoría veníamos de la construcción, pero estaba todo parado. Usandizaga nos hizo la propuesta de armar una cooperativa y él nos garantizaba el trabajo. Imagínate que le dijimos que si al toque, sin siquiera saber lo que nos esperaba. Dentro del contexto que había en el país, conseguir un trabajo era algo así como la gloria”, nos cuenta. De enero a mayo tenían trabajo seguro, un importante contrato con la firma Carrier les garantizaba el ‘pique’. “Así comenzamos, recibimos algunas críticas, pero la verdad que yo le voy a estar eternamente agradecido a Usandizaga. De no comer a tener un sueldo, es toda una diferencia”, subraya. Rápidamente y sin ningún tipo de experiencia comenzaron el proceso de ‘trabajar sin patrón’. Montani destaca también el apoyo de la contadora Urrutibeheity quien se empapó del tema y les dio una mano fuerte. “No teníamos guita ni para abrir una cuenta en el banco, así que Usandizaga nos ayudó, fue la manera que encontramos de poder seguir trabajando. En tan solo 4 meses la cooperativa estaba andando. En esa época trabajábamos a sol y sombra, porque teníamos que aprender, armar la fábrica y empezar a producir”. Al corto tiempo, empujados quizás por la voluntad, llegaron contratos más importantes. ”Carrier nos hizo un pedido impresionante y salimos a buscar más gente. Había desocupados por todos lados. Aparecieron trabajos para la cosecha de tabaco y para hacer más repuestos de calefactores. Al poco tiempo éramos 50, una locura por el papeleo y la organización, pero no nos podíamos achicar”. La situación del país de a poco comenzó a mejorar, se dividieron de Usandizaga y empezaron el camino en solitario. Compraron un terreno y levantaron los planchones. “Fue difícil convencer a todos los socios, pero era dar un paso más. Teníamos que seguir nuestra propia senda”, nos dice con un tono melancólico. “Agarré la moto y salí a buscar trabajo. El arquitecto Mario Quaranta nos dio una gran mano, aparecieron otras obras. Algunos compañeros conseguían otros trabajos y dejaban la cooperativa, de a poco nos fuimos acomodando”. Hoy son 12 los miembros, todos trabajadores orgullosos de su recorrido. Rustique, el futuro Entre los pedidos de trabajo que llegaban apareció un contratista de la Usina. “Nos contrataron para hacer zanjeos, para pasar cables subterráneos y tareas de mantenimiento. Ahí vimos que se rompían muchas balsdosas y también vimos lo que salía comprarlas. Se nos ocurrió ver si podíamos producirlas. Hay veces que no se si somos soñadores o locos, pero si algo nos caracterizó fue saber aprovechar las oportunidades y esta podía ser una”. Así fue que se reunieron con gente experta en la materia, compraron los moldes y empezaron a fabricar pisos. Corría el año 2010 cuando se lanzaron a una nueva aventura, todo lo que ingresaba era para comprar maquinas, moldes. “Hablamos con los muchachos y sacábamos fondos de otros trabajos para poner en esto”, Rustique se llama el producto. Son pisos y revestimientos fabricados en Tandil, por gente de Tandil y para las familias de Tandil.
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