20 de octubre de 2015

Sociedad

Sociedad. Payamédicos Tandil: Sonrisas que curan… y emocionan

“De a poquito nos fuimos reuniendo, Laura había estudiado el tema para la facultad, en las clases de clown se comentaba sobre los payamédicos. En ese tiempo se dio que me invitaron a un Congreso de Payasos de Hospital y me interesó la idea. Sobre todo desde el lado del payaso. Al segundo día de trabajo estaba fascinado”, Jorge Montagna cuenta esos comienzos, los inicios de un camino que se fue haciendo al andar. En un festival de la Payasada conocieron a algunos integrantes de Payamédicos, pegaron buena onda y comenzaron las charlas para ver la posibilidad de formar a los interesados de nuestra ciudad. El curso era muy intensivo. Había que estar un mes en Buenos Aires y solo algunos pocos podían afrontar la travesía. El grupo buscaba la manera de traer a los profesores a Tandil y facilitar la preparación de sus compañeros. “En ese momento nos propusimos un objetivo, hacíamos peñas semanales y cada uno aportaba ideas, cosas que leía de internet o en libros que podíamos ir consiguiendo. Necesitábamos una formalidad en cuanto a la educación, porque no es que te pones una nariz colorada y ya sos un payamédico. Hay que estudiar, formarse y prepararse para poder entrar a un hospital y hacer tu trabajo”, relata Metilli. Desde un principio mantuvieron diálogos con el municipio, la idea de trabajar en el ámbito público suponía una articulación con la cartera de salud. En el año 2009 surgió la posibilidad de dictar el curso de formación bajo la órbita de la Secretaría de Extensión de la Unicen. Conseguir el aval de la Universidad y el apoyo de la profe Julia Lavatelli fue muy importante. Desde ese momento se formaron cerca de 100 payamédicos en la ciudad, los primeros 60 bajo la tutela de los profesores llegados de la Capital, el resto con la impronta de los maestros serranos. Esta iniciativa de los ‘payas’ estuvo entre las primeras experiencias del interior. Juntaron fondos, se movieron y lograron el objetivo. Esa chispa todavía se mantiene encendida. 12162282_755553317905432_529697455_o (1) Que me van a hablar de amor… Luego de concluir la formación comienza el tiempo de las ‘payantías’, ahí llega el momento de ponerse la nariz, pintarse la cara y generar estímulos. Primero será acompañado de colegas experimentados, con el tiempo llegará el momento de recrear su mundo de fantasía. “Las intervenciones se hacen en grupo, lo ideal es que se respeten los días y los horarios. Más allá de la ley provincial que se acaba de sancionar, nosotros no cobramos por este trabajo. Lo hacemos por deseo y compromiso. Es importante destacar que se trata de un trabajo voluntario al cual le dedicamos entre 3 y 5 horas por intervención”, nos cuenta Laura. El procedimiento indica que deben llegar anticipadamente, cambiarse, leer la historia clínica del ‘piso’, recorrer las salas y finalizar con una puesta en común. “Mantenemos un feedback con la organización, tenemos también un espacio con la psicóloga del grupo”, comentan. Como bien aclarábamos unos párrafos más arriba, los payamédicos no van a presentar un espectáculo ni a hacer reír a los pacientes. Su tarea se antoja más compleja. “Vamos a producir algo, nos tomamos de la parte sana y comenzamos un juego de fantasía que ponga algo en movimiento. Si estas en una cama quizás podes mover las manos, pensar, dibujar, recordar. En determinado momento el paciente ya no está internado, sino que está en un mundo de fantasías reconstruyendo su identidad, poniendo en acción su imaginación, produciendo endorfinas, mejora su estado de ánimo”, relatan casi a dúo. Este proceso es verdaderamente revolucionario. Ataviados con telas especiales, de colores chirriones, los ‘payas’ rompen la monotonía del Hospital. Donde antes solo había blanco y colores pasteles, ahora hay alegría y compromiso. “Las experiencias en la habitación te pueden quitar una lágrima y una sonrisa”. De eso se trata la historia de los payasos. La salud emocional puede llegar a lugares donde no accede la medicina tradicional. “Cada experiencia es distinta,  cuando abrimos la puerta no sabemos del todo con lo que nos vamos a encontrar”. El primer cruce de mirada puede definir el futuro, pero no siempre es así. “Tenemos que estar súper atentos a lo que propone el paciente. En este oficio es fundamental descentrarse, cuando nos ponemos la nariz de payaso dejamos el ego en la mesa”, comenta Metilli. “También puede pasar que nos digan que no quieren que entremos, eso también es una intervención porque en ese momento es a los únicos que le pueden decir que no. Le devolvemos un poquito del poder que perdió cuando entró en la internación”, agregó Montagna. ¿Quién dijo que es fácil la vida de payaso?, no se trata solo de hacer reír. Los ‘payas’ juegan con los sentimientos, en el sentido más profundo de la palabra. “El traje y la nariz conforman una máscara muy potente, pero hay situaciones que te desbordan”, dijo Montagna. El compromiso y el sentido de la solidaridad triunfan en definitiva. Este año el curso de formación incluyó a 25 aspirantes. El año que viene se dictará nuevamente, el semillero crece y buscan más interesados. Anhelan tener más presencia en los hospitales y los centros de salud. Si llegaron hasta acá no van a dejar la tarea por la mitad. Seguilos en Payamedicos Tandil a través de Facebook, allí te encontrarás con los datos de contacto y la difusión de sus actividades. Fotos de Zorzal Contenidos

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