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12 de octubre de 2015
-La primera pregunta, pensando en sus enemigos que lo tildan de vago y haragán, viene acerca de su ocupación, ¿qué responde? -Ocupación, ocupación… Qué se yo, ocupar la casa de gobierno… -Vamos, Lezica, no se me haga el pícaro. Estamos hablando en términos de trabajo, de su medio de vida. -Ahhh.. jajajaja… Mi medio de vida frente a mis enemigos… Soy un militante social y vivo como pienso. Me las aguanto. Sobrevivo. -La gente no sabe casi nada de su historia. ¿De dónde viene? -Mire, es media compleja mi historia. Justamente anoche hablábamos de eso con mi compañera. Es compleja, no es fácil. Yo me crié en una mina, Cerámica del Plata. Mi abuelo era un militar peronista sanmartiniano. Quería que yo fuera militar y a los 14 años me mandó a la escuela del Ejército. Pero como no era el ejército sanmartiniano que soñaba mi abuelo, yo me vine. Entonces me mandó a trabajar a la mina, a los 15 años. A esa edad yo perforaba y me tocó levantar a un compañero hecho pedazos por un explosivo. Eso lo que hizo en mí fue tener un odio de clase terrible ante el compañero desecho por el explosivo. Digamos que ahí nació mi odio de clase. La explotación en la mina era muy grave para los trabajadores. -Eso del odio de clases remonta un poco al concepto de D’Elía, pero el peronismo siempre apuntó a la conciliación de clases. -Bueno, si me habla del peronismo tuve muchos parientes que fueron víctimas de la dictadura, inclusive desaparecidos y torturados porque me crié en una familia militante. Eso me marcó en cuanto al peronismo, que era lo más grande que había porque resolvía los problemas para los pobres. Así lo veía yo a los 15 años. -Y entonces como siguió la historia… -Como obrero minero vine a hacer unas primeras perforaciones en una cantera y un trabajo de arreglar un frente de granito con los explosivos. -Bueno, entonces más de una vez habrá tenido ganas de poner una bomba… -Jajaja.. no me haga hablar que me compromete. Vio que ahora no se puede hacer muchas declaraciones en ese sentido, por la ley antiterrorista que está en vigencia. -¿Y cómo se lleva con la sociedad de Tandil? -Bueno, ese es el desafío de vivir en una ciudad que tiene las características de Tandil. Es un desafío porque yo trabajo en los sectores más humildes, es un desafío fuerte. Y hay que ser muy fuerte para luchar contra los que marcan una línea en relación a cómo debe ser la sociedad de Tandil. Digamos que las contradicciones que usted suele resaltar son las que me llevan a combatir. -¿Y qué le resulta lo más difícil? Supongo que sabe que usted al tandilense no le va a cambiar la cabeza ideológica. -Mire, eso no importa tanto en los que luchamos por una sociedad más justa. La gente tiene esos juicios. Un hombre que hizo la revolución más importante del mundo, que es China, decía que él y que todos los hombres tenemos el 99% de monos y que teníamos que ser avanzando y creciendo como seres humanos. Y yo creo eso: que en la historia de los seres humanos, todo cambia. Todas las flores van a florecer. -¿Qué es Villa Cordobita hoy para usted? -(Se emociona). No me quiero quebrar… tengo esas cosas de emocionarme. Es mi barrio, es el lugar que elegí, tengo un arraigo muy fuerte. Cuando llegué a Villa Cordobita había cinco familias, los Paz, los Sequeira, los Martínez y los Rodríguez. Fuimos haciendo el barrio entre todos, trabajando, creciendo, inclusive en los asentamientos que se fueron dando que tiene que ver con un crisol de ideas… -Un tanto variopinto ideológicamente, ¿no? -Sí, y muy lindo… -A la vez que Villa Cordobita marca lo que será el primer asentamiento en Tandil, que representa un hecho social y político completamente desconocido y chocante. Tapado, digamos, por la naturaleza… -Es muy chocante para algunos sectores. Llegó gente con mucha iniciativa, con inquietudes. Aquel que trata de tomar un terreno para cambiar su vida es alguien con inquietudes, da un primer paso antisistema, se podría decir. Es un paso muy importante en la cabeza de las personas el saltar esa barrera, porque además deja de lado todos los vicios de la formación cultural burguesa. -¿Y cómo se lleva con esta policromía en el barrio? Usted tiene como vecinos a gente ideológica de izquierda con usurpaciones casi latifundistas ya referentes de la derecha conservadora dueñas de poco menos que un country… -Pero no es lo central eso. Hay 150 familias viviendo en el barrio. -Bueno, ¿pero cómo se lleva con esa paradoja? -Si usted se refiere a Miguel Iadmercarco y a la jueza Mabel Berkunksy, lo que se dice es ninguno de los dos compró sus lotes. Los de la señora jueza figuran que son de la ex empresa Tandilia, o sea que el dominio no lo tiene. Y en cuanto a Iademarco, que tiene nueve lotes, se sabe que los usurpó. Y Ochi, miembro del poder judicial también tiene terrenos. Y la directora de Legales del Municipio, Zulma Ferreyra todavía no presentó la escritura y fue parte de nuestra denuncia. Pero además vamos a lo importante: yo creo más allá de esto, en lo general estamos hablando de usurpar un terreno, y mucho más un terreno acéfalo de una empresa que no existía y que el Estado no se hacía cargo o que el propio Estado iba a tratar de vender al mejor postor. -Lo que se dice que es que la CCC tuvo una acción política tan virulenta porque el Estado entró en Villa Cordobita para arruinarles el negocio. -Nada que ver, nosotros en 2004 cuando tomamos conocimiento de estas tierras, se lo hicimos saber al doctor Frolik. Luego viajamos para ver a Luis D’Elía, que era el secretario de la Federación de Tierra y Vivienda. Y que quede claro: nosotros como organización nunca tuvimos esta cuestión individualista de querer gobernar Villa Cordobita. No trabajamos socialmente en nuestro barrio como lo hacemos en otros como Villa Aguirre o Movediza. Sí lo que hay es un debate fuerte, profundo, entre organizaciones y referentes del barrio, pero para nada existe esa otra cuestión que usted dice. -Bueno, ante el caso puntual del primer asentamiento con densidad ideológica de que usted es el referente antonomasia y con una gran capacidad de movilización como pocos barrios tienen, ¿no se siente un poco el subcomandante Marcos de Villa Cordobita? -No, jajaja… No me siento el subcomandante. -Bueno, en uno de los últimos reportajes usted se definió como un materialista dialéctico. -Exacto. -Un revolucionario, digamos. Ahora bien, ¿cómo un materialista dialéctico que está contra el Estado, que representa la insurgencia marxista, demanda y se nutre de beneficios del Estado para su organización? Si me explica esta contradicción… -Yo soy un materialista dialéctico con responsabilidades frente a un montón de gente. Y actúo en esa línea y con un sentido realista. -O sea materialista dialéctico pero no boludo. -Eso corre por su cuenta. Además del materialismo podemos hablar un largo rato. -¿Con qué funcionarios se lleva mejor? -Con Marcos Nicolini nos llevamos bien. En su momento con Frolik también. -¿Y peor? -Bueno, con Civale, el yuppie, no nos llevamos… -Otra cuestión que caracteriza a su organización es que tiene como un harem político, disculpe la expresión, en su entorno. -Jajajaja… Es verdad, hay muchas mujeres militando en la CCC, como mi pareja Griselda Altamirano. Ellas deciden, ellas mandan, yo obedezco. La mujer es más concreta. En nuestras asambleas se discute todo.
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