20 de septiembre de 2015

Política

Política. Operación Despegue: la remake de Kirchner-Lunghi en Movediza deja mal parado a Bossio

“Este intendente que me entusiasma…”, y que produjo la inmediata retirada electoral “por no querer suicidarme” de Néstor Auza. Previamente, Lunghi –quien había resistido la presión desde la Secretaría de Presidencia de Oscar Parrilli para convertirlo en un intendente K- en su propio discurso le había dejado picando la pelota a Kirchner sosteniendo que iban a seguir caminando juntos en las grandes causas populares. El guiño de ambos terminó por hacer volar por el aire las aspiraciones de quien finalmente iba a ser el candidato del kirchnerismo en Tandil: el escribano Marcelo Cifuentes, tras la abrupta y comprensible retirada de Auza. El efecto elección fue letal para el escribano, aunque logró el 31% de los votos, una cifra que hoy por hoy está lejos de conseguir el propio Bossio. Lo de Kirchner en 2007 en Movediza fue un gesto por aclamación; lo de Scioli el sábado en la Base Aérea debe leerse a la inversa: un gesto por omisión contra su candidato que parece dar inicio a la “Operación Despegue”. Un silencio de ninguneo a la mención de Pablo Bossio, a su lado en el palco, que además de dejarlo descolocado terminó finalmente de agravar su delicada situación política cuando el gobernador –respondiendo a otro gesto previo de Lunghi en su discurso- la agradeció “el poder seguir trabajando juntos democráticamente por el bienestar de todos los tandilenses”. Trascartón algunas calles de la ciudad aparecieron empapeladas con publicidad aérea donde se lee la consigna “Scioli para la Victoria”, sin una sola mención a su candidato local del Frente para la Victoria. Después ocurrió otro episodio que a nadie de los presentes le pareció inadvertido. Cuando salieron del hall de la Base, Scioli fue el primero en asomar por la puerta con Bossio pegado al lado. De repente el gobernador se frenó de golpe, dio vuelta la cabeza y dijo: “Intendente, Miguel, venga…”. Y Lunghi, que había quedado retrasado hablando con Juan Pablo Frolik, lo acompañó durante todo el trayecto de salida. Este despegarse de Scioli tiene que ver con una obsesión del gobernador: ganar la ciudad de Tandil en las elecciones de octubre. Y con un antecedente que lo mortifica: la inesperada derrota a manos de Mauricio Macri en las PASO. Fuentes de crédito observan que dos semanas atrás Scioli buscó en nuestra ciudad las razones por las cuales perdió una elección que venía ganando diez días antes de las primarias y por 7 puntos de diferencia. Su mesa chica de campaña encontró que hubo dos argumentos fuertemente incontrastables: la brusca kirchnerización de Scioli resultó refractaria en un sector de la sociedad local, y el alto rechazo que entre las cuatro grandes avenidas concita la figura de Pablo Bossio. Ergo: ni su discurso en la Base Aérea ni la nueva publicidad donde brilla por su ausencia el candidato local y hasta su propio vicepresidente son una casualidad. Scioli decidió despegarse de Bossio, aunque tenga al hermano, Diego, entre sus propios puntales intelectuales de campaña. En ese contexto no parece descabellado el rumor de que existió un fuerte encontronazo entre los hermanos por los lineamientos de la campaña, sumado a los ruidos internos producidos dentro del kirchnerismo lugareño que evalúa la delicada coyuntura del candidato a partir de la incómoda posición social en que quedó luego de la toma de tierras en Villa Cordobita por parte del Movimiento 1º de Octubre. Para colmo ahora se suma el ninguneo de Scioli en su discurso donde –sin la carga explícita de Kirchner en 2007- volvió a ratificar la alianza táctica que mantiene con Lunghi. El jefe comunal este sábado lo distinguió con el término de “amigo Daniel”, a la par que deslizó dos fragmentos en su discurso ponderando la gestión en conjunto que históricamente vienen realizando el gobierno municipal y el provincial. Omisiones, elogios y carteles son el combo de la Operación Despegue que indigesta en estas horas el estómago político de Pablo Bossio. A 35 días de las elecciones generales y con Scioli lanzado de lleno a la presidencia y dispuesto en el plano público a hacer lo que haya que hacer sin anestesia: correrlo a Bossio de la escena todo cuando pueda y no dedicarle una sola línea de su discurso, aunque lo tuviera ubicado a su derecha en el palco de autoridades. No siempre poder compartir el escenario es garantía de nada. En ocasiones el palco pareciera reflejar la incómoda dimensión de un patíbulo.

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