9 de junio de 2015

Cultura

Cultura. Teatro recién nacido: producción y montaje de obra en sólo 24 horas

Animales sociales, una compañía de actores de la ciudad, bajo la dirección de Marcela Juárez, han dado en llamar “Teatro recién nacido” a una experiencia completamente novedosa y audaz, la cual se propuso el siguiente objetivo: producción, montaje y puesta en escena de un espectáculo teatral, todo en 24 horas. Sí, en sólo una jornada. El trabajo puertas adentro es una incógnita, sin embargo pueden señalarse algunos momentos del proceso creativo: los actores se “internaron” en la Casa del deporte, al pie del Parque, desde pasado el mediodía del sábado hasta las últimas horas de la tarde del domingo, momento en el que tuvo lugar la muestra al público, gratuita en esta oportunidad. El escenario fue la casona y algunos de los espacios interiores, como así también parte del jardín y corredores laterales. La modalidad que se adoptó fue la de “público nómade”: los espectadores iniciaron la experiencia en espacio abierto y de ahí en adelante fueron escoltados de un lugar a otro, sistemáticamente, donde eran recibidos por nuevos personajes y ámbitos que rozaron el tenebrismo y la oscuridad. “Hemos compartido una experiencia lindísima y creado a partir de lo que naturalmente el espacio nos iba sugiriendo”- expresaba Marcela Juárez al término de la función-. Hay que decir que la escenografía estuvo ligada exclusivamente a los elementos propios de la casa: pasillos, escaleras, cocina, baños, etc. El público iba transitando por diferentes sitios donde experimentaba escenas distintas, no de manera simultánea, sino una por vez. En cada área del “manicomio”, porque de eso se trató, se observaron circunstancias que fueron desde la invitación a la risa hasta la reflexión y el espanto. La constitución del espacio estuvo dada por jardines, pabellones de descanso, baños iluminados por velas, juegos alucinatorios en escaleras, violencia y sometimiento en pasillos, cocina, entre otros. Respecto de la temática pudo observarse un interesante juego en el intercambio de roles: pacientes que parecían sanos; enfermeros que dejaron pronunciar comportamientos violentos, conductas de destrato y síntomas de patologías legitimadas en el ejercicio del poder; sometimientos entre los mismos internados y, así, hasta el final de la obra. Tensión y atención, de principio a fin, para un montaje que resultó atrevido y muy animado para el numeroso público que se acercó a compartir la experiencia. Sobre el final, rompiendo con la estructura tradicional del telón o apagón de luces, los personajes comenzaron a encerrarse detrás de un enrejado, momento donde estallaron los aplausos. Los asistentes fueron despedidos por una canción de los Animales sociales, con cuerdas y percusión, unas breves palabras de su directora y la invitación para que cada uno pudiera sugerir un nombre al espectáculo escribiéndolo en afiches que se dispusieron para esa actividad. Sin dudas se produjo una ruptura con las formas tradicionales, se pudo desautomatizar la recepción y experimentar un evento sin precedentes en la ciudad. Nació entre sábado y domingo, entre gallos y medianoche, y estuviste invitado al alumbramiento. 

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