30 de abril de 2015

Sociedad

Sociedad. La cultura en Tandil tiene dos miradas

Desde lo bajo resuena fuerte el “tun, tun” del pueblo de piedra

Parece que las sierras lo encierran, parece que la piedra lo endurece.

 Cuando pienso en mi Tandil no veo el show cultural de todos los de siempre, no veo los edificios suntuosos, ni las plazas cada vez más grises. Pienso en mi Tandil y no veo chorros de agua despampanantes, ni efectos especiales en fiestas coquetas. Pensar en mi Tandil me hace pensar en mí, pero no como un ser aislado, solitario y ególatra, sino como parte de un todo que me interesa, preocupa y ocupa. Tandil, para mí, es calle de tierra, adoquín mojado, es sonido de lata que se convierte en música, es danzar descalza entre piedras movedizas y cascadas naturales. Tandil es barrio vivo, arte en las esquinas, música, danza y teatro intentando habitar espacios. Tandil es mi historia, es mi presente, es mi pequeño y gran mundo repleto de alegrías, contradicciones, angustias y dolores. Tandil es, en mí, justicia e injusticia. Es mi voz en alto y mis silencios. Y así, pese a la importancia que debo dar a mi propia individualidad, me siento en un colectivo que nos involucra, que da importancia a todas las individualidades, que entiende de diversidades, de diferencias, de oposiciones, de encuentros. En este Tandil el arte encuentra grietas, se mete y apuesta a transformar. El arte, de la mano de gente inquieta, provocadora y laburante, late y late haciendo ruido y marcando paso. Hace ruido en garajes de barrio, en las plazas, en escuelas de arte que insisten en subsistir, en centros culturales bancados con fuerza y por fuerza de algunas individualidades agrupadas y enlazadas por objetivos comunes, hace ruido en salas de teatro precarias, en salas de ensayos inventadas, en las escuelas con docentes comprometidos. Hace ruido en los barrios con referentes movilizados y comprometidos con la realidad que día a día observan y conocen. El arte en sus expresiones más populares y en sus expresiones más comerciales hace ruido y aún subsiste dentro de un Tandil soñado que suele aparentar riquezas banales y paseos inventados. Es ese un Tandil con fondo, con sentido público, con responsabilidad, que contagia ganas, que contagia valores, que marca un camino, que alza la voz... aún es muy baja esa voz, aún está tapada por la propaganda de grandes industrias culturales importadas, extranjeras y circunscriptas a un solo sector. Pero, sepan, sepamos, (sé), que hay un Tandil inclusivo, un Tandil que existe, un Tandil creativo, creador y generador de esperanzas, de nuevos caminos, de propuestas profundas y transformadoras... Es cuestión de tiempo, de confianza, de arriesgarse al cambio, de apostar al mundo que es de todos quienes lo habitamos, apostar a los derechos cosechados con historia y esfuerzo, apostar al acceso a todas las manifestaciones artísticas y culturales. Es cuestión de creer que nos merecemos y debemos exigir que existan políticas culturales públicas que apuesten “al fondo” de este Tandil tan superficial. Fuente: Lado V Imagen: Grupo La Cura

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