21 de enero de 2015

Cultura

Cultura. Marcos Casanova, el costumbrista

“Calzonudo, ¡y Punto!”. Nos sentamos en la primera fila de la sala de abajo, como viendo a actores invisibles, y mientra tanto, nos habla de la obra que interpretará durante el verano: “Técnicamente es una comedia costumbrista, la escribí después de haber hecho “Lo que mata es el viejazo”, de Elías El Hage. Fue una de las primeras que escribí para hacer muchas veces. Prendió enseguida, fue una explosión, hicimos más de 70 funciones, recorrimos toda la provincia de Buenos Aires, incluso temporada de verano en Necochea. Tuvimos críticas muy lindas. Yo le tenía miedo porque me parecía livianita, es una historia de un domingo en una casa, no habla de la Revolución Francesa”. Según cuenta, lo de revisitar “Calzonudo…” “no es por obligación. Surgió medio de casualidad. Fuimos a Vela y Gardey con “Mi Madre Es una Gloria” y explotó. Nos llamaron para volver y no sabíamos con que. Le dije esto a Alejandra (Casanova, directora) y Claudia Gayo (actriz). La hicimos el 13 de diciembre y nos fue muy bien”. El costumbrismo, se volvió su especialidad. Cada obra que hace o interpreta, tiene el sello Casanova que va por ese lado. “No somos muchos lo que lo hacemos, casi todos están con otro tipo de ideas. Yo estoy muy cómodo, porque no se hace mucho, y mucha gente tiene ganas de verlo”, explica sobre el género donde mejor se mueve. Y hablando de género y estilos, no deja de lado hacer drama o tragedia, pero aclara que “no le tengo ni miedo ni ansiedad, si tiene que venir… El año pasado íbamos a hacer algo, pero no se dio. Si se da, lo intentaré. He hecho algunas comedias dramáticas, por ejemplo en “Porteños” hice de un judío desaparecido por la dictadura; en “Babilonia”, una obra de Discepolo donde era un alemán áspero como lengua de gato; y algunas otras obras. Me siento mucho más seguro y cómodo en la comedia”. Las obras de Marcos, como las de muchos otros, vinieron acompañadas del crecimiento en general del teatro tandilense, no solo arriba del escenario, sino que el público mostró en los últimos años un incremento impresionante. “veo muchos chicos que con justa razón van a conquistar Buenos Aires, pero ya está conquistado. No regaño a nadie, pero en Tandil hay muchísimo por hacer. Es un público muy abierto, es mentira que es frío. Hay que convencerlo, llamarlo a que venga. Y cuando viene, tiene que gustar, así se multiplica. No hay mucha historia, pasa que tenés que encontrar el nicho”, dice sobre este paulatino pero firme aumento de gente en las gradas, y agrega que “no fue de un día para el otro, fue muy de a poco. Primero con muchísimo profesionalismo, desde convocar un escenográfo, iluminadores, pensar en el vestuario, cuidar mucho los textos, mucho ensayo. De a poquito el teatro empezó a ser un programa valido, antes no lo era, salvo para cierto circuito. Lo que nos interesaba era que venga a vernos todo el mundo, desde el mecánico al empresario, que se haga masivo. Como dice Pepo (Sanzano), siendo muy testarudos, buscándole la vuelta. Yo hice bastantes funciones con más elenco que público y no me quedé ahí”. Hablando de sus facetas, la de actor y la de autor, se inclina por la de arriba del escenario: “yo me considero actor y una persona que tiene muchísimo para aprender, nunca te recibís de nada. En el combo de todas las actividades que uno tiene que aprender a hacer, por la necesidad, soy un actor que pega afiches, volantea, escribe, que tiene nociones básicas de iluminación, que dirige, que conecta el sonido y lo prueba. No creo que pueda haber una persona acá todavía que sea solo un escenográfo. Se va a dar, si pensás en este presente, hace un tiempo era ciencia ficción”. Y para hablar de cómo es soltando sus textos para que lo dirija otro, entra su hermana y directora, Alejandra Casanova, para decirnos que “hay un tiempo, pero no tiene resistencia, es bastante relajado. La tiene clara en que el texto una vez que lo escribió ya no le pertenece. Al principio tiene lo de defender ideas que cuando las veo no me parecen. Está perfecto, porque el proceso lo vivió él”. Marcos añade sobre el tema que “el texto, a medida que transcurren las funciones, se estaciona en un lugar bastante corrido del original, cuando uno lo repasa ve que cosas que no estaban. Se va generando la dramaturgia del actor y se van aceptando cosas y sacando otras”. “Se que no es la muerte de nada si un remate o un gag no resulta en ese momento. Suele ocurrir que cuando escribís una situación es buenísima, la leemos entre nosotros nos despanzurramos de la risa, pero la tiramos al público y suenan los grillos. En cambio, en “Calzonudo…” escribí una reflexión donde mi mujer habla sobre el círculo de la vida, y la gente llora de risa con eso”, habla de cómo va mutando cualquier obra desde el papel hasta hacerse tangible en escenario. Ahora, además de poner en escena “Calzonudo, ¡Y Punto!” todos los sábados y domingos del verano en el Club, comenta que “Siempre hay proyectos. Escribí un unipersonal, que lo estoy terminando, pero en eso decide Alejandra porque el texto tiene que ser muy especial. Después hay una obra que empecé a escribir de dos amigos de pesca, muy divertida”. Y nos vamos, porque llegó Claudia Gayo, su coprotagonista, es momento de ensayar…   EMPEZAR DE GRANDE   Marcos es un caso atípico en la actuación. Mientras hoy todos arrancan la carrera terminando la secundaria, e incluso muchos toman cursos mucho antes, él empezó de grande en esto de subirse a un escenario. “Me tocó así. Cuando era chico no lo tenía ni siquiera como opción. No es que no quería ser actor porque mi viejo se iba a enojar. Anduve por la vida haciendo otras cosas, y un buen día me subí al escenario en el Colegio Los Manantiales para una obra que hacíamos los padres de los nenes del jardín y no me bajé nunca más. Me di cuenta que era eso. Además, se dio un combo de casualidades y causalidades que te llevan a un lugar. Paralelamente empezó a funcionar el Club de Teatro, empecé a tomar clases, conocí a gente que se reía de lo mismo que yo, se generó Correveydile casi como una travesura. Que Alejandra me dirija también fue casualidad. A mi me convocó Elías El Hage para hacer “El Monólogo del Cornudo”, y me empezó a dirigir Mario Valiente porque era mi referencia de director de Correveydile, era “el” director para mí. No pudo seguir y estaba a un mes y medio del estreno, con un monologo, cosa que nunca había hecho. Entonces la llamo a mi hermana para que me diga que hacer y se ofreció a dirigirme. Así arrancamos. Siempre la primera opción, y única por ahora, es Alejandra. Somos un equipo. Laburamos mucho y fuerte, pero lloramos de la risa. Alejandra me conoce demasiado, sabe que soy hincha pelotas y vivo haciendo chistes, pero cuando hay que ensayar, se ensaya”. NOTA PUBLICADA EN EL SEMANARIO EL DIARIO DE TANDIL PAPEL, PUBLICADO EL SÁBADO 17 DE ENERO DE 2015

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