14 de enero de 2015

Cultura

Cultura. El año cultural según los productores

“trabajábamos todo el año, solamente dejamos algunos días en enero. Hubo mucha programación, muchos estrenos en las dos salas y el público realmente respondió en todas las presentaciones”. Esto viene acompañado de una tendencia a ver cada vez más producción local: “Por ejemplo, la obra “El Flete” estuvo en cartelera 5 meses, eso hace unos años no existía, se hacían solo algunas funciones. Hay un cambio de mentalidad, antes la gente solo veía obras de afuera, ahora vio que las obras locales tienen calidad. El Club cumplió 18 años interrumpidos esa permanencia en el tiempo, creo un referente”. Eduardo Giménez, de EG Producciones, es quien trae la mayor cantidad de obras de afuera. Casi siempre que vemos un cartel con figuras conocidas del teatro nacional, él está detrás de la producción. En su ámbito, explicó que “hubo cosas que estuvieron bastante bien y otras bastante fuleras. Fue un año inferior al pasado, traje mucho menos espectáculos, con resultado irregular. El Mundial marcó un impasse para programar. Además fue un año complejo para todo el mundo, aumentó todo lo esencial para vivir, eso hace que el espectáculo quede como segunda o tercera necesidad”. Además, advirtió la crecida de lo local: “Es como el off en Buenos Aires, tiene su gente que no va al profesional, porque gustan las propuestas o porque es otro el valor de la entrada. Pero el público en general se volcó a ver todo tipo de teatro, el local y de afuera”. Por el lado de la música, el rock fue el protagonista casi excluyente. Un censo extra oficial realizado antes del Roca Rock, estima que en la ciudad hay más de 70 bandas. Dato que corrobora en parte este número, es que 50 cumplieron los requisitos para participar del mencionado festival. Bunker, se transformó este año en el local roquero por excelencia, y Walter “Caverna” Buccella, su titular, asombra diciendo que “en un año crecí lo que pensaba crecer en dos. El público responde, ves las caras que se van renovando y eso es sinónimo de que algo pasa”, pero aclara que “hay una tendencia de ir a ver más a las bandas foraneas que a las locales, pero es común en todos lados”. Y Bunker, terminó siendo halagado por la mayoría del ambiente. El productor Juani Montenegro (Kalcuta Black Joints) organizó muchos recitales allí después de trabajar mucho tiempo en Capital y Gran Buenos Aires. “Es un lugar que está preparado y no hemos tenido problemas. En Buenos Aires tuve dificultades, pero acá nunca. Hago un balance muy positivo. Se estuvieron haciendo una o dos fechas por mes, trayendo bandas de afuera y complementándolas con grupos locales. Estamos muy contentos con el resultado”. Incluso desde el folclore hablan bien, por lo menos lo hace Emilio Pérez (Nockayshpa Sapicuna), quien supo hacer peñas ahí y lo considera el mejor lugar donde estuvieron, pero claramente es complicado conseguir fecha libre. Y la cuestión de los espacios, se postula como el principal problema. Todos están de acuerdo en que la oferta cultural en Tandil es enorme, por ende, no faltan lugares, hay exceso de artistas. En cualquier parte esa es buena señal, pero hay que saber acomodarse. Metiéndose en la discusión con respecto a las habilitaciones, “Caverna” expresó que “desde un principio todo lo que nos pidieron (Inspección General, Bomberos, Bromatología, etc.), lo hicimos. Hoy trabajamos juntos en el tema de excedente de ruido. No noto de parte de inspección una traba, piden cosas lógicas, que por ahí son difíciles pero no imposibles”. Diferente es el discurso de otros bolicheros. El caso de La Cautiva este año se volvió emblemático, cuando Silvia Taraborelli denunció una “campaña contra los espacios con música en vivo” y teniendo que cerrar sus puertas. Así, el folclore se quedó sin escenarios fijos. “Es casi imposible armar un lugar propio. Si uno quiere escuchar folclore tiene que poner la tele o la radio en su casa. Hay que invertir muchísima plata, y los que tiene la posibilidad de hacerlo no van a apuntar a algo cultural porque no es redituable. Es más un gusto, podés llevar el día a día pero no te vas a hacer millonario. Pinta más hacer un boliche o un restaurante, que poner un centro cultural”, relata Emilio Pérez, quien hace rato viene intentando que la Nockayshpa tenga su local  propio. Hace poco, la Subsecretaria de Cultura, Natalia Correa, reconoció la problemática, incluso mencionando hubo proyectos para abrir un espacio, pero nunca se pudo concretar. Aunque aclaró que el Municipio “no tiene la potestad absoluta en la habilitación de algunos lugares”, pero que se le brinda a los artistas otras opciones durante el año. Aquí, no hay discusión, con sus conflictos, cada género musical tiene un gran evento y el teatro también cuenta con un par de festivales. En el teatro la cosa es diferente. “Los espacios siempre son pocos porque ha crecido muchísimo más la cantidad de artistas. Se han abierto muchas salas en muchos puntos de la ciudad (Barrio Palermo, la Confraternidad…). Hay espacios, nada que ver como hace unos años”, remarca Alejandra Casanova. Algo parecido dice Andrés Erro (Backstage Producciones), quien ha dedicado el 2014 a instalar el stand up en la ciudad: “Hay muchos lugares y mucha oferta cultural. Con respecto a lo que es teatro, hay siete salas en Tandil, hay espacios”. Y aquí nos metemos en otro punto complejo, que son las propuestas alternativas, y el stand up fue una de ellas. “Tandil siempre mira este tipo de espectáculos de la vereda de en frente. Se ve en Capital o en ciudades más grandes y no se lo piensa para acá, pero la verdad que tuvimos una respuesta buenísima y en crecimiento. Estamos entrenando al público, porque no consumía este tipo de propuestas”, dice Erro, quien comenzó una serie de shows unipersonales con la referente tandilense a nivel nacional del género: Fernanda Metilli. En lo musical, Juani Montenegro es quien puede hablar de cosa distintas, pues trajo bandas totalmente ignotas por estos pagos. “Es muy difícil acercarle a la gente cosas que no conocen y que confíen en eso. El 2013 fue un año de armado y en 2014 se vio la confianza, nos hicimos el nombre de los pibes que traen cosas desconocidas pero que están buenísimas”, explicó. Ahora se viene un 2015 alentador, al menos así lo plantean los entrevistados en líneas generales. Seguramente, lo local volverá a marcar la agenda, dejando un espacio para las producciones grandes llegando a mitad de año. Habrá que solucionar otros problemas además de los espacios, también está el tema horarios, sobre todo en el rock. Pero todo es cuestión de seguir trabajando a conciencia, y esa es la parte donde tiene que aceptar su parte el público. Por supuesto, hubo muchas movidas y productores que faltan mencionar. Pasuchearte supo armar buenas cosas en Ego, Buen Perro tuvo sus exitosas vueltas y Buena Rola se está estableciendo como productora y Tandil Rock mancando desde su lugar. Ni hablar de los Peuscovich, que marcaron uno de los hitos del año con el recital de Abel Pintos en el CCU. En La Universidad Barrial y en Unión y Progreso se armaron shows grandes, acercando la cultura a los barrios. NOTA PUBLICADA EN EL SEMANARIO ELDIARIODETANDIL PAPEL DEL 10 DE ENERO DE 2015

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