30 de diciembre de 2014

Política

Política. El PJ le respondió a Mouillerón y lo tildó de “desagradecido”

“Al no existir los partidos políticos sólo hay nombres, y algunos se apoderan de los partidos para sustentarse” dijo en una entrevista reciente que le hicieron en El Eco de Tandil. El ex diputado nacional del Frente Renovador, Roberto Mouillerón, quien fuera funcionario de Solá en su etapa kirchnerista, luego legislador massista y ahora funcionario sciolista ha decretado la muerte de los partidos políticos asegurando, orgullosamente que “hoy nadie tiene mérito” para representarlos. Da pena escucharlo de su boca.  Por más de 50 años ocupó cargos y puestos en nombre de un partido político: el peronismo.  Cuando él era el funcionario que lo representaba, el partido existía; hoy no.  Hoy nadie tiene “mérito”.  En la entrevista admite haberse vuelto más conservador.  Otras cosas también al parecer: un desagradecido. El peronismo de Tandil tuvo vida antes del intento fallido de Mouillerón de alcanzar la Intendencia; la tuvo después de su viaje sin retorno a la ciudad de La Plata y la tendrá, más allá de sus sentencias decadentistas. El Peronismo tiene matices, tiene vida interna, tiene referentes, dirigentes con voluntad de gobernar, tiene momentos de fuerte discusión y de consensos, pero siempre en el marco de una conducción, en el marco de las Elecciones Internas, Primarias Abiertas o el mecanismo que rija.  Para el Peronismo no existe otro partido político fuera de ese ámbito de pertenencia.  Se dirime en los ámbitos internos y los votos de los afiliados y no a través de los medios de comunicación o atajos por afuera. Pero además, el compañero que dice estar “siempre” adentro -pero que hoy está afuera- saca a relucir el “peronómetro” y coloca puntajes a quienes hoy componen las fuerzas vigentes del peronismo de Tandil. “He tenido suerte y me he anticipado”, dijo en esa misma entrevista colocando a la timba y el salto como características propias de un político de fuste al igual que esa capacidad de sobrevida que tanto se parece a la especulación financiera o al juego de azar. Los años no sólo lo han vuelto más conservador (cómo el mismo reconoce); también parece que lo han vuelto más vacío.  El vacío en política fue lo que anticipó el desastre de la década del 90, la época de oro del compañero Mouillerón, donde según él había gente con el “mérito” suficiente para conducir e integrar el Partido Peronista.  El país de las ideologías muertas y enterradas era el país de los políticos eméritos, entre ellos Mouillerón. “Muchos desaparecieron y yo sigo vigente” asegura con orgullo.  Si la vigencia es el único orgullo, es poco lo que Mouillerón conserva de todo lo que se llevó del Peronismo de Tandil. El peronismo tiene un único orden de mérito: el que da el trabajo y la gestión para la ciudad y su gente.  Y tiene una sola forma de medirlo: las obras que cambian la vida a los vecinos.  No es cuestión de anuncios.  Es cuestión de transformación. El peronismo de Tandil hoy se siente orgulloso de ProCreAr y las más de 2000 viviendas que dejará en Tandil antes de concluir 2015; orgulloso de las miles de computadoras que achican brechas en las escuelas públicas; de las asignaciones universales que mejoraron la educación y la atención médica de millones de pequeños; orgulloso del nuevo edificio de Polivalente; de las jubilaciones que incorporaron a miles de mayores de Tandil al sistema; de los programas FINES que permitieron a jóvenes y adultos terminar su educación secundaria; de los programas para el mejoramiento del empleo; de las herramientas y equipos que dan nuevas expectativas y horizontes a los emprendedores locales. El Peronismo de Tandil está orgulloso de haber recuperado para siempre la conciencia de cerrar etapas históricas con Verdad, Justicia y Alegría y haber elaborado, promovido y acompañado la conquista de derechos para los sectores más postergados, vulnerados y discriminados.  Está orgulloso porque el Peronismo siempre debe acompañar a esos sectores más allá de las encuestas y conveniencias del momento. Está orgulloso del rol de sus concejales que defienden otra prioridad presupuestaria para Tandil para que la ciudad sea disfrutada por todos y que ponen en agenda los temas que el Gobierno local no muestra porque duelen o avergüenzan como comunidad. Orgullo de sus agrupaciones militantes, de sus unidades básicas, de los viejos afiliados que han vuelto a concurrir al partido, de los jóvenes que hoy caminan los barrios oyendo las demandas y los reclamos; de los dirigentes que han transformado la formación profesional como un camino más directo al empleo de calidad. Es una pena que Mouillerón no sienta ese orgullo o la necesidad de aportar y retribuir a sus compañeros todo lo que el Peronismo le ha dado en estos 50 años.  El Peronismo ha invertido, en Mouillerón, demasiado esfuerzo militante, tiempo, experiencia y dinero para que hoy muestre como su mayor mérito el anunciar que “los partidos políticos no existen”. Sería una pena que su vocación por acompañar a Sergio Massa hoy esté alentada únicamente por esa virtud que él mismo destaca: “anticiparse” para saltar. Pero sería mayor esa pena si las críticas que le dispara al Peronismo de Tandil, sus dirigente y militantes, son parte, tan sólo, de una estrategia para dar su próximo salto.

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