28 de octubre de 2014

Política

Política. ¿Lo ningunearon a Tassara?

Miguel Lunghi y Néstor Auza, había convertido al Municipio y a la Universidad en dos trincheras políticas de alto voltaje declarativo. En uno de aquellos actos públicos, Lunghi denunció a la Unicen “que se comporta como un Municipio paralelo...”, cuando percibió que funcionarios allegados al entonces rector –que hoy continúan en el gobierno de la Unicen- andaban repartiendo comestibles por los barrios más periféricos. Auza ya soñaba con ser intendente y Lunghi veía en el veterinario a un enemigo sin códigos dispuesto a cualquier cosa con tal de cruzar la plaza y sentarse en el sillón de Duffau. A partir de allí se incrementó una suerte de guerra fría luego encendida con la pólvora que le estalló  al legislador Auza tras el escándalo de la Sigen y su inolvidable frase “vuelvo para azotar a los traidores”. Volvió pagando carísimo en su imagen pública tamaño exabrupto. Luego la gestión del pediatra apoyó sin mayores disimulos la candidatura a rector de Marcelo Spina, quien finalmente perdió desde el poder la elección a manos de Roberto Tassara. Desde entonces las cosas no han mejorado. Lunghi y Tassara cumplen en detestarse mutuamente pero la relación se mantenía en un clima gélido aunque sin confrontación de superficie. Hasta que en la antevíspera ocurrió un hecho político que aparentemente volvió a caldear los ánimos. Llegó plata de la provincia para la construcción del edificio del Polo Informático, un hijo tecnológico de Auza que obviamente Tassara heredó. El anuncio –realizado en una oficina del Palacio Municipal- lo llevó a cabo el vecino y Ministro de Asuntos Agrarios, Alejandro Rodríguez, junto a Lunghi. También estaba en la mesa el presidente de la Cámara de Empresas del Polo Informático de Tandil (CEPIT) Javier Pantaleón. Sin embargo, alguien faltaba: el rector de la Unicen. Suena poco verosímil que a Rodríguez, un político ambicioso que ha hecho de la figuración pública buena parte de la quintaesencia de su gestión, se le haya pasado por alto un detalle de semejante tenor. El mundo de la política se mide por gestos, y no hay hasta ahora una gestualidad política que revele mayor empatía política y hasta afecto personal que la relación entre Lunghi y Scioli. Es un romance intenso que no admite un trío, salvo y como excepción -cuando al gobernador lo aprietan las circunstancias-, la figura de Diego Bossio, tal como quedó demostrado en el palco durante la reciente inauguración del Cristo de las Sierras. Tampoco parece creíble que haya ocurrido una gruesa falla del protocolo municipal. Con lo cual todo lleva a pensar que el indeleble tango “Rencor” volvió a entonarse, esta vez del lado de la casa anfitriona. El último desplante al rigor del protocolo lo construyó el propio Secretario Ejecutivo de Anses, cuando en la inauguración de la fábrica de recapados Michelin en el Parque Industrial ordenó sacar de la lista de oradores la palabra del jefe comunal. Todavía el rector Tassara no se expresó sobre lo sucedido y probablemente de acuerdo a su perfil moderado, por decirlo así, elija los sonidos del silencio. Si en su lugar estuviera el Auza de otras épocas, es muy probable que hubiera devuelto la gentileza con un misil análogo al que recibió en el cuero propio: “El Municipio se está comportando como una Universidad paralela”. Resulta muy difícil imaginar al ninguneado Tassara portando una retórica picaresca que haga más divertida la política mediática lugareña.

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