9 de octubre de 2014

Política

Política. Otra voz se alzó lapidaria ante la colocación del Cristo de las Sierras

Muchos funcionarios consideran que las Sierras deben ser “puestas en valor”, es decir que deben agregársele cosas para que tengan valor. En vez de reconocer su extraordinaria importancia natural y por lo tanto, protegerlas tal como son,  se empeñan en  transformarlas y agregarles monumentos, caminos, playas de estacionamiento. En los cerros públicos o de instituciones, colocan  lo que suponen serán nuevos  hitos turísticos. En los alrededores, por supuesto, crecen los precios inmobiliarios, las construcciones de hoteles, cabañas, casas, barrios cerrados, etc. Actuando  como adelantados en tiempo de conquista, avanzan sobre los cerros. La estatua del cristo, los barrios cerrados y club de golf, las construcciones en Villa del Lago, en el cerro de la antena, el mega hotel detrás de la Elena, un country detrás del country, sobre la ladera, en el valle hacia el cerro de las ánimas. Lo nuevo. Lo que ya estaba y sus ampliaciones. Lo que está fuera de la ley. Lo que entra en la legalidad con el fórceps de las excepciones. Lo que aprueban un puñado de  funcionarios a discreción y ante la falta de planes de manejo que debieran estar presentados hace varios años y siguen sin aparecer…. Todo eso es la expresión concreta de la política real llevada adelante en la última década. La “obra”.  El avance  turístico e inmobiliario que  delinea el tipo de ciudad que se busca. Marketing. Naturaleza mercantilizada. Los impactos ambientales en las cuencas hídricas, considerando tanto la escorrentía de las aguas superficiales como los impactos sobre las napas y el acuífero, los impactos en flora y fauna,  la pérdida de paisaje, las dificultades para caminar las Sierras, son el reverso de la fotito que conforma a  inmobiliarias y campañas  electorales. En la ciudad que cuenta con un magnifico calvario, el que fuera por sí mismo el principal atractivo turístico durante muchos años, la nueva estatua parece un exceso innecesario. Su principal ventaja, será quizá para algunos, las expectativas de valorización inmobiliaria de los terrenos de la zona. Mientras tanto, cabe preguntarse como se aplica la ley de paisaje protegido,  dónde están los  estudios de impacto ambiental para actividades que generaran impactos considerables y, sobre todo,  ¿qué tipo de desarrollo queremos los ciudadanos para Tandil? Tandil, palabra con la cual pampas y mapuches nombraron la ciudad de las Sierras. Un nombre que existía antes de la conquista, como la tierra que denominaba. Colocar una estatua de un Cristo en la cima de una Sierra, es la muestra de una  visión anacrónica de desarrollo que  mercantiliza la naturaleza, utiliza la religión como producto turístico, y contradice la voluntad popular de preservación de las Sierras. Inaugurarlo con un acto el 12 de octubre, es además, como mínimo, un acto carente de sutileza. Respetar la voluntad del pueblo de Tandil La enorme brecha entre la realidad que vemos en la apropiación elitista y degradante de las Sierras  y la voluntad popular de preservarlas,  no sólo es una afrenta a la naturaleza e identidad de Tandil, sino un hecho profundamente antidemocrático.  Si las autoridades no están dispuestas a impedir el avance de las  construcciones sobre las Sierras, debieran asumir su posición sinceramente ante la población, y convocar a la ciudadanía a decidir sobre su principal patrimonio natural a través de una consulta popular. Convocamos a todas las instituciones y ciudadanos a expresarse pidiendo que se frenen  las construcciones sobre las Sierras y  que se realice una consulta popular. Asamblea Ciudadana en defensa de las Sierras de Tandil

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