9 de julio de 2014

Papel

Papel. La alegría fue tandilera

“Esto es lo más loco. Se está festejando como si ya hubiéramos ganado la copa”, le dijo a este portal de noticias un vecino que pasó los 60. Otro, con 57 pirulos declarados, confirmó la sospecha: “Te juro que se está celebrando con mayor alegría que cuando ganamos los Mundiales del 78 y el 86”. Un tercer vecino, envuelto en la bandera argentina, apuntó un dato demográfico que no parece menor: “No sé si hay más alegría. Lo que sí es seguro es que hay más gente que antes”. Y claro. Hace 30 años la ciudad era otra, aunque no sólo por su masa crítica demográfica. Pero lo que ocurrió el 9 de Julio por la noche –en efecto espejo con todo el país- concluye con esa teoría repetida de que Tandil es una isla. No lo somos. Y festejamos el pase a la final del Mundial como lo que realmente es: una alegría futbolera, la más auténtica de las alegrías. La que nos iguala con el vecino de enfrente, el de la vuelta, el del barrio distante, el conocido y el desconocido, el pobre y el rico, el viejo y el niño, los adolescentes –que nunca supieron lo que significa ganar un Mundial o jugar una final- y los que pasaron los cincuenta, que tienen en el cuerpo algunas alegrías indelebles y muchas, muchísimas frustraciones. Todos juntos, como aquel himno hecho canción de Los Jaivas. Tandil, poseído del fulgor emotivo de esos grandes días futboleros, festejó el pase a la final del Mundial como si hubiera ganado la final. La gente cantó a repetición el hit “Brasil, decime qué se siente”, y saltó al compás de “El que no salta es de Brasil” y “El que no salta es un inglés”. Ayer la alegría no fue brasilera: en nuestro lugar en el mundo, la alegría fue tandilera.

Subscribite para recibir todas nuestras novedades

data fiscal  © 2026 | El Diario de Tandil | Sarmiento 291