12 de mayo de 2014

Política

Política. Teruggi en el bailongo

Patricia Londeaux, quien era responsable del Área de las Mujer que reporta directamente a la Secretaría de Desarrollo Social. Cuentan que Londeaux, quien tiene en su currículum una tecnicatura en el tema de violencia de género, pidió al gobierno una recategorización en vista del magro salario que percibía, no equivalente a la responsabilidad de la función que llevaba a cabo. El trascendido observa que tras bocharle la nueva categoría, Teruggi –a través de la funcionaria Luján Britos-le negó el pase que la empleada pidió a fin de ser destinada a otras reparticiones, para luego proceder a asignarle tareas administrativas, menores a su rango y conocimiento, cuestión que además habría golpeado el orgullo de Londeaux. Se estima que en ese contexto –por interpósitas figuras institucionales- los ediles Rogelio Iparraguirre y Corina Alexander tomaron en cuenta las precarias condiciones de habitabilidad de los llamados refugios transitorios para mujeres que habían debido abandonar sus hogares por ser víctimas de violencia. En su defensa mediática ante el periodista Claudio Andiarena, Teruggi alegó que Iparraguirre había editado la realidad con intencionalidad política, al mostrar imágenes de uno de esos refugios pero –señaló- las correspondientes a una obra en construcción existente dentro del mismo lugar. Por el contrario, Iparraguirre –quien resulta afecto al uso de cierta terminología extrema- asoció la precariedad de la pensión a un “centro clandestino de detención”, figura que remite a la memoria histórica de hechos horrorosos. Más allá de la desmesura metafórica, Iparraguirre y Alexander incomodaron a Teruggi pidiéndole a Miguel Lunghi, directamente, su renuncia. No abrevaron los ediles, por ejemplo, en el impecable hotel céntrico que el Municipio también destina para las mujeres víctimas de violencia de género, pero el gobierno debería probar que las imágenes expuestas por Iparraguirre fueron un montaje apócrifo de la realidad, como insinuó Teruggi en la televisión. ¿Lo hará? El ruidoso bailongo político que viene padeciendo el Secretario de Desarrollo Social con este tema desde hace más de una semana, probablemente se hubiera evitado con la precaución de tener “la casa en orden”, parafraseando una alegoría histórica del prócer del radicalismo moderno. Ahora está sonando la cumbia y no queda otra que mover el esqueleto. Se sabe que el único auténtico devoto de la cumbia en el gobierno es el Director de Juventud, Pablo Civalleri, quien lloró lágrimas sinceras tras la muerte de su ídolo Leo Mattioli. Parado en medio de la intemperie de su propio bailongo, Teruggi probablemente haya comprendido que si ahora le toca bailar con la más fea es porque como responsable del área algo hizo o dejó de hacer para merecerlo.

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