10 de mayo de 2014

Política

Política. El Destacamento policial que abrió sus puertas y nunca se inauguró

Miguel Lunghi a gestionar la presencia de un Destacamento policial. El lugar elegido por los distintos estamentos de la policía fue ferozmente resistido por un grupo de menores, debido a la cercanía con el domicilio y epicentro de la zona roja sospechada en la utilización de menores en hechos de robo y ataques contra la propiedad, incluidos estos delitos contra los propios vecinos del barrio. Fue tal la resistencia a la policía que la reacción devino en un violento episodio con piedras y balas de goma, tras el atentado al inmueble donde iba a levantarse el Destacamento. A partir de allí, el gobierno comunal dobló la apuesta por la presencia policial en el barrio –en concordancia con el mayoritario deseo de los vecinos- y el kirchnerismo optó por sabotear la instalación del Destacamento a través de los más altos niveles, en una operación política sobre el ministro de Seguridad de la provincia, Alejandro Granados, que incluyó al presidente del PJ local, Diego Bossio y a su hermano Pablo, y una recordada e incomodísima reunión de todas las partes celebrada en el despacho del ministro en La Plata. Granados, para ganar tiempo, pidió 30 días de reflexión, mientras a su vez lanzaba el estado de emergencia en seguridad. El paréntesis del ministro le permitió a Lunghi rastrillar el barrio con sus funcionarios, reunirse cara a cara con los vecinos en el CIC, comenzar el abordaje social de los menores en riesgo más complicados en los disturbios y –de paso- refaccionar a nuevo el inmueble y dotarlo de un grupo de policías que además de inaugurar ad hoc la repartición, patrullaron las calles del barrio devolviendo un estándar mínimo de seguridad a los vecinos. Es decir, que si la orden del ministro tras el tiempo pedido iba a ser la de levantar el Destacamento e inaugurar una subcomisaría a quince cuadras de allí –tal lo pedido por Bossio-, todo el precio político de la jugada lo iba a terminar pagando el propio Scioli. Y, que se sepa, el gobernador no es reputado por su valentía política, pero sí por su astucia. La cuestión terminó de resolverse en Semana Santa. Scioli llegó a Tandil en medio de la declaración de emergencia en seguridad, y cuando fue consultado por la prensa acerca del destino irresuelto del Destacamento –habida cuenta de que Granados se “olvidó” del tema-, el gobernador intentó esquivar el bulto de la respuesta con una de sus habituales declaraciones sarasa, hasta que el propio Lunghi lo sacó de la encerrona diciendo que el Destacamento estaba funcionando en perfectas condiciones. Cabe consignar que la visita de Scioli, ocurrida el Jueves Santo a la Parroquia del Santísimo Sacramento, donde apareció flanqueado por el intendente y el cura párroco Raúl Troncoso, mereció la más completa indiferencia por parte del kirchnerismo local. Ni un solo dirigente, militante, funcionario o cuadro político del espacio que conduce Diego Bossio en Tandil acompañó al gobernador el día que Lunghi terminó anunciando lo que ya parece ser una realidad irreversible: la apertura y funcionamiento del Destacamento policial de Tunitas, llamado a ser la primera repartición policial en la historia de la ciudad que abrió sus puertas sin inauguración oficial. Lo que habla a las claras, políticamente, de quiénes ganaron y quiénes perdieron en esta pulseada que ahora también ya es historia. Eso sí: dicen que el colectivo rojo todavía no volvió a pasar por las calles del barrio.

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