19 de abril de 2014

Sociedad

Sociedad. Marcha: un centenar de vecinos, el padre Troncoso y el Loco Charly

Lucas Serén, Juan Cruz Andrade y Luciano Vargas. Así, en este contexto desolador, se produjo la nueva movilización a tres meses de la tragedia y con un escenario de sombrío pronóstico para quienes buscan no sólo no olvidar sino también un final sin impunidad para esta dramática historia. Lamentablemente, todos los signos que se han visto hasta la fecha –incluido el sospechoso cambio de testimonio del único operario sobreviviente de la explosión del horno Nº 6 de Metalúrgica Tandil- son indicativos de lo que este portal de noticias arrojó como una conjetura a los pocos días de la explosión: el montaje de una operación en ciernes para culpabilizar a las víctimas. Sólo un puñado de trabajadores metalúrgicos acompañó a los familiares en su recorrida desde la Avenida España hasta la Parroquia del Santísimo. La ausencia completa de la clase política tandilense es otro dato que le agrega patetismo a la tragedia; sólo el dirigente socialista Oscar Martens tomó parte de la marcha. En esta oportunidad los manifestantes prefirieron –teniendo en cuenta el momento religioso de la Semana Santa- no entregar petitorio alguno ni realizar declaraciones a la prensa. Concluyeron la movilización frente a la Iglesia Matriz. De inmediato salió del templo el sacerdote Raúl Troncoso, quien instó a los presentes a no abandonar la lucha. “Cuenten siempre con nuestro acompañamiento en todo lo que puedan necesitar. Yo les agradezco siempre que vengan aquí, que encuentren siempre una casa más que los va a recibir independientemente de las cosas que pasen…”, dijo el sacerdote. Luego invitó “a los que creen” a rezar un Padre nuestro hasta que segundos después apareció el Loco Charly, dado que así se lo conoce y se lo llama en la vecindad, un personaje que empieza a revelarse en todos los lugares públicos donde está ocurriendo algo, sea lo que fuere, y mirando a los deudos Charly dijo que ese era un lugar de amor, que había que entregar el corazón, hasta que terminó abrazado a una de las viudas de los trabajadores fallecidos. Alguien de entre el centenar de vecinos rompió el silencio y gritó a viva voz “¡Prohibido olvidar!”, consigna que se coronó con un largo aplauso en memoria de los chicos muertos. Un turista que pasaba por la Plaza Independencia se detuvo en seco mirando los carteles y la gran pancarta que los familiares habían cruzado frente a la puerta del templo, y preguntó a uno de los vecinos que participaba del acto qué estaba ocurriendo en la Iglesia. -Somos los amigos de los tres muchachos que trabajaban en la Metalúrgica. -Ah, ¿cerró la empresa? ¿Están protestando? -No. Explotó el horno y los pibes murieron. -Carajo. ¿Y el resto? -¿Qué resto? -El resto de la gente. Los vecinos. ¿Cuántos viven en Tandil? ¿Cien mil? -Sí, un poco más… -¿Dónde están? –preguntó el turista. El hombre pensó un segundo antes de contestar. Probablemente iba a responder que los vecinos estarían en las ferias, en las casas, en los bares, en los paseos. Pero se encogió de hombros con una mueca de desaliento mientras en la vereda de la Iglesia dos operarios metalúrgicos comenzaban a enrollar la pancarta. Hasta la próxima vez.

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