23 de marzo de 2014

Papel

Papel. Los hermanos De La Torre y sus afiches, destacados por medios nacionales

JUAN CARLOS Y FEDERICO DE LA TORRE, COLECCIONISTAS POR DOS “El cine es como una droga” POR JORGE REPISO (DESDE PINAMAR)   Son los dueños de seis mil afiches originales de clásicos de todo el mundo. Los comienzos, los favoritos y cómo llegan a ellos.   Ellos dan vueltas en torno al salón donde se exponen sus tesoros. Están exultantes e inquietos, ya que por delante tendrán ocho días para darse un banquete de películas nacionales y europeas, muchas de ellas nuevas. Los hermanos se hacen ver en todos lados al mismo tiempo y también en la inauguración de la décima edición de Pantalla Pinamar. Esa noche se estrena la versión original del clásico Cinema Paradiso, ganadora de un Oscar. La obra de Giuseppe Tornatore se extendía casi por una hora más y debió ser editada, pero a veinticinco años de su estreno y como un regalo de uno de los organizadores, se proyectará en el festival. Entre el público que colma la sala del cine Oasis se ve a Juan Carlos y Federico “Freddy” De la Torre. Dos hombres que ya pasaron los sesenta años y tienen mucho para contar. La pasión por el cine que los desborda les viene desde pequeños, cuando en su Tandil natal había cuatro salas y las “latas” eran esperadas con impaciencia. Allí comenzó una afición que los llevó a coleccionar unos seis mil afiches originales, colección única en el mundo y por la que son invitados a eventos internacionales. “Tandil era como Cinema Paradiso y con mi hermano nos colábamos, ya que vivíamos cerca del centro e íbamos al cine parroquial. También a un club, de tanto en tanto y después de vender diarios o botellas viejas para juntar plata”. El que toma la palabra es Juan Carlos porque a Federico no le gusta mucho hablar delante de un micrófono. “Como buenos hermanos nos peleábamos y lo seguimos haciendo. Los dos somos solteros, viviendo en una casa, y los fines de semana nos ponemos la mejor ropa y perfume para ir al cine. No podemos faltar”.   –Cuénteme sus comienzos.  –Yo iba a la escuela técnica de noche y era el único loco al que le gustaba el cine. Muy pronto formamos una agrupación estudiantil llamada Tec 70 y nos movimos para presentar películas en la plaza o donde fuera y fue un éxito total. Las chicas del colegio Hermanas nos tocaban para ver si éramos de verdad, como nos pasa a todos con los famosos. El administrador de un cine nos dejaba el día jueves para que hiciéramos avant premier y ganábamos mucho con la publicidad, porque la industria local tenía muchos empleados y existía una cadena de talleres que anunciaban. Cuando me recibí fui a trabajar a la empresa Loma Negra y mientras tanto hacía publicidad. Hubo varias salas, el cine Súper, el Cervantes, el Avenida y otro. Yo agarraba los diarios de Capital y hacía una ensalada con las críticas. Un día, el dueño del Avenida me llamó para ofrecerme administrar la sala y puse como socio a Federico, que al otro día me echó.  Juan Carlos dice “me echó” y larga una carcajada. En medio de una catarata de palabras desliza el nombre del escritor y periodista Osvaldo Soriano, que formaba parte de otra agrupación llamada Grupo de Cine. “Un tipo simple y campechano, que andaba por todos lados con un auto chiquito, buenazo”. –¿Cómo se le dio por los afiches? –Legalmente, Freddy era el administrador. Como hermanos fuimos unos fenómenos en cuanto a la ansiedad, el amor al cine, la desesperación, unos aficionados a fondo. Un día, un tipo me dijo que había unos afiches tirados, y los encontramos en un agujero del techo. Eran como cinco mil, de los que quedaron la mitad porque estaban estropeados. Los llevé a casa para clasificarlos y me encontré con títulos argentinos de Lumiton (productora nacional creada en 1931), films franceses, italianos, americanos, de todos lados. Fue allá por 1975 que arrancamos. La primera exposición se llamó “Por amor a Tandil”, en una galería. Con el tiempo, los afiches hechos a mano pasaron por Mar del Plata, San Sebastián, Vigo, Biarritz (donde montaron una muestra de afiches de las películas que rodó Carlos Gardel), Chicago y La Habana, donde fueron jurado del festival y se codearon con Oliver Stone y Fidel Castro. Para el centenario del género western organizaron la única muestra realizada en Tucson, Arizona. –¿Cuáles son los afiches que más quiere? –Uno que me llama mucho la atención es el de la película Sierra Chica. El de La guerra gaucha es extraordinario. Del género western, La diligencia, y de Francia me enloquece Napoleón. De Lumiton y con especial cariño, me gusta La muchachada de abordo, ese donde Luis Sandrini está subido a un cañón, del año 1935. En muchos lugares nos premiaron por amor al cine y hoy en Tandil, si preguntás quiénes siguen haciendo lío te van a decir que nosotros. Somos enfermos totales desde chicos. Vamos juntos los sábados y domingos, y cada uno se sienta en una punta de la sala. En nuestra ciudad quedó un multicine pero ya no hay más de los de antes. Ahora se abrió un Espacio Incaa, y estoy contento. –¿Siempre tuvo ganas de salir a las rutas a buscar? –Siempre que fueran afiches de las décadas del ’40, ’50, ’60 y en su mayoría hechos a mano. De ahí en adelante no me interesaron. Pero si bien tenía ganas de subirme a un colectivo y recorrer kilómetros, también tenía una vida o tenía que dejar a una novia. Una vez desde Chubut me dijeron que había uno de Casablanca. Me enceguecí y me fui para allá para encontrarme con una versión moderna de la película que no me importaba. “El cine es como una droga, y si no vamos, sufrimos abstinencia”, cuenta Freddy. “Una vez en un festival en Bogotá vi una serie de cortos, uno detrás del otro. Cuando terminé, me fui a ver películas afuera. No lo podían creer”. Ahora interviene Juan Carlos, que cita a un director del neorrealismo italiano del que no recuerda el nombre. “Federico dice que yo soy el padre de la criatura y que él es el tío, y es así”. La entrevista se termina y cada uno se va por su lado, para volver a juntarse más tarde.

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