10 de febrero de 2014

Política

Política. Familiares de las víctimas increparon a Romano y pidieron despidos en Metalúrgica

Lucas Serén (27), Luciano Vargas (31) y Juan Cruz Andrade (34) se vio reflejado en las consignas de las pancartas y volantes que repartieron a los tandilenses que en la media tarde de este lunes pasaban por el frente de Metalúrgica Tandil. El texto pedía, literalmente, la renuncia de Mauro Iacovone (gerente general); Andrés Andracca (Jefe de Producción); Fabián Pocatino (Jefe de Mantenimiento) y Carlos Alvárez (Jefe de Planta), al sindicarlos como “responsables de la tragedia que le costó la vida” a los tres metalúrgicos fallecidos. Adentro de la fábrica latía una postal penosa: trabajadores metalúrgicos que seguían en sus tareas. Sobre la media tarde, según trascendidos, la actividad se paralizó. Pero algo más ocurrió en el epicentro de una sentada pacífica donde el clima se cortaba con un hilo por la tensión del ambiente. El padre de una de las víctimas, Oscar Serén, que hasta hoy había mantenido un perfil bajo procurando reponerse anímicamente de la tragedia, apenas el periodismo le acercó el micrófono descargó crudos epítetos contra la empresa, la dirigencia política (su señora Zulma criticó la ausencia del intendente Miguel Lunghi) y “los gremialistas de la UOM que son figuritas decorativas en toda esta tragedia…”, cargó Serén. Alejado del núcleo que agrupaba a los manifestantes –distancia que resulta literal a la soledad política y la ofuscación por la que atraviesa Romano (Ver artículo “Aislado, sospechado y maleducado”), se lo veía al secretario general de la UOM, acompañado apenas por un par de dirigentes de su comisión directiva. Cuando la sentada llegó a su clímax político más árido, fue otra vez Serén quien increpó sin anestesia a Romano instándolo a ponerse a la altura de las circunstancias: “A mí se me murió un hijo acá adentro. Y si vos lo hubieras defendido eso no hubiera pasado. ¿A quién defendés vos? Jugate, querido. No tenés bolas, no estés con la patronal. Hacete cargo, poné los huevos…”, le dijo Serén, entre otros fuertes epítetos, con los ojos cargados de lágrimas, en un tono que iba del reproche a la impotencia. Las expresiones que declamó Romano a la hora en que no le quedó otra alternativa que hablar, lamentablemente distan de exhibir la estirpe de aquellos gremialistas que defendían a sus trabajadores y honraban la memoria de sus muertos. Por un instante sus dichos se asemejaron a la voz de la patronal aludiendo a que “trabajar en una metalúrgica es un oficio de riesgo y todos los saben…”. El patetismo argumental de Romano recibió desde la rechifla al insulto mientras de fondo los manifestantes clamaban por justicia. A un mes de la tragedia, del dolor se pasó a la bronca y a un estado de sospecha sobre un final impune de esta historia que extremó la tensión entre los que no quieren olvidar a sus compañeros muertos, sus presuntos representantes gremiales (“Romano no me representa en absoluto”, dijo Serén a ElDiariodeTandil), y la empresa que deberá responder con algún gesto acerca de las cuatro cabezas que pidieron los familiares.

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