17 de enero de 2014

Sociedad

Sociedad. La marcha del dolor

Miguel Lunghi y sus colaboradores más cercanos. El secretario general de la UOM, Carlos Romano, e integrantes de la comisión directiva del gremio acompañaron la manifestación. Una pancarta de grandes dimensiones con los nombres de los operarios fallecidos y la consigna de “Prohibido olvidar” encabezó la marcha. El estandarte fue llevado por los trabajadores metalúrgicos y uno de ellos, Francisco Donini, fue a la postre la única voz que se dirigió a los presentes, sobre el epílogo del acto. Metalúrgicos de muchos años rotos por dentro, hombres duros con los rostros bañados de lágrimas, familiares quebrados por la tristeza, compañeros de trabajo desolados ante los rastros aún latentes de la tragedia, le dieron mucho más que un contenido de silencio a la marcha: nadie que participó de ella salió indemne del dolor profundo ante lo que ya no tiene remedio y lo que no tiene consuelo. Fue tan agobiante la congoja que dominaba el ánimo de la pequeña multitud, que hasta ahogó la palabra del sacerdote Raúl Troncoso: “No pude hablar, le juro, estaba emocionado y también angustiado. Quería hablar del sentido de la vida  pero no me salieron las palabras… voy a pedirle disculpas a los familiares”, contó a ElDiariodeTandil el cura párroco, todavía conmovido por lo que muchos de los participantes de la marcha, con vasta tradición en esta modalidad de actos, coincidieron en señalar de forma unánime: la atmósfera de un desasosiego insondable que lastimaba el ánimo de todos. Luego de la bendición de Troncoso, el operario metalúrgico Donini llamó al secretario general del gremio. Departió con Romano durante unos segundos y fue al cabo el propio trabajador y cuñado del fallecido Lucas Serén quien tomó la palabra para agradecer a los presentes el acompañamiento a la marcha. Un momento de singular tristeza se vivió cuando los familiares y amigos de los tres jóvenes metalúrgicos fallecidos colocaron sus velas encendidas sobre el cordón de la vereda de la Iglesia del Santísimo. Fueron pasando de uno en uno hasta que nadie supo de donde vino el primer aplauso que contagió al resto y produjo una sostenida ovación de diez minutos ininterrumpidos, un aplauso que pareció tener la dimensión del infinito, la categoría del homenaje y el acto catártico del millar y medio de vecinos quebrados por la pena. “La desidia de los empresarios de turno se llevó 3 vidas injustamente. Siempre en nuestros corazones. Prohibido olvidar”, decía el folleto que los familiares y compañeros de Luciano, Lucas y Juan Cruz repartieron antes de empezar a caminar. Si la cosmovisión de la metalúrgica tandilense tuvo en el pasado sus jornadas de gloria, ayer, sin duda, vivió su noche más triste. Después de la palabra dolor hay otras dos que son constitutivas de esta tragedia pavorosa, y resultan imprescindibles para la necesaria elaboración del duelo de los seres queridos a quienes desde hace una semana la vida se les torció para siempre: Memoria y Justicia. Por los tres  jóvenes metalúrgicos que murieron quemados en pleno siglo veintiuno, en una fábrica de patrón invisible y foráneo. Y para que lo irreparable duela un poco menos.

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