30 de diciembre de 2013

Política

Política. ¿Por qué Lunghi blanqueó su candidatura 2015?

“Nosotros llegamos para quedarnos”, había dicho. Pero como ya se sabe que la semiótica política hace de los gestos –a menudo entre líneas o en ocasiones más explícitos- sus propios enunciados, lo que dijo Miguel Lunghi hace veinticuatro horas no sólo confirma aquel pensamiento disparado en un atril de tribuna, en medio de la euforia de la victoria. Lo que dijo, en verdad, revela hasta la médula la intencionalidad del hecho político en sí mismo. Para decirlo en concreto: Lunghi no fue víctima de un exabrupto, de una interpretación fuera de contexto, de un acto fallido o de un lapsus linguae. El intendente planificó el blanqueo de su candidatura obligado por una circunstancia política que necesitaba conjurar de cuajo: la incipiente interna que se venía gestando, ya de manera indisimulable, en el seno de su gabinete con dos candidatos lanzados y un abismal desequilibrio de fuerzas entre uno y otro. Sobre todo porque ese otro, en algún momento, había sido ungido por el propio Lunghi como el sucesor de su proyecto político. Este detalle, que puede computarse como un prematuro error del jefe comunal, dejó a Marcos Nicolini –de él estamos hablando- en una situación política incómoda e inédita: en un jefe de gabinete de secretarios al que casi ningún secretario le responde. Se estima que Lunghi vio crecer en estos días la grieta irreparable, fogoneada, además, por una pasión radical completamente reprimida durante la década lunghista: el internismo feroz. Dos postulantes desencontrados, Nicolini y Mario Civalleri y un posible candidato “síntesis” –Atilio Magnasco- eran los nombres de la bomba molotov que empezó gestarse desde el gabinete hasta el comité de calle Mitre con un final ineludible: la interna. Siempre y cuando, obviamente, el dueño de los votos decidiera irse a su casa. Así las cosas, Lunghi no habría tenido más remedio que anticiparse a los propios tiempos que había pautado el presidente del comité radical, Julio Elichiribehety, y anunciar que “si el partido me lo pide” irá por un nuevo mandato en 2015.  Fue la forma que encontró el pediatra para desactivar de un solo golpe un dilema que por ahora no tiene solución: quién tomará la posta del autor de la criatura política que gobierna desde 2003 cuando él no esté. Nicolini tiene dos problemas: es quizá demasiado joven para soñar con el sillón de Duffau y tiene casi todo el establishment ministerial en su contra. Pero una a favor: es el que mejor mide en los sondeos que el radicalismo periódicamente realiza a través del portador del oráculo político, Lic. Oscar Nigro. Es cierto que 2015 está relativamente lejos. También es cierto que resulta difícil concebir la idea de un ex jefe comunal del carácter de Lunghi mirando televisión en pantuflas en el living de su casa. Pero lo que sí aparece como muy complejo de discernir es si el lunghismo sobrevivirá como proyecto político cuando el pediatra decida jubilarse. Entre su propia pasión por la gestión y la necesidad  de poner la casa en orden (con perdón por la alegoría histórica), Miguel Lunghi debió anticiparse a los tiempos y despedir el 2013 anunciando que irá por el cuarto mandato.  Un hecho político que, por ahora, no tiene precedentes en la democracia lugareña contemporánea.

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