20 de diciembre de 2013

Policiales

Policiales. La buena persona, el doble homicidio y una condena inminente

“Bravata filmó su propio asesinato”, en relación a las cámaras de seguridad que dejaron grabado la entrada y salida de Martín De Agostini del lugar del hecho el día del crimen. “Luego la defensa trató de desviar el foco y se habló de cuestiones laterales. Aquí no está en duda que De Agostini haya sido una persona de bien, de familia, trabajador y de buenas intenciones”, comentaba en relación a los buenos comentarios que prodigaban familiares, amigos y hasta acreedores del acusado. Por otro lado, “se le ha intentado dar un perfil de mafioso a Bravata cuando no hay una sola prueba que confirme esto, se ha hablado de un asesinato en Estados Unidos pero nunca fue condenado y por lo tanto no se puede decir esto”. “El verdadero problema de este Tribunal es saber qué pena darle a Martín por los asesinatos, no las otras cuestiones que se plantean”. Piotti tenía la total atención de los jueces que seguían al detalle su argumento, “la sociedad no puede cargar con gente que un día se enoja y se pone violenta, enajenada”. “De Agostini dejó de ser quien era pero no por una patología, dejó de ser quien era porque cambio de empleado a dueño, cambio de vida, viajes, camionetas y responsabilidades”. En un momento se dedicó exclusivamente a responder a los peritos de parte, en especial al doctor Maldonado con quien tuvo un cruce picante la semana anterior. Fueron más de 10 minutos donde acuso a estos peritos de tener muchas falencias en su presentación. Sobre lo que sería uno de los puntos importantes del alegato de la defensa, sostuvo “la amnesia no está probada en este caso. Solo Martin dice que no se acuerda y no hay ningún informe perital que lo avale. De Agostini no es creíble en su discurso”. Promediando el relato le pidió permiso al Tribunal y extrajo debajo de la mesa una bolsa de papel madera que contenía el arma homicida, el martillo tomaba el centro de la escena. Fue un golpe de efecto que cumplió al máximo su cometido. Llegando al final, expuso los atenuantes que tendría en cuenta en su pedido, enumeró, “todo el mundo tiene un buen concepto de De Agostini, no tiene antecedentes, estaba viviendo una tensión emocional, en crisis económica y financieramente y estaba amenazado”. Y entre los agravantes mencionó, “fueron dos los asesinatos, la codicia, el juego, el deseo y la necesidad de dinero, una extrema violencia en los asesinatos, la edad de las víctimas, se aprovechó de la soledad de los italianos sin familias y extranjeros lejos de su país, ocultamiento de los cuerpos, premeditación y la mentira a la justicia”. Seguido a esto indicó que pedía al Tribunal una pena de 25 años de cárcel más accesoria y costas por “Doble homicidio en concurso real”. Habían pasado las 11 horas y el Tribunal indicó un cuarto intermedio para luego escuchar el alegato del defensor oficial. De Agostini no fue consciente de lo que hizo El defensor Diego Araujo utilizó un power point para apoyar sus más de dos horas de exposición, allí trato de justificar que el acusado actuó bajo “imputabilidad disminuida”. Primero aclaró que “no estamos ante un hecho común, desde que trabajo en la justicia jamás vi un caso de este tipo”. “Estamos ante alguien que nunca mostró signos de irritabilidad, ni antes ni durante el periodo de angustia”, comentó. Siguiendo con su línea sostuvo que “no fue a matarlos. Fue a pedir tiempo porque no le habían pagado unas piletas y no podía afrontar la deuda que mantenía con Bravata”. Luego mencionó a diez personas, al menos, a las que el acusado le debía dinero, incluso más que a la víctima. Sobre el final recordó quien era el verdadero Bravata, un sujeto acusado de un doble crimen en Estados Unidos y que luego fue deportado de aquel país. Siempre apoyando su defensa en la teoría de autores como Raúl Zaffaroni o cabello, en quienes se apoyó para reiterar una y otra vez que De Agostini no estaba plenamente consciente de sus actos. En el final de su alegato no habló de penas, solo pidió a los jueces que comprendan la figura de la emoción violenta o la inimputabilidad disminuida provocada por las amenazas a su familia y agravada por la crisis que atravesaba. La sentencia se leerá el próximo viernes 27 de diciembre a las 13:30 horas, en vísperas del Día de los Inocentes, seguro no será un día más.  

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