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25 de noviembre de 2013
(Por Gonzalo Grela) Crónica de un cambio. Esteban Román Trafo es una idea que nuestro músico viene armando desde "Canciones para transformar", año 2012 y que llega hasta el ya casi final del 2013 con "El poder de una canción", show que se pudo disfrutar este viernes. Fue una noche excepcional. La voz de Esteban Román brilló con intensidad en su repertorio personal, compuesto de nuevas versiones de temas del disco anterior y de varios temas a estrenar en esta presentación. También interpretó canciones populares como "De nada sirve" de la banda No Te Va Gustar y "Stand by me" de Ben E. King, ampliamente identificada con John Lennon. El show comenzó con una versión melodiosa de una canción muy potente de Román que es "El hombre sin amor". En varias oportunidades pude discutir sobre esta composición con el autor. Allí se presentó el siguiente dilema. La canción original, fuerte y desgarrada, que repite con crueldad los versos "decime ¿qué hay acá? / un hombre sin amor" y que terminaba de esa misma manera, un buen día comenzó a finalizar de otra forma: "decime ¿qué hay acá? / un hombre para transformar". Me molestó ese cambio, y convenimos que aquel relato oscuro y tétrico que era esa canción había perdido algo de su bofetada final. No sabía que la noche del viernes iba a recibir yo mismo la cachetada. Música, que no estuvo de fondo. Esteban saludó al público, luego de haber avanzado con varias canciones. Saludó y felicitó al público por “animarse a lo nuevo". Sabemos que nuestro público tandilense no tiene problema en salir de casa, pero que al momento de elegir: el arte nuevo siempre genera rechazo. Secretamente Román citaba esa idea de Ortega y Gasset. Como es ya costumbre en sus presentaciones, Román estuvo acompañado por músicos de excelente calidad. Abruma pensar a quién mencionar primero luego de la performance de este viernes. En la batería, Esteban estuvo acompañado por sus hermanos (Gerardo y Agustín, músicos invitados) que se alternaron en la interpretación de algunas canciones. Ambos con su personal impronta, ya desde lo acompasado y melodioso, o desde la intensidad y la emoción. La percusión, por otra parte, que fue constante en todos los temas, estuvo a cargo de Mariano Gonnet (estable en TRAFO) quien da a las canciones de Román un particular ambiente de ensueño de sonidos que aparecen y desaparecen de la escena con gran maestría: cajón peruano, redoblantes, uñas, semilleros, panderetas, etc. Una genial combinación de percusiones que deslumbra tanto por sus sonidos como por la visual de su ejecución. Nicolás Schrott (también estable en TRAFO) tejió las cuerdas del bajo. Un espectáculo de melodías y armonías que dio sustento al armazón musical. Una excelente oportunidad para quitarnos de la cabeza, de una vez por todas, la idea de que el bajo es un instrumento de acompañamiento. Schrott da por tierra con esa simpleza y pone en primer plano un instrumento que por timbre suele quedar relegado al fondo musical. Jorge Suarez (invitado) en la guitarra eléctrica y criolla tuvo también un resplandor particular. En la guitarra eléctrica se escucharon vibraciones de rock y cercanos silbidos del blues. Suarez también peinó el instrumento, pero lo que hay que destacar en esta oportunidad es que no tocó la criolla como un roquero que castiga el nylon igual que el metal. Jorge Suarez, fue dos músicos, el roquero en la eléctrica y el clásico en la criolla. El barrio y la academia en el mismo músico. Diego Sagrera (invitado) también tuvo su participación durante el recital, tocando la guitarra eléctrica en “Cuando te daba el sol” canción que compuso junto a su primo Estaban Román. Una de las sorpresas de la noche fue Agustín Cetratelli en el piano. Estaba allí emplazado, hacia el frente del Aula Magna, un piano de cola que desde el comienzo llenó los ojos de los espectadores en la esperanza de que alguien se sentaría allí a hacerlo sonar. Así fue que sucedió con la "Zamba del carnaval" que cantó Esteban Román junto al piano de Cetratelli, la percusión de Gonnet y el bajo de Schrott. Los acordes completaron el espacio del aula con la tensión que solo la zamba puede lograr. El público que siempre fue efusivo y cariñoso en los saludos al final de los temas, estalló en éste con un aplauso cerrado, emotivo. Éste es el marco que orquestó Esteban Román para sus canciones. Su profunda y armoniosa voz, los destellos de su guitarra, las canciones nuevas y las que ya traía en la mochila, la penumbra del Aula Magna, el silencio respetuoso del público que llenó la sala. No hay una amistad, por buena que sea, que permitiera inventar un relato como este. No fue un sueño, o lo fue, pero no mío. Lo nuevo, y no tan nuevo. Pudo, nuestro músico, hacer gala de nuevas composiciones y jugarse a hacer cantar al público. Por ejemplo con el tema "Viento viento". Pero el estreno más relevante de la noche fue "Volverás" tema que Román compuso para una campaña de Missing Children en la cual, confesó, ha podido canalizar tanto su pasión por su trabajo como compositor y la posibilidad de contribuir con una causa de orden social. Ciertamente, “Volverás” no es un estreno, es una canción que Esteban Román ya traía desde Decavendish pero que fue sometida, como todo en este compositor, a la transformación. La propuesta de este proyecto con Missing Children y sus ansias de trabajo lo llevaron a renovar la canción, que de cierta forma es saludada como nueva. ¿Qué es un hombre sin amor? El show se abrió, como dije, con "El hombre sin amor", que para mi sorpresa terminó con el verso fatal "decime ¿qué hay acá? / un hombre sin amor" como honrando aquella discusión sobre el efecto de la canción. Aunque la ejecución musical fue melodiosa y calma. Nuevamente, la sensación de la suavidad del final. Transcurrió el recital con todas las emociones ya comentadas. Unas casi dos horas y media de show en las que Esteban Román no se bajó ni un minuto de escenario. Estaba allí enardecido por la música y el calor del público. Vino el final. La vibración oscura del bajo Schott, unos chillidos lejanos de la guitarra eléctrica de Suarez me avisaron. Era ese endurecido rock de "El hombre sin amor" que se acompaña de golpes secos del la guitarra de Román. El público sentado no podía dejar de seguir la melodía pesada y oscura. El verso final de aquella canción, otra vez tétrica y terrible, fue "decime ¿qué hay acá? / un hombre para transformar". La transformación Cuando un espectador se enfrenta al teatro, o el lector a un libro, no debería hacerlo con la cerrazón de ir a experimentar aquello que quiere volver a sentir sino ir a encontrarse con las nuevas sensaciones, con el cambio. Allí estuvo la cachetada, en el final que me reclamaba que me transforme. Eso lo que hacen los artistas, transformar el mundo. No cabía allí un hombre sin amor, sino uno para transformar. Ése es el poder de una canción. http://www.youtube.com/watch?v=3nP1IzyOJgI FOTOS (clic para agrandar):
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