27 de octubre de 2013

Política

Política. Histórico: el lunghismo logró su octavo triunfo electoral al hilo

“El 2015 está a la vuelta de la esquina y nosotros no llegamos para irnos...”. Primera declaración, módicamente elíptica, de que el pediatra está listo para intentar ir por un cuarto mandato  con su nombre a la cabeza de la boleta. Ayer el lunghismo enfrentó su prueba más dura: un súper aparato de poder como nunca se había visto en la ciudad, que gastó literalmente una fortuna (ampliaremos) en sus dos campañas –primarias y generales- donde demostró que lo que había empezado mal (las PASO) y su pésima lectura de lo ocurrido, iba a terminar peor: la elección de ayer, donde el kirchnerismo vernáculo sumó menos votos que el 11 de agosto. Esta vez fue Atilio Magnasco (como antes lo habían sido Juan Pablo Frolik y Marcos Nicolini) quien le puso el moño a una victoria clave hacia el 2015. Con una gran elección de Claudio Ersinger y una banca de concejal que probablemente se defina en La Plata. El arrastre de Sergio Massa explica una parte importante del éxito de esta elección; pero hay otros motivos, ligados a la praxis política del hombre de Pro, que justifican su notable perfomance. Fue, como ocurrió siempre, el propio Lunghi quien salió con el candidato a tocar timbre casa por casa durante casi tres meses. Los cerca de quince puntos que le sacó Magnasco a Bossio ameritan algunas reflexiones: la primera es que el dinero no gana elecciones en la ciudad. Tampoco la cooptación de los medios a través de la pauta publicitaria con la compra de contenidos incluida en el paquete (ampliaremos, si es necesario). Y mucho menos gana elecciones la portación de apellido. Quizá hasta en algún momento, el apellido del candidato del Frente para la Victoria –joven, activo, con un discurso no confrontativo pero con todos los signos refractantes de ser un hermano del poder- haya terminado jugándole en contra. Las 137 gigantografías que exhibieron hasta la sobresaturación el rostro de Pablo Bossio son el mejor espejo de lo que no se debe hacer en una campaña política. La sociedad tandilense también castigó este exceso impúdico de los recursos del Estado Nacional puestos al servicio del hermano del Secretario Ejecutivo de Anses, quien finalmente cumplió una muy pobre actuación en las urnas. Cuando se revise la historia del lunghismo como un fenómeno electoral directamente vinculado a la buena praxis de la gestión comunal, también se deberá contemplar por qué, hasta ahora, nadie lo pudo vencer a la hora de los votos. El relato ideológico de quienes detestan a Lunghi y todo lo que lo rodea, alude con sorprendente reduccionismo al “Señor Placita”, entre otras categorizaciones despectivas que, de ser ciertas, nunca nadie podría haber ganado ocho elecciones seguidas. La obligación política que se deben plantear aquellos que deseen  sacar de la cancha al pediatra hiperquinético, al más peronista de todos los radicales, es profundizar la mirada lejos del estereotipo y el lugar común que abreva en el paradigma del intendente paternalista y vertical, como sujeto político constitutivo de una ciudad con mentalidad y praxis conservadoras. Han pasado diez años y este argumento se ha puesto viejo. A modo de prólogo al seminario Introducción al lunghismo, habría que empezar a hablar de cierto pragmatismo de base que exhibe Lunghi, como todo médico que se precie de tal. El pragmatismo sin anestesia que gobierna su vida y su cabeza. Para entender, a modo de ejemplo, al ADN político del lunghismo compartimos una reflexión que se permitió proferir durante el discurso de la victoria. Dijo anoche Lunghi, textualmente: “Yo no estoy en contra de las netbooks, que se entienda… Estoy a favor. Pero nosotros en la zona rural tuvimos que poner el WiFi… Porque no sirve de nada que el gobierno nacional regale miles de netbooks si la gente las tiene que conectar a un alambrado…”. (Continuará).

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