11 de octubre de 2013

Papel

Papel. Dos “turistas paquistaníes” en el centro

hiyab, vestimenta femenina islámica que cubre casi todo el cuerpo, aunque también el término refiere al llamado velo islámico. “Somos dos mujeres paquistaníes de visita por Tandil...”, dijo una de ellas en un perfecto castellano y en tono de jocosa complicidad. Descartada la hipótesis del turismo for export oriental, la otra señorita expresó un muy poco creíble: “Vamos a una fiesta de disfraces…”, teniendo en cuenta, sobre todo, la hora: eran las 12 del mediodía. "Están ensayando para la farándula...", arriesgó un vecino mientras otra mujer les sacaba una foto con su cámara digital. Probablemente ninguno de estos argumentos explique qué hacían ni a dónde iban nuestros personajes como dos perfectas damas islámicas con genética tandilera. Pero en el fondo lo que menos importa, a los fines de esta crónica, es la razón de semejante epifanía que le aportó un toque cosmopolita a la cultura céntrica serrana.

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