29 de septiembre de 2013

Sociedad

Sociedad. Asoma una concesionaria de autos sobre los escombros de la Bicicletería Brutti

Demetrio Brutti construyó su mundo propio, al que alternó con la presidencia de la Cámara Empresaria. La bicicletería que fundó como un emprendimiento familiar, junto a la de Jorge Ruda, fue uno de los símbolos del rubro del Tandil de los años felices. Soportó, incluso, un episodio que puso a prueba la fe de Brutti en el Santísimo: fue cuando se prendió fuego el negocio, en plena década del 80, consumiendo años de trabajo y sacrificio. Aquella jornada aciaga, Brutti pronunció la resignada y perenne frase: “Dios me lo dio, Dios me lo quitó”, aunque posteriormente el negocio volvió a recuperar la prosperidad chamuscada por el incendio. Pero cuarenta años después, la topadora se lo demolió. Y a partir de este momento inaugural, cuando ya del negocio sólo quedaba su fachada y el cartel, comenzaron a edificarse los cimientos de la nueva obra. La construcción que se levanta detrás del vallado, en el corazón de la Avenida España, tendrá la forma definitiva de una concesionaria de automóviles. Cuando la obra concluya, allí se instalará la firma Bahía Automotores, que desde hace tiempo viene pidiendo pista para incluir en un solo y vasto lugar los múltiples espacios que hoy requiere una concesionaria moderna. La obra, que comenzó hace algunos meses, se insinúa por ahora levemente entre los escombros todavía insepultos de la legendaria bicicletería. No menos de dos generaciones de vecinos –niños, jóvenes y adultos- frecuentaron el lugar que hoy cambiará las bicicletas de la familia Brutti por los modelos de Fiat cero kilómetro que lucirá la vidriera de Bahía Automotores.

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