23 de septiembre de 2013

Sociedad

Sociedad. René Lavand comenzó la despedida: “Me planto con 7 y medio”

René Lavand. Con el genio intacto a los 84 años, y sin nadie a la vista que retome el legado de un ilusionista que rompió el molde y fundó un estilo, el domingo, en su cabaña y laboratorio, Lavand anunció que dio comienzo la hora del retiro. Por ahora, ya le dijo adiós a los grandes teatros donde venía actuando para la friolera de entre 500 y 1500 personas. Tuvo la premonición en España, en su amada Sevilla. Al final de una actuación memorable, René miró a Nora y ambos pensaron lo mismo: “Hasta acá estuvo bien”. Ese pensamiento al unísono con la mujer de su vida lo convenció de que había que empezar  a retirarse, un fantasma que venía dando vueltas en su mente desde hacía por lo menos 10 años. “Mirá, cada vez que terminaba una actuación en los últimos tiempos pasaba que nos mirábamos con Nora en el camarín y decíamos, cómplices y esperanzados: “Y bueno, seguimos una función más…’. En Sevilla ambos presentimos que ya estaba bien, que había que empezar a retirarse por algún lado. Y ese lado son los teatros y los grandes escenarios. No quiero más estar horas probando sonido, practicando frente a la pantalla gigante, toda esa logística que imponen los espacios grandes. Así que ahí no más me dije: ‘Me planto con 7 y medio’. Y se terminó”, metaforizó Lavand. La alegoría es clara: el ilusionista prefiere irse de los grandes teatros con la mejor imagen, a pesar de que íntimamente todavía sabe que le queda cuerda en el carretel. “Voy a trabajar sólo para pequeñas reuniones, que será también como un volver a las fuentes. Y para los amigos que quieran visitarme en mi lugar en el mundo”, señaló René. En estas horas, el mejor ilusionista del mundo está al aguardo de que le envíen el compac disc con el resultado final de un proyecto reparador para la memoria poética de Lauro Viana, poeta tandilense de las primeras décadas del siglo veinte. Lavand le puso voz al monumental poema “La guitarra de los gauchos”, uno de los pocos textos que sobrevivieron al voluntario fuego que Viana destinó a sus obras. ¿Quién tomará la posta del legado del artista? ¿Quién sería capaz de ejecutar ciertas proezas de la lentidigitación como su famoso juego “Las tres miguitas”? “Lamentablemente creo que nadie, creo que eso me lo llevaré conmigo. Sin embargo le aclaro algo: empiezo a despedirme de la escena pero sigo trabajando, creando juegos, inventando, ¿para quién? Para las futuras generaciones…”, dice Lavand, como haciéndole una burla al paso del tiempo. Se trata del único artista de nuestra ciudad al que sus contemporáneos le dedicaron el homenaje de construirle  una estatua propia y con el artista en vida.

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